Crisis en Brasil: el gobierno de Bolsonaro anunció la salida de los tres comandantes de las Fuerzas Armadas

Marcelo Silva de Sousa
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El presidente brasileño Jair Bolsonaro nominó el viernes pasado al juez Kassio Marques para ocupar la vacante que se abrirá en octubre en el Supremo Tribunal Federal, una decisión que generó el descontento de su base ideológica
El presidente brasileño Jair Bolsonaro nominó el viernes pasado al juez Kassio Marques para ocupar la vacante que se abrirá en octubre en el Supremo Tribunal Federal, una decisión que generó el descontento de su base ideológica

RÍO DE JANEIRO.- Brasil vive la mayor crisis militar de su historia reciente. Los comandantes del Ejército, de la Aeronáutica y de la Marina dejaron sus cargos este martes, un día después del desplazamiento de Azevedo e Silva del ministerio de Defensa.

La decisión fue confirmada tras una reunión entre los comandantes de las tres Fuerzas Armadas con el nuevo jefe de Defensa, el general Walter Braga Netto. Fue la primera vez en la historia que los tres comandantes salen juntos, disconformes con un intento del presidente brasileño Jair Bolsonaro de politizar las fuerzas en medio del recrudecimiento de la crisis política y sanitaria.

La salida sorpresiva de Azevedo e Silva el lunes fue interpretada como una reacción a la presión de Bolsonaro por buscar un mayor alineamiento de los militares con su proyecto político.

“Preservé las Fuerzas Armadas como instituciones de Estado”, dijo Azevedo el lunes, en su carta de renuncia, que sorprendió tanto por la formas -escueta- como por el contenido, en el que destacó haber impedido la contaminación de las fuerzas.

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El general Edson Pujol, jefe del Ejército; el almirante de escuadra Ilques Barbosa, de la Marina; y el teniente brigadier Antonio Moretti Bermudez, de la Aeronáutica, siguieron los pasos de quien fue hasta el lunes su jefe. Todavía no se conoce quiénes serán sus reemplazantes.

Especialmente la relación entre el exjefe del Ejército Pujol y el presidente atravesaba un desgaste que era público. Pujol había intentado durante su gestión mantenerse distante del gobierno, ante un Bolsonaro que llegó a referirse a la fuerza como “mi ejército”. En noviembre, el presidente había contestado a una declaración en la que Pujol había resaltado que los militares no querían ni tenían interés de involucrarse en política. Dos días antes, Bolsonaro había asegurado que cuando se acabara la saliva tendría “pólvora” para defender la Amazonía de una presunta ofensiva extranjera.

“La afirmación de Pujol -elegido por mí para comandante del Ejército- viene exactamente al choque de lo que pienso sobre el papel de las Fuerzas Armadas en el escenario nacional”, había respondido Bolsonaro, dando volumen a la polémica.

En un momento difícil, con un deterioro sanitario de la pandemia en el país -quedó al borde de los 3800 muertes diarias por Covid-19-, el presidente brasileño, un ex capitán del Ejército, siente la falta de mayores manifestaciones públicas de los militares que respalden al gobierno y un apoyo a la idea de decretar el estado de defensa para impedir lockdowns en el país, según reportes de la prensa brasileña.

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Poco más de una semana después de que el presidente dijera que “mi ejército” no iría a las calles para hacer cumplir un lockdown, el general Paulo Sérgio, responsable por el sector de recursos humanos del Ejército, dio una entrevista el domingo al diario Correio Braziliense en la que destacó que la mortalidad dentro de la fuerza está por debajo del promedio nacional debido a las medidas adoptadas para evitar contagios.

Carlos Fico, profesor de Historia de la Universidad Federal de Río de Janeiro especializado en el régimen militar y las Fuerzas Armadas, dijo a LA NACION que la politización de las Fuerzas Armadas y su relación “promiscua” con el gobierno de Bolsonaro fueron gestando progresivamente una crisis que alcanzó esta semana su punto más alto.

“La presencia excesiva de militares le dio a Bolsonaro la impresión de que podría exigirles cuestiones políticas que no tienen nada que ver con el perfil profesional de las fuerzas. El desgaste lo gestaron también los propios militares al asociarse a un gobierno autoritario, incompetente y con tendencia golpista”, aseguró Fico.

El historiador destacó que el contenido de la carta de Azevedo e Silva dejó explícito que los jefes de las fuerzas sufrían presiones del presidente brasileño para encolumnar a las fuerzas armadas detrás de él. Y resaltó entre los ministros militares la participación del general Eduardo Pazuello, general en actividad del ejército, en Salud como un elemento que profundizó la crisis frente al desastre sanitario. El lunes Bolsonaro promovió seis cambios en su equipo de ministerios, en la mayor reforma desde que asumió la presidencia. El movimiento, que incluyó la salida del excanciller Ernesto Araújo, fue interpretado como un intento de agradar al bloque del “centrão” en el Congreso y alinear a los militares.

El vicepresidente de Brasil, general Hamilton Mourão, reaccionó a los cambios en las fuerzas armadas y descartó este martes la posibilidad de un golpe. “[La chance de una ruptura] es cero. Las Fuerzas Armadas siempre se van a guiar por la legalidad”, dijo al canal GloboNews.

“Quien asuma el Ejército difícilmente encontrará espacio para una ruptura institucional de algún tipo”, coincidió Fico. “El presidente tal vez consiga alguna declaración más simpática, pero no mucho más que eso. El debilitamiento del gobierno es muy grande, su popularidad cae, y la percepción de que está fracasando también está entre los militares, que no se embarcarían en ninguna aventura”.