Cowboy Bebop: la fallida adaptación de un animé de culto que enfureció a sus fanáticos

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Cowboy Bebop, la nueva serie de Netflix que no terminó de convencer
Netflix

Cowboy Bebop (EEUU, 2021). Creador: Christopher Yost (basado en el animé homónimo de Shinichiro Watanabe). Elenco: John Cho, Mustafa Shakir, Daniella Pineda, Elena Satine y Alex Hassell. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: regular.

Uno de los proyectos más importantes que Netflix preparó para este año fue Cowboy Bebop, una épica de ciencia ficción que combina mundos avanzados, pero con estética de western. Y si bien las expectativas eran altas y la fórmula parecía inmejorable, el resultado final estuvo muy lejos de ser bueno , principalmente por la falta de una matriz narrativa sólida, que ordenara la totalidad de la historia. De este modo, la propuesta no encontró un rumbo claro, navegando de forma indecisa sin definir ni su tono, ni la evolución de sus protagonistas, y esta semana la compañía de streaming confirmó que la serie no tendrá segunda temporada.

La acción transcurre en un futuro lejano, en el que las naves espaciales transportan a las personas a lo largo de la galaxia y en donde los forajidos son un mal que hay que combatir. Por ese motivo, el oficio de cazarrecompensas volvió a estar de moda y miles de hombres y mujeres surcan el espacio en búsqueda de esos criminales que tienen sobre sus cabezas millonarias recompensas. En ese contexto, Spike (John Cho) y Jet (Mustafa Shakir) intentan ya no hacerse millonarios, sino al menos atrapar algún delincuente que les signifique un dinero para comprar algo de comer y cargarle nafta a su oxidada nave.

A través de los episodios, la dupla central se enfrenta a todo tipo de amenazas, desde villanos extravagantes a violentos asesinos que buscan crear el caos. Y en un mundo (o en varios mundos, mejor dicho) en los que la ley parece inútil frente a las grandes organizaciones delictivas, estos cazarrecompensas intentan hacer su trabajo de la mejor manera posible. A esa dupla pronto se suman dos nuevos integrantes con la llegada de Faye (Daniella Pineda), una cínica cazarrecompensas que esconde un dolor del pasado y el pequeño perro Ein, un corgi que inesperadamente se convierte en mascota de los protagonistas. Poco a poco, la evolución de la trama comienza a revelar el pasado de Spike, su vinculación con un conglomerado dedicado al crimen, y las cicatrices que le dejó una historia de amor que terminó en tragedia. De esa manera, Cowboy Bebop avanza con una idea que resulta muy atractiva, pero que se licua rápidamente.

Esta ficción está basada en un animé de culto que se emitió en la Argentina a comienzos de 2000 y que dejó a su paso un verdadero caudal de fans. Se trata de un título, que en apenas 26 episodios mostraba una historia sólida que podía combinar distintos géneros de modo armónico, desde el terror a la comedia pasando por el noir y llegando en su conclusión a un amargo drama. El animé era perfecto en la sencillez de su superficie, como también en la complejidad de esos personajes condenados a la soledad, pero que intentaban de manera torpe establecer vínculos afectivos, conformando una familia de esencia noble pero imperfecta. Y frente a ese animé que hoy es materia de leyenda, la noticia de una adaptación con actores llamó la atención del público. Pero desafortunadamente, el resultado fue una decepción.

Ante todo, la serie no termina de encontrar una identidad propia y ese juego por respetar la versión animada, se traduce en que todo quede a medias tintas. Desde lo formal, la ficción inicia con una estética de colores chillones, personajes en poses cancheras y juegos de cámara que subrayan el tono artificial de la saga. Y ese es un buen camino, el de reforzar la plasticidad del producto poniendo el acento en un tono descontracturado. Pero la trama no puede evitar empaparse de un tono solemne forzado, que si bien en el animé fluía equilibradamente, aquí no logra causar ese mismo efecto. De esta forma, esta adaptación no termina de decidir cuál es su clima rector, dejando a los protagonistas groseramente desdibujados. Ni Spike ni el resto de sus compañeros logran establecer una identidad definida y peor aún, tampoco se construyen esos vínculos que permiten comprender cómo estos antihéroes, buscan huir de una soledad (y una nostalgia) que los abruma.

En Cowboy Bebop hay ingredientes aislados muy logrados, pero que no encajan en el mapa general de la propuesta. La gran música de Yoko Kanno, el enorme trabajo de John Cho o las vistosas peