La crisis afgana fortalece la influencia global de Catar

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Un combatiente talibán ante varias personas sentadas en una calle, esperando en el exterior de un banco para retirar dinero en Shar-e-Naw, en los alrededores de Kabul, el 4 de septiembre de 2021 (AFP/WAKIL KOHSAR)

El pequeño emirato de Catar ha aprovechado la crisis de Afganistán para fortalecer su influencia global y su reputación como mediador neutral tras ganarse la confianza de todas las partes en la larga guerra de ese país, ahora comandado por los talibanes.

El país del golfo Pérsico se convirtió en pieza clave de la operación de evacuación de occidentales y afganos de Afganistán, y su capital Doha en escala obligada para diplomáticos occidentales y sede provisional de algunas embajadas desplazadas fuera de Kabul.

Ahora trabaja con los talibanes para tratar de reabrir rápidamente el aeropuerto de la capital afgana, cerrado desde la retirada de las tropas estadounidenses, y confía en poder establecer un corredor de ayuda humanitaria.

"Los cataríes se han ganado una reputación como intermediarios honestos que quieren ayudar a múltiples partes en conflicto a encontrar una manera de terminar con sus disputas", indicó Colin Clarke, investigador del instituto de análisis Soufan Center.

"Catar ha sacado de esto un reconocimiento creciente de que Doha es el lugar para alcanzar un acuerdo. Se ha convertido en la Ginebra de Oriente Medio, un sitio donde bandos enfrentados pueden encontrarse en territorio neutral", añadió.

El origen de esta estrategia se remonta a 2013, cuando Catar invitó a los talibanes a abrir una oficina política en Doha con el beneplácito del presidente estadounidense Barack Obama.

Después auspició las conversaciones entre Washington y el movimiento islamista que concluyeron en 2020 con un acuerdo para retirar las tropas extranjeras y el inicio, también en Doha, de negociaciones entre talibanes y gobierno afgano que no llegaron a buen puerto.

- Indispensable para la evacuación -

La victoria talibán no diezmó este estatus de Catar. En poco más de una semana, la desértica península arábiga habrá acogido a los ministros de Exteriores de Estados Unidos, Alemania, Reino Unido, Italia y Países Bajos.

El secretario de Estado Antony Blinken, esperado en Doha el lunes, expresó su "profunda gratitud" por el papel de Catar como escala clave en los vuelos de evacuación desde Kabul.

El ministro británico Dominic Raab aseguró que "la mayor operación de este tipo en nuestra memoria (fue) en una parte no pequeña gracias a la cooperación de los amigos cataríes".

Durante su visita a Doha, donde Reino Unido reubicó su embajada en Kabul, Raab describió a Catar como "un influyente actor" y a su emir Tamim bin Hamad al Zani como "un amigo".

En el momento crítico de la evacuación, el embajador de Catar en Afganistán escoltó personalmente hasta el aeropuerto a estadounidenses y afganos vulnerables, entre ellos un buen número de mujeres jóvenes.

Este ascenso en la escena internacional se produce después de años de enfrentamiento con vecinos como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto o Baréin, que rompieron relaciones con Catar en 2017 acusándolo de respaldar a grupos islamistas y a Irán.

Una cumbre regional en enero en Arabia Saudita sirvió para reconciliar al pequeño país con sus vecinos del Golfo.

- ¿Un rol con fecha de caducidad? -

Pero algunos observadores muestran escepticismo ante este rol de Catar.

La web francesa Intelligence Online asegura que los cataríes se dejaron convencer por sus interlocutores talibanes en Doha de que querían "compartir el poder" con el gobierno derrocado, un escenario cada vez menos plausible.

"Doha contempla con sorpresa la total desconexión entre los representantes políticos talibanes en el exilio y la realidad en el terreno", indicó.

En esa cuestión incide David Roberts, del King's College de Londres, que se pregunta si los contactos talibanes de Doha "podrán mantener cargos importantes en el aparato talibán" dentro de Afganistán.

"Eso sería el fin de la partida para Catar", indicó.

Más crítico, Michael Rubin, investigador del American Enterprise Institute en Washington, asegura que esta intermediación catarí ha dado legitimidad a los talibanes y acceso a financiación internacional.

"La influencia de Catar tiene un límite", aseguró. "La atención puede ser adictiva y Catar es un adicto a la atención y un país en busca de relevancia", añadió.

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