Criptogastronomía. Así se usa en la Argentina la cadena de bloques con vinos y carnes

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Hay palabras que se oyen a menudo estos días (y se oirán cada vez más): criptomonedas, blockchain (cadena de bloques, en español), bitcoin y token. El concepto, aunque involucra cuestiones matemáticas complejas, es fácil de entender. Un dato asentado en una cadena de bloques es inalterable, porque la blockchain funciona como un libro de actas de papel. Solo que sus páginas no están cosidas con hilo, sino con un mecanismo criptográfico que las vuelve, en principio, inviolables. (En principio porque, como aclara el paper original que fundó Bitcoin, la robustez de la cadena de bloques depende de la capacidad de cómputo del atacante; en principio y a los fines prácticos, se la puede considerar invulnerable con las tecnologías actuales.) Así, es la primera vez que se logra erradicar el problema del doble gasto con monedas virtuales. El lector encontrará aquí una introducción pormenorizada a la idea de la cadena de bloques.

Ahora, quien puede validar monedas, también puede validar cualquier otra cosa. Por ejemplo, el certificado de propiedad de una obra de arte. En ese caso hablamos de token (no de criptomoneda) y es el caso de los NFT, por token no fungible. “No fungible” significa que, al revés que las criptomonedas, estos tokens no son anónimos.

Mike Tango Bravo, fundador de Bodega Costaflores, explica que son varios los motivos por los que utiliza tokens. “Cosechamos la uva en marzo, hacemos vino en abril y se necesitan tres años de guarda para que se pueda beber, pero sabemos que es una cantidad finita de vino. Así que en mayo emitimos tokens equivalentes a la cantidad de botellas que producimos, y de inmediato la gente puede comprar y vender los tokens del vino. En definitiva, así lanzamos las botellas a preventa, y uno con el token puede hacer lo que quiera, incluso revenderlo. El precio lo determina la oferta y demanda del mercado en la plataforma openvino.exchange. Por ejemplo, el token de la cosecha 2018 hoy ronda los 15 dólares, y el de la cosecha 2021, 1,80 dólares”, detalla Bravo, ques líder de proyecto en openvino.exchange.

Cada botella cuenta además con un código QR único y serializado. “Si el consumidor escanea el código, contesta cinco preguntas sobre su experiencia con el vino y se saca una selfie, nosotros le damos una acción de la empresa, documentada mediante un NFT. Quiero demostrar que estamos inundados con información falsa y opiniones que vienen de plataformas y sitios web que no sabemos si son realizadas por consumidores reales o por bots”, justifica el empresario, y señala que el estado de la sociedad ante la cadena de bloques es similar a lo que pasaba con internet en 1991.

Vacas digitalizadas

Cabaña Pilagá se dedica a la cría de la raza vacuna Braford. Esta empresa emplea también NFT; un token vaca representa digitalmente a cada uno de sus animales dentro de la cadena de bloques de la plataforma de Carnes Validadas, dedicada a ofrecer servicios de trazabilidad.

“Esto nos permite aumentar nuestra productividad, agregar valor a nuestro negocio y a la cadena de la carne en general. Además, con este sistema pudimos ofrecer los primeros animales con garantía en la historia de la ganadería argentina”, asegura Juan Martín Miretti, de Cabaña Pilagá, cuya unidad de carnes utiliza hace unos meses la información recopilada de las cabezas de ganado y las consolida en un código QR, que va en los paquetes que exporta a Arabia Saudita y Europa.

Diego Heinrich, cofundador y CEO de Carnes Validadas, sostiene que, gracias a la tecnología de blockchain, es posible mostrar, transferir y validar información de forma transparente; por ejemplo, acerca de la alimentación y protocolos sanitarios. “Todo eso antes se realizaba de forma manual y aproximada, pero hoy se puede hacer de forma granular”.

“Las empresas de alimentos necesitan optimizar la trazabilidad y transparencia. Por ejemplo, gracias a la cadena de bloques una empresa que compra granos para producir otro alimento tiene garantizada la calidad de esa materia prima; una transparencia que exigen también los consumidores. Hoy sería posible escanear el paquete de una milanesa de soja en el supermercado para saber de dónde viene esa soja, o para saber si un producto que dice ser orgánico realmente lo es”, observa Ariel Ismirlian, cofundador y CEO de Wiagro, un emprendimiento argentino que desarrolla soluciones tecnológicas para el campo y que lanzará en breve servicios basados en blockchain.

“Para el consumidor final estas innovaciones no deberían repercutir en el precio de los productos, mientras que para las marcas se trata de una oportunidad para posicionarse en el mercado por la información que ofrece”, sostiene Ismirlian, e indica que en el futuro el uso de blockchain y tokens podría convertirse en un estándar.

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