Cómo Bellator está truncando la carrera de Cris Cyborg convirtiéndola en un mero espectáculo violento

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INGLEWOOD, CA - JANUARY 25: Cris Cyborg stands in the cage for her featherweight world title fight against Julia Budd at The Forum on January 25, 2020 in Inglewood, California. Cyborg won by TKO in the 4th round. (Photo by Jayne Kamin-Oncea/Getty Images)

Cristiane Justino (Curitiba, Brasil, 1985), mucho más conocida como Cris Cyborg, es una de las peleadoras más dominantes de la historia de las Artes Marciales Mixtas (MMA). Su récord de 25-2-1 y 20 nocauts lo dice todo, pero al mismo tiempo tiene truco. Un truco que Bellator, la compañía en la que milita actualmente, exprime al máximo para beneficiarse el ‘efecto highlight’, la viralización de los KOs y las muestras de poder de su luchadora estrella. Si para ello hay que sacrificar la posibilidad de ponerle rivales de altura a Cyborg… pues no será la primera vez ni en la primera promotora.

A excepción de Cris Cyborg, nadie en el mundo de las MMA, ni hombre ni mujer, ha logrado el Grand Slam, es decir, conseguir el título en cuatro grandes promociones. En su caso fue en la Strickeforce, Invicta, UFC y Bellator. Pero tampoco nadie ha tenido un camino tan allanado como el de la brasileña. Y eso que su primer combate profesional, allá por mayo de 2005, se saldó con derrota. Una bofetada de realidad que la hizo darse cuenta de que tenía mucho que mejorar si quería hacer carrera en las artes marciales mixtas. En noviembre del mismo año sumó su primera victoria y puso velocidad de crucero para encadenar diez victorias consecutivas, seis de ellas ya en promotoras de renombre.

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Dominio y doping antes de la UFC

Fue precisamente fue en nada más llegar a una de las grandes, a Strikeforce, cuando Cris Cyborg firmó su primera superfight. Fue en 2009, contra la mediática hasta el extremo Gina Carano, a la que derrotó por nocaut técnico en el primer asalto. Esta significó la consecución del título del peso pluma de la compañía y el salto a la fama de una Cyborg que se había coronado derrotando a la favorita por el público y los medios. Un duelo entre la bella y la bestia en la que la brasileña dejó claro que una cara guapa no vale de nada en las MMA.

Su racha ganadora siguió alargándose en el tiempo y sólo se vio cortada por un combate nulo en su segunda defensa del título de Strikeforce después de dar positivo por esteroides y ser arrebatada de la victoria. Este suceso marcará una carrera y su persona, pues Cyborg fue siempre acompañada de la sospecha del doping a partir de ese momento. Fue suspendida por un año y su positivo fue utilizado más adelante como excusa por peleadoras de la altura de Ronda Rousey o Germaine De Randamie para no aceptar (¿por miedo?) combates contra ella.

Pese a todo se mudó a Invicta y también se llevó el título del peso pluma. Lo defendió en tres ocasiones y dejó la compañía con un récord de 5-0 y un dominio absoluto antes de protagonizar una relación de amor odio con la UFC y su presidente Dana White.

Ni contigo ni sin ti en la UFC

El mandamás de la UFC nunca fue muy fan de Cris Cyborg. Mientras la brasileña dominaba en otras compañías, Dana White la volvía la espalda y se refería a ella como “Wanderlei Silva [mítico peleador brasileño] con tacones y vestido”. Todo lo que fuese necesario para menospreciar a una luchadora que, simple y llanamente, no tenía sitio en la UFC porque no existía una división de peso pluma en la compañía.

Sin embargo, llegado un punto en el que la UFC se vio necesitado de grandes estrellas femeninas, Dana White hizo de tripas corazón fichó a Cris Cyborg en 2015. Todo apuntaba a que se crearía una división del peso pluma, pero las intenciones de la empresa iban por otro lado. La brasileña no podía dar el peso gallo, por lo que se la ofrecieron varios combates de ‘peso intermedio’ en los que tenía que sufrir una auténtica barbaridad para cumplir con la báscula. Además, desafortunadamente para ella, las tiranteces con su presidente siguieron latentes pese a estar en la misma trinchera.

Su paso por la UFC se resume en siete combates, con seis victorias y un título del peso pluma. Pero también con una dolorosísima derrota a manos de la intratable Amanda Nunes. Al perder por KO contra su compatriota, la carrera de Cyborg dio un giro inesperado. Era sólo el segundo combate que perdía como profesional, pero también el culpable de que ya no se la viese como la luchadora dominante que impresionó al mundo. Tanto que White perdió el interés por ella y la dejó libre una vez que terminó contrato con la compañía.

La alternativa de Bellator

La mayor competencia de la UFC se tiró de cabeza a por Cyborg. La brasileña fichó por Bellator con la intención de volver a demostrar que era la mejor, pero la empresa entendió su incorporación como la mejor excusa para tener una mayor repercusión en redes sociales e Internet. Se coronó campeona en su primera pelea, pero nunca todavía no ha tenido una rival a la altura.

Lejos de ofrecer a Cyborg combates de peso, entre otras cosas por lo limitado en talento de su división femenina, en Bellator sólo han ido poniéndola rivales en bandeja para que las destroce dentro de la jaula y todo el mundo sepa que la mujer más temible del mundo está con ellos.

La peleadora ha propuesto a Bellator, en público y en privado, la opción de llegar a un acuerdo con otras promotoras y llevar a cabo alguna superfight, pero la empresa ha hecho siempre oídos sordos. Cyborg quiere una revancha con Nunes (UFC) o un duelo soñado por muchos con la última sensación de las MMA femeninas Kayla Harrison (PFL), pero Scott Coker, presidente de la compañía, no está por la labor.

En Bellator prefieren que Cyborg domine en combates de medio pelo a que pueda perder contra rivales de peso de la competencia, dañando así la imagen de una empresa tan preocupada por su reputación que hasta se ha hecho la remolona a la hora de organizar una pelea entre ella y Cat Zingano, la otra gran estrella también llegada desde la UFC. Un combate que parece que finalmente podría materializarse en el mes de enero de 2022, pero para el que Cyborg ha tenido que destruir a cuatro rivales sin opciones contra ella. Todo sea por el bien del espectáculo.

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