Crece la fama de José Báez, el abogado de Hernández, Anthony

Por DENISE LAVOIE

BOSTON (AP) — Durante el juicio a Aaron Hernández por doble homicidio, el abogado del jugador de fútbol americano trató de generar la imagen de que el principal testigo de la fiscalía no era fiable. Dijo que era “un pony de tres patas” y simuló el galope de un caballo impedido.

Fue un gesto típico de José Báez: ampuloso, teatral, dispuesto a apelar a cualquier recurso para beneficiar a su cliente.

La exoneración de Hernández aumentó el status de Báez como uno de los abogados defensores más conocidos de Estados Unidos, cuya estrella comenzó a crecer tras la exitosa defensa hace seis años de Casey Anthony, la mujer de la Florida acusada de matar a su pequeña porque no quería la responsabilidad de criar una hija.

Su estilo desenfadado le ha granjeado tantos elogios como críticas.

Fiscales que lo han enfrentado dicen que no hay nada que no esté dispuesto a hacer para ganar, mientras que colegas que colaboraron con él en la defensa de alguien dicen que es un estratega brillante, que explota cualquier flanco débil que pueda presentar la fiscalía.

“Si alguna vez te metes en líos, quieres a José Báez de tu lado”, afirmó Linda Kenney Baden, quien representó al productor musical Phil Spector en su juicio por asesinato del 2007 y ha trabajado con Báez en tres casos, incluidos los juicios de Anthony y Hernández.

Ambos casos parecían tener todos los elementos necesarios para fallos de culpabilidad.

Anthony le mintió varias veces a la policía y testigos dijeron que sintieron olor a cadáver en el baúl de su auto. Pero Báez se aferró al único hueco que presentaba el caso de la fiscalía --la incertidumbre acerca de cómo murió la pequeña-- y logró generar dudas en el jurado.

En el caso de Hernández, cuestionó ferozmente la credibilidad del principal testigo de la fiscalía, un traficante de drogas confeso que estaba con el deportista la noche en que dos individuos fueron baleados desde un auto en Boston. Báez le dijo al jurado que el hombre identificó a Hernández como la persona que hizo los disparos para conseguir inmunidad y salvar su propio pellejo.

Báez, de la Florida, tiene 48 años y no gozaba de mucha experiencia cuando tomó el sonado caso de Anthony.

Cuando estudiaba derecho, pasó un día en la oficina de la fiscalía del condado de Miami-Dade y decidió que “eso no era para mí”. Cruzó la calle y buscó trabajo en la oficina de los defensores de oficio.

“Me encantó eso”, declaró en una reciente entrevista con la Associated Press. “Lidiaba con gente real y las ayudaba con problemas reales”.

Durante el juicio de Anthony, el comentarista de Fox News Geraldo Rivera popularizó el apodo de “Juanie Cochran” en alusión a Báez, comparándolo con Johnnie Cochran, el abogado que ayudó a conseguir la absolución de O.J. Simpson en el juicio por el asesinato de su ex esposa.

La celebridad es algo que Báez nunca esperó. Se salió de la escuela primaria y se casó con su novia, que había quedado embarazada. Se enroló en la Marina y sacó el equivalente a un diploma de secundaria.

Luego estudió derecho en la St. Thomas University de la Florida, pero el colegio de abogados le impidió ejercer por ocho año porque no pagó por el mantenimiento de su hijo ni varias deudas.

Eso duró hasta el 2005, en que finalmente pudo comenzar a ejercer. Tres años después tomó el caso de Anthony. El juicio generó enorme atención y cada incidencia fue transmitida en vivo por internet y desmenuzada obsesivamente en las redes sociales y los tabloides.

Jeff Ashton, uno de los fiscales del juicio de Anthony, dice despectivamente que Báez es “un muy buen vendedor”.

“No es muy profesional en su comportamiento”, agregó. “Hace cualquier cosa que piense que puede sacar adelante su caso, sin importarle demasiado si es lo indicado desde un punto de vista ético o legal”.

Báez representó también a Nilton Díaz, exonerado del cargo de asesinato pero hallado culpable de homicidio involuntario en la muerte de una nieta de dos años del ex campeón mundial de boxeo Wilfredo Vázquez. Defendió asimismo a una niña de 12 años acusada de acoso con agravantes en relación con el suicidio de otra muchacha. Las acusaciones fueron desestimadas.

Báez dice que no perdió ninguno de los 11 juicios por asesinato en primer o segundo grado en los que trabajó. Atribuye su éxito a su capacidad para entablar una relación con jurados de todos los ámbitos de la vida.

“Me enseñaron a tratar a un empleado de limpieza con el mismo respeto que a un gerente general”, afirmó el abogado. “La razón es sencilla: Mi madre fue empleada de limpieza, fue una mucama. Llegó al sexto grado, se vino de Puerto Rico y crió a cuatro hijos por su cuenta, sin ayuda de nadie”.

El estilo atrevido de Báez a veces irrita a los fiscales. En el juicio de Hernández, la defensa insinuó que las víctimas tal vez estuvieron involucradas en drogas y pandillas, y que la verdadera razón de las muertes fue un negocio que salió mal. Un médico declaró que en el sistema de una de las víctimas se habían encontrado drogas.

Después de la absolución, el fiscal Daniel Conley dijo que pintar de esa forma a las víctimas había sido innecesario.

Cinco días después de su absolución, Hernández fue encontrado muerto en su celda. Aparentemente se suicidó. Permanecía en prisión porque había sido encontrado culpable de asesinato en otro juicio en el que no intervino Báez.

“Creo en la redención, en ser compasivo”, manifestó Báez. “A veces se trata de una forma muy dura a los acusados y a los oprimidos”.