Crece el temor a un “derrame” de la guerra de Ucrania más allá de sus fronteras

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La presidenta Maia Sandu de Moldavia en su oficina en Chisinau, la capital, el 7 de abril de 2022. "Somos un país frágil en una región frágil", dice. (Cristian Movila/The New York Times)
CRISTIAN MOVILA

WASHINGTON.- Hace nueve semanas que el presidente norteamericano Joe Biden y sus aliados de Occidente enfatizan la necesidad de que la guerra de Ucrania no salga de Ucrania.

Pero el temor en Washington y las capitales de Europa sigue siendo que el conflicto escale y se extienda a los Estados vecinos, al ciberespacio y a países de la OTAN que ya enfrentan de pronto un corte en el suministro de gas ruso. La evolución de ese amplio enfrentamiento a largo plazo entre Washington y Moscú tendría reminiscencias de la Guerra Fría, donde cada país intenta debilitar al otro.

Hace un par de días, el secretario de Defensa norteamericano dijo que hay que erosionar a las fuerzas militares rusas hasta dejarlas incapacitadas para invadir otro país en los años por venir. Los rusos, por su parte, han cortado los envíos de gas a Polonia y Bulgaria, que ingresaron en la OTAN tras la caída de la Unión Soviética. La medida de Moscú mereció el inmediato repudio de la presidenta de la Comisión Europea, la alemana Ursula van der Leyen, que la calificó de “chantaje”. Una zona disputada de Moldavia —el siguiente blanco natural de los rusos— se vio sacudida por explosiones, y depósitos de gas y hasta una fábrica de misiles en Rusia misteriosamente se incendiaron o fueron blanco de ataques directos de las fuerzas ucranianas.

El humo se eleva desde las instalaciones de almacenamiento de petróleo afectadas por un incendio en Bryansk, Rusia, el lunes 25 de abril de 2022
El humo se eleva desde las instalaciones de almacenamiento de petróleo afectadas por un incendio en Bryansk, Rusia, el lunes 25 de abril de 2022


El humo se eleva desde las instalaciones de almacenamiento de petróleo afectadas por un incendio en Bryansk, Rusia, el lunes 25 de abril de 2022

Los rusos también se ocupan cada vez con más frecuencia de recordarle al mundo que tienen un arsenal nuclear ingente y poderoso, una advertencia sin sutilezas sobre las pocas opciones que le quedarían al presidente Vladimir Putin si sus fuerzas convencionales siguen sufriendo derrotas humillantes en el terreno. Según funcionarios norteamericanos y europeos, no hay evidencia de que Rusia haya movilizado sus fuerzas nucleares de combate, pero detrás de escena, los gobiernos de Occidente ya evaluaron posibles repuestas ante una eventual demostración nuclear o explosión de prueba, ya sea en el Mar Negro o en territorio ucraniano.

“Nadie quiere que esta guerra escale más de lo que ya escaló”, dijo el miércoles el vocero del Pentágono, John Kirby, cuando le preguntaron por las amenazas nucleares de Rusia. “Y nadie quiere ni debería querer que esto pase al terreno nuclear.”

Conflicto a largo plazo

El temor de los funcionarios occidentales responde en parte a su creciente convicción de que el conflicto “seguirá por un buen tiempo”, según dijo recientemente el secretario de Estado norteamericano, Antony J. Blinken.

Ya ni siquiera se habla de nuevas negociaciones para lograr una salida diplomática o al menos un alto el fuego, algo que intentaron en varios momentos los mandatarios de Francia, Israel y Turquía. Tanto las fuerzas ucranianas como las rusas se están atrincherando para un conflicto a largo plazo, centrándose en lo que esperan sea una guerra de artillería en el sur y el este del país, donde Rusia ha concentrado sus fuerzas tras una humillante retirada de Kiev y otras ciudades clave.

Austin, Zelensky y Blinken en Kiev, el pasado fin de semana
Austin, Zelensky y Blinken en Kiev, el pasado fin de semana


Austin, Zelensky y Blinken en Kiev, el pasado fin de semana

“Putin no está dispuesto a dar marcha atrás, y los ucranianos tampoco, así que en el futuro hay más sangre”, dice Robin Niblett, director de Chatham House, un grupo de expertos británico. Al mismo tiempo, la determinación de Estados Unidos y Europa de ayudar a Ucrania es cada vez más fuerte, sobre todo desde que se conocieron las atrocidades de los rusos en Bucha y otras ciudades ocupadas. Hasta Alemania superó sus objeciones iniciales y envió artillería y vehículos blindados para reforzar a los ucranianos.

