Crecen los temores de que la guerra en Ucrania rebasará sus fronteras

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Personas examinan los escombros de un complejo residencial después de un ataque en Kiev, Ucrania, el 25 de febrero de 2022. (Lynsey Addario/The New York Times)
Personas examinan los escombros de un complejo residencial después de un ataque en Kiev, Ucrania, el 25 de febrero de 2022. (Lynsey Addario/The New York Times)

WASHINGTON — Durante nueve semanas, el presidente estadounidense, Joe Biden, y los aliados de Occidente han hecho énfasis en la necesidad de mantener la guerra de Ucrania dentro de Ucrania.

Ahora, el temor en Washington y en las capitales europeas es que el conflicto podría escalar pronto a una guerra más extensa (rebasar las fronteras de los Estados vecinos, al ciberespacio y causar que los países de la OTAN enfrenten de manera repentina un corte al suministro de gas ruso). A largo plazo, una expansión de ese tipo podría evolucionar en un conflicto más directo entre Washington y Moscú similar al de la Guerra Fría, ya que cada uno busca debilitar el poder del otro.

En los últimos tres días, el secretario de Defensa de Estados Unidos ha exhortado a un esfuerzo en aras de degradar la capacidad del Ejército ruso para que no pueda invadir otro país en los años venideros. Los rusos han cortado los envíos de gas a Polonia y Bulgaria, que se unieron a la OTAN tras el colapso de la Unión Soviética; Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, denunció de inmediato la decisión como un “instrumento de extorsión”. Las explosiones han sacudido un área en disputa en Moldavia, un obvio blanco próximo para los rusos, y depósitos de gas e incluso una fábrica de misiles en Rusia han sufrido misteriosamente incendios o han estado bajo ataque directo de las fuerzas ucranianas.

Además, con cada vez mayor frecuencia, los rusos recuerdan al mundo el tamaño y el poder de su arsenal nuclear, una advertencia poco sutil de que si las fuerzas convencionales del presidente Vladimir Putin enfrentan más derrotas humillantes, tiene otras opciones. Funcionarios estadounidenses y europeos afirman que no ven ninguna evidencia de que los rusos estén movilizando sus fuerzas nucleares hacia el campo de batalla, pero, tras bastidores, los funcionarios ya están pensando cómo podrían reaccionar ante una prueba nuclear rusa o explosión de demostración en el mar Negro o en territorio ucraniano.

“Nadie quiere que esta guerra escale más de lo que ya lo ha hecho”, aseguró John Kirby, el portavoz del Pentágono, el miércoles cuando se le preguntó sobre las amenazas nucleares de Rusia. “Con certeza, nadie quiere ver o nadie debería querer ver que escale a nivel nuclear”.

Funcionarios estadounidenses y europeos indican que sus temores se basan en parte en la convicción creciente de que el conflicto podría “continuar durante algún tiempo”, como lo mencionó hace poco el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken.

Las conversaciones sobre una solución diplomática o incluso un cese al fuego (intentado en diversos momentos por líderes de Francia, Israel y Turquía, entre otros) no han resultado. Las fuerzas ucranianas y rusas se preparan para un conflicto largo, al enfocarse en lo que esperan será una guerra de artillería en el sur y este del país, donde Rusia ha concentrado sus fuerzas después de una retirada humillante de Kiev, la capital ucraniana, y otras ciudades clave.

Familias ucranianas llegan a Zaporiyia después de huir de la ciudad de Mariúpol, ocupada por Rusia, en el este de Ucrania, el 21 de abril de 2022. (Lynsey Addario/The New York Times)
Familias ucranianas llegan a Zaporiyia después de huir de la ciudad de Mariúpol, ocupada por Rusia, en el este de Ucrania, el 21 de abril de 2022. (Lynsey Addario/The New York Times)

“Putin no está dispuesto a retroceder y tampoco los ucranianos, así que se derramará más sangre”, opinó Robin Niblett, director de Chatham House, un grupo británico de expertos. Al mismo tiempo, la determinación estadounidense y europea para ayudar a Ucrania a derrotar a los rusos se ha fortalecido, en parte a raíz de que se han revelado las atrocidades en Bucha y otras ciudades ocupadas por los rusos, lo que causó que incluso Alemania abandonara sus objeciones iniciales y mandara artillería y vehículos blindados.

