Creciente sequía amenaza a maíz y soja de Argentina

Por Maximilian Heath
Un maizal en Totoras, Argentina, feb 1, 2012. REUTERS/Enrique Marcarian

Por Maximilian Heath

CHIVILCOY, Argentina (Reuters) - Juan Graneros no recuerda la última vez que llovió en sus tierras secas.

Como arrienda los campos en los que siembra soja y maíz, la creciente sequía que golpea a diversas zonas rurales de Argentina amenaza sus finanzas, ya que podría no recuperar la inversión realizada.

"Todo lo que es de segunda (implantación tardía) está sin sembrar. No lo puedo hacer porque no hay agua y lo único que no puedo manejar es la lluvia", explicó Graneros, de pie en medio de malezas y restos de cultivos viejos que ocupan las 14 hectáreas que esperaba dedicar al maíz tardío.

Otro lote de 60 hectáreas que el chacarero tiene en Chivilcoy, en la rica provincia de Buenos Aires, está en las mismas condiciones, por lo que Graneros estima que puede quedar sin sembrar el 15 por ciento de la superficie que había previsto para la campaña 2017/18.

La ventana óptima para implantar maíz tardío está a punto de concluir, según los expertos. El período ideal para la soja, en cambio, es más largo, aunque la oleaginosa también siente la amenaza del clima.

El mal que afecta a los productores de Chivilcoy -a 160 kilómetros de la capital argentina- y de otras regiones del núcleo agrícola del país es producto de la disminución progresiva de las lluvias registrada a partir del inicio de la primavera austral.

Tras una primera mitad del año con precipitaciones superiores a las habituales, el último trimestre del 2017 marcó un cambio en el régimen pluvial. Expertos lo asocian con una transición hacia el fenómeno climático La Niña, que en la pampa argentina adopta la forma de una escasez de lluvias.

Argentina es uno de los principales exportadores mundiales de soja y de maíz, por lo que sus problemas climáticos ya han repercutido en el mercado de futuros de Chicago.

La escasez de lluvias ha tenido hasta ahora mayor impacto en el maíz y la soja de siembra tardía, que representan casi la mitad del total del área implantada en el caso del cereal y el 30 por ciento en el caso de la oleaginosa, según datos de la Sociedad Rural Argentina.

Pero si el clima seco se mantiene comenzaría a afectar el desarrollo de los lotes ya sembrados al inicio de la campaña, cuando el suelo aún poseía óptimos niveles de humedad tras el lluvioso primer semestre.

Graneros afirmó que sus lotes ya sembrados de soja y maíz tolerarán al menos una semana más sin lluvias. Luego, empezarán a sentirse los efectos de la escasa humedad.


SIEMBRA OBLIGADA

Un almanaque clavado con tachuelas en el taller de máquinas de Graneros muestra que la última lluvia en sus campos fue el 29 de octubre, cuando cayeron 32 milímetros de agua. Después, solo unos insuficientes 9 milímetros el 2 de noviembre.

Graneros aguarda la menor lluvia para poder utilizar la sembradora que hace semanas permanece inmóvil al lado de su taller.

"Ya pagué el arrendamiento, los insumos. Sí o sí lo tengo que sembrar. Tengo que perder lo menos posible", explicó.

La semana pasada, la Bolsa de Comercio de Rosario (donde se encuentra uno de los mayores polos agroexportadores del mundo) advirtió sobre una creciente "ansiedad" de los agricultores por recibir lluvias.

La entidad estimó la cosecha de la oleaginosa en 54,4 millones de toneladas y la del cereal en 41,5 millones de toneladas, pero destacó que resta sembrar 1 millón de hectáreas de soja en la zona núcleo y que la escasez de agua amenaza el potencial del maíz sembrado.

El meteorólogo Germán Heinzenknecht, de la Consultora de Climatología Aplicada (CCA), dijo a Reuters que a fin de esta semana podrían caer lluvias en zonas necesitadas de agua, pero que serían mayormente ligeras y representarían solo una solución parcial al problema.


(Editado por Marion Giraldo/Nicolás Misculin)