Pero no todos los canales de comunicación entre Washington y Moscú se han cerrado. Sin ir más lejos, el miércoles por la mañana Estados Unidos y Rusia anunciaron un intercambio de prisioneros, que se llevó a cabo secretamente en Turquía: allí, el exmarine norteamericano Trevor Reed fue intercambiado por un piloto ruso que durante mucho tiempo fue descrito por el Departamento de Justicia como “un experimentado narcotraficante internacional”. Pero hasta eso tuvo un aire de regreso a la Guerra Fría, y puso de manifiesto hasta qué punto el actual conflicto es también una lucha de poder entre Washington y Moscú.

La situación parece confirmar la idea de Stephen Kotkin, profesor de la Universidad de Princeton y miembro de la Hoover Institution en Stanford, quien recientemente escribió en Foreign Affairs que “el final de la Guerra Fría original fue un espejismo”, en medio del lento derrumbe de los esfuerzos de Occidente por integrar a Rusia.

El propio Biden parece respaldar la teoría de que Putin tiene planes que van más allá de Ucrania. El 24 de febrero, día en que comenzó la invasión, Biden dijo que desde un primer momento era “una cruda agresión por el deseo de Putin de tener un imperio a cualquier costo”.

Pero hasta ahora la guerra se ha mantenido mayormente dentro de los límites geográficos de Ucrania. Estados Unidos y sus aliados dijeron que su objetivo era lograr que Rusia retirara sus fuerzas “irreversiblemente”, en palabras de Blinken, y que se respeten las fronteras de Ucrania tal como eran hasta la invasión. Biden se negó en todo momento a imponer una zona de exclusión aérea, que provocaría un enfrentamiento inevitable entre pilotos estadounidenses y rusos. Putin ha denunciado el ingreso de armas occidentales para ayudar al ejército ucraniano, pero nunca atacó esas líneas de suministro dentro del territorio de la OTAN.

Ahora, hay señales de que esa autocontención está cediendo.

Cuando el gigante energético ruso Gazprom le cortó el suministro de gas a Polonia y Bulgaria, fue una clara advertencia de que la próxima puede ser Alemania, que depende enormemente del gas ruso. Rusia utilizó su arma económica más poderosa para transmitir el mensaje de que sin disparar un solo tiro, puede causar sufrimiento y penuria a Europa Oriental y Occidental durante el crudo invierno próximo. Los funcionarios estadounidenses denuncian un claro intento de fragmentar a los aliados de la OTAN, que hasta ahora se han mantenido unidos.

Rusia tomó represalias con el suministro de gas a Europa
Patrick Seeger


Rusia tomó represalias con el suministro de gas a Europa (Patrick Seeger/)

Coincidencia o no, la medida de Putin llegó justo después de que se conocieran las declaraciones de Lloyd J. Austin III, secretario de Defensa norteamericano, que fue más allá de la reiterada intención de asegurarse de que Rusia salga debilitada de su experiencia en Ucrania.

“Queremos una Rusia debilitada al punto de no poder hacer lo que hizo al invadir Ucrania”, dijo Austin, dejando traslucir que Estados Unidos pretende erosionar el poder militar ruso a largo plazo, presumiblemente, hasta que Putin no esté en el poder. Los controles de exportación que Estados Unidos impuso a los componentes microelectrónicos que Rusia necesita para producir sus misiles y tanques parecen apuntar precisamente en ese sentido.

Algunos europeos se preguntan si los objetivos bélicos de Washington no se han extendido también: de querer ayudar a Ucrania a defenderse, algo que cuenta con amplio apoyo de los europeos, a querer dañar a la propia Rusia, un objetivo más controvertido, que podría alimentar y dar credibilidad el relato ruso de que el objetivo de Moscú en Ucrania es simplemente defenderse de las agresiones de la OTAN.

Por David E. Sanger y Steven Erlanger

Traducción de Jaime Arrambide

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