Seth G. Jones, quien dirige el Programa de Seguridad Europeo del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por su sigla en inglés) en Washington, comentó el miércoles que “el riesgo de una guerra más extensa es serio en este momento”.

“Las bajas rusas siguen acumulándose y Estados Unidos está comprometido a enviar armas más poderosas que están causando esas bajas”, precisó Jones. Tarde o temprano, agregó, el servicio de inteligencia militar de Rusia podría comenzar a fijar como objetivos esos envíos de armas dentro de las fronteras de la OTAN.

Biden ha respaldado la teoría de que Putin tiene planes que van más allá de Ucrania. La invasión, declaró el día que comenzó (24 de febrero), “siempre se trató de pura agresión, del deseo de Putin de un imperio por cualquier medio necesario”.

No obstante, hasta el momento, la guerra ha permanecido en gran parte dentro de los límites geográficos de Ucrania. Estados Unidos y sus aliados afirman que su meta era hacer que Rusia retirara sus fuerzas de manera “irreversible”, como Blinken lo expresó, y respetar las fronteras de Ucrania como existían antes de la invasión. Biden se rehusó a imponer una zona de exclusión aérea que enfrentaría a pilotos estadounidenses y rusos. Putin denunció el ingreso de armas occidentales para ayudar al Ejército ucraniano, pero nunca ha atacado esas líneas de suministro dentro de territorio de la OTAN.

Ahora, hay señales de que esa moderación se está fracturando.

Cuando Gazprom, el gigante energético de Rusia, cortó el suministro a Polonia y Bulgaria, sin duda una advertencia de que Alemania (que depende enormemente del gas ruso) podría ser el siguiente país en sufrir lo mismo. Rusia estaba usando su arma económica más potente al enviar un mensaje de que era capaz de generar dolor y, en el próximo invierno, un frío considerable a Europa del Este y occidental sin lanzar un disparo. Funcionarios estadounidenses manifestaron que era un esfuerzo claro para fragmentar a los aliados de la OTAN, que hasta el momento han permanecido unidos.

Por coincidencia o no, Putin tomó la decisión justo después de que el secretario de Defensa de Estados Unidos, Lloyd Austin, fue más allá de la declaración con frecuencia repetida del gobierno y mencionó que deseaba asegurarse de que Rusia concluyera su experiencia en Ucrania “estratégicamente debilitada”.

“Queremos ver a Rusia debilitada al grado de que no pueda hacer el tipo de cosas que ha hecho al invadir a Ucrania”, puntualizó Austin, una frase que parecía sugerir que Estados Unidos pretendía erosionar el poder militar ruso durante años (presuntamente tanto tiempo como el que Putin permanezca en el poder). Los controles de exportación que Estados Unidos impuso en componentes microelectrónicos clave que Rusia necesita para producir sus misiles y tanques parece destinado a lograr precisamente eso.

Algunos europeos se preguntaron si los objetivos bélicos de Washington habían crecido, y han pasado de ayudar a Ucrania a defenderse, lo cual cuenta con un gran respaldo, a dañar a Rusia, una meta controversial que aportaría a la narrativa rusa de que las acciones de Moscú en Ucrania son para defenderse de la OTAN.

Algunos funcionarios de la administración insisten en que los comentarios de Austin fueron malinterpretados en cuanto a su dimensión y que no estaba sugiriendo una meta estratégica a largo plazo para socavar el poder ruso. Más bien, afirman los funcionarios, solo amplificó declaraciones anteriores sobre la necesidad de afinar las opciones que enfrenta Putin (y al mismo tiempo afectar la capacidad de Rusia de lanzar otra invasión cuando se reagrupe).

No obstante, muchos en Europa pensaron que su declaración indicaba una prolongada guerra de ataques continuos que podría tener muchos frentes.

“¿Nos dirigimos a una guerra más grande o es solo un error de Austin?”, cuestionó François Heisbourg, un analista francés de defensa.

“Hay un consenso creciente sobre suministrar obuses y sistemas de armas más complejos a Ucrania y todos están haciendo eso ahora”, puntualizó Heisbourg.

“Pero es otra cosa cambiar el objetivo de la guerra de Ucrania a Rusia. No creo que haya ningún consenso sobre eso”. Debilitar la capacidad militar de Rusia “es algo bueno, pero son los medios para un fin, no un fin en sí mismo”, concluyó Heisbourg.

© 2022 The New York Times Company

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