El crimen de un joven desató una escalada de furia en Villa Soldati

Las luces azules de las sirenas de los patrulleros de la Gendarmería rebotaban en las remeras blancas del uniforme escolar de los chicos que deambulaban por la esquina de Mariano Acosta y Corrales, en pleno barrio de Villa Soldati. Ajenos al denso aire que se respiró en el vecindario durante todo el día, corrían, se empujaban y gritaban con sus mochilas a cuestas. Cruzando la calle, detrás de un puesto de diarios, el domingo apareció muerto un joven de 19 años, lo cual desató una escalada de violencia entre bandas que estarían ligadas a la comercialización y el tráfico de drogas .

Entre el lunes pasado y ayer, los comerciantes se mantuvieron en alerta y atendieron a los clientes entre rejas o con las persianas bajas; los vecinos caminaron las calles del barrio con mayor precaución que de costumbre, entre oficiales que custodiaban la zona, y las autoridades de dos escuelas suspendieron las clases en todos sus turnos, con la amenaza latente de un posible cruce como sucedió el martes. Ese día hubo corridas, tiros y heridos.

La situación ocurre en el predio comprendido entre las calles Veracruz y Mariano Acosta, y las avenidas Roca y Lacarra, en el laberíntico complejo de monoblocks de la zona sur de la ciudad. Allí, el domingo, apareció muerto Damián Nicolás Guerrero, con un balazo en la cabeza. Se sucedieron luego una serie de episodios que provocaron preocupación entre los vecinos. Al parecer -aún es motivo de investigación-, familiares y amigos de la víctima incendiaron el departamento del presunto homicida, que ayer continuaba detenido.

En la revuelta del lunes fue herido de bala un subcomisario de la seccional 36a., Daniel Orgeira, quien acudió al lugar para tomar declaración a los testigos. A pocos metros, una mujer, que sería la hijastra del presunto asesino, fue arrojada por una ventana por la orda de vecinos que irrumpió en su departamento y luego lo incendió.

"Hay mucho miedo desde el lunes porque dicen que las bandas narcos se van a vengar", le cuenta a LA NACION Gladys, parada en la vereda de su negocio, la boutique Luján, frente al complejo de edificios de Mariano Acosta. La mujer está en la puerta y su hija juega tranquila. La gente camina con las bolsas de mercadería que compró en la verdulería o la panadería. En la plaza de enfrente hay dos grupos de hombres que toman cerveza, juegan a las cartas y hablan en código. Cerca de ellos, una patrulla de la Gendarmería, que es la responsable de la seguridad en la zona, permanece muy atenta.

"En dos días desaparece la Gendarmería y vuelve a ser tierra de nadie. Acá es así: al Sur nadie le da bola", sentencia Gabriela Santoro, directora del turno noche de la escuela N° 18 San Juan Bautista de la Salle. Junto a otras docentes, están en el patio enrejado y deliberan si volverán a clases. Por la inseguridad, desde el lunes suspendieron sus actividades. "Fueron tres días de terror. No hubo clases por la seguridad de los chicos, de los docentes y de los padres", cuenta.

El martes pasado, un cordón de efectivos de la Gendarmería custodió las escuelas N° 18 y N° 17 -donde tampoco hubo clases hasta ayer-, situadas a pocos metros. Tenían la información de que el cortejo fúnebre con los restos de Guerrero pasaría por Corrales y temían que se produjeran nuevos enfrentamientos. Pero no sucedió. Los choques previos fueron grabados desde los departamentos cercanos y subidos a YouTube. En ellos se oían fuerte y claro muchos disparos.

"Lee: «Ro, por favor, en cuanto veas movimiento raro avisame como sea. Se corre la bola que se arma en la esquina. Dónde está el semáforo»", muestra Roberto, sosteniendo su teléfono celular. El mensaje es de su esposa, docente, que desde el interior de la escuela lo alertaba. Viven en Villa Urquiza, pero él estuvo acompañando a la mujer durante la semana por temor, el mismo que se vive en toda esa zona de Soldati.

Un ajuste de cuentas ligado a la venta de drogas o un crimen relacionado con la usurpación de viviendas sobrevuela el complejo de edificios, aunque nadie lo confirma. "Si hablo, mañana me incendian la carnicería y me tengo que mudar de barrio", dice el carnicero sin dar el nombre. "¿Narcos? Éstos son unos pelotudos que ven la serie de [Pablo] Escobar y se creen que pueden arreglar todo a los tiros", arriesga Julio. "Ajustes eran cuando salíamos al balcón a los tiros."

De la violencia extrema del lunes y martes quedaba anoche la sensación de que una chispa puede detonar nuevos enfrentamientos. Lo cierto es que hoy los vecinos se sienten temerosos y olvidados.