Las crestas de hielo en nuestro planeta ayudan a científicos a avanzar en la búsqueda de extraterrestres

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A fines de la década de 1970, las dos naves espaciales Voyager de la NASA sobrevolaron Europa, la luna de Júpiter, y encontraron pruebas sólidas de que un océano global de agua líquida acecha debajo de la capa helada de la luna.

El océano de agua líquida que se arremolina contra un interior rocoso convierte a Europa en un objetivo principal en la búsqueda de vida extraterrestre, pero su corteza helada, quizás con un grosor de 30 kilómetros, ha significado que el océano probablemente esté, frustrantemente, fuera del alcance de futuras misiones espaciales.

Pero un nuevo estudio publicado el martes en la revista Nature Communications sugiere que los científicos planetarios podrían encontrar un camino alternativo para tomar muestras de las aguas profundas de Europa. Los científicos encontraron un tipo de cresta de hielo en la capa de hielo de Groenlandia en la Tierra que se parece mucho a las muchas crestas que se extienden alrededor de la superficie de Europa. Si las estructuras comparten un mecanismo, podría significar que se puede encontrar agua de las profundidades de la luna, y tal vez incluso se pueda acceder a ella, a poca profundidad dentro del hielo de Europa.

Riley Culberg es un geofísico que estudia capas de hielo y glaciares en la Universidad de Stanford en California, pero trabaja con un equipo interdisciplinario de investigadores que a menudo comparten su trabajo entre ellos. Aún así, cuando uno de sus colegas estaba mostrando al equipo imágenes de las crestas que se entrecruzan en la superficie de Europa, se sorprendió.

“Es como, ‘Guau, esto es idéntico a esta cosa superextraña que vi en mis datos de Groenlandia el otro día’”, dijo el Dr. Culberg.

Lo que había visto en Groenlandia era una “doble cresta”, una línea de casi un kilómetro de longitud de crestas paralelas de hielo, de unos dos metros de altura, separadas por una depresión de unos 50 metros de ancho.

“Si lo cortas a la mitad y observas la sección transversal, sería como la letra ‘M’ mayúscula”, dijo el Dr. Culberg.

Mientras que la doble cresta de Groenlandia es la única de su tipo que se ha encontrado hasta ahora, Europa contiene muchas de estas crestas dobles, aunque a mayor escala.

“En Europa, estas podrían tener entre 160 y 200 metros de altura”, mencionó el Dr. Culberg.

En Groenlandia, explicó el Dr. Culberg, la doble cresta parecía ser el resultado del agua que se derrite en la superficie y luego se infiltra en el hielo donde se vuelve a congelar.

“Debido a que el agua se expande cuando se congela, el agua interior en el centro de esta bolsa se presuriza”, dijo. “Creemos que finalmente hubo tanta presión allí que se fracturó, y que existen este tipo de pequeños brotes de agua que salen de la bolsa de agua y luego obligaron a la superficie a formar una cúpula en estas crestas”.

Un mecanismo similar podría estar en juego en Europa, excepto que la superficie de Europa es demasiado fría para derretir el hielo. Si hay agua a una profundidad lo suficientemente baja en la capa de hielo de Europa para volver a congelarse y crear las crestas dobles, debe haber venido de abajo.

“Esta es quizás agua del océano subterráneo que puede ser forzada a través de fracturas dentro de la capa de hielo”, dijo el Dr. Culberg. “O posiblemente podría haber algún tipo de fusión interna dentro del caparazón si hay una columna similar de hielo cálido y flotante que se eleve lo suficiente”.

Independientemente de cómo llegue allí, el documento sugiere que el material enterrado en el hielo de Europa, o debajo, podría encontrarse en profundidades de unos pocos kilómetros, lo que aumenta la posibilidad de que futuras misiones espaciales puedan acceder a ese material y evaluar si contiene señales de vida. Aunque perforar 30 kilómetros de hielo duro es una gran tarea, perforar unos pocos kilómetros es algo que ocurre regularmente en la Tierra.

“Claro que perforamos núcleos de hielo profundo a través de tres kilómetros y medio de hielo en el centro de Groenlandia o en el centro de la Antártida Oriental”, dijo el Dr. Culberg. “Se necesita una configuración bastante grande, se necesita mucha energía, no vas a poner esto en un rover del tamaño de Marte o algo así, y va a ser difícil, pero esto es algo que se hace en la Tierra”.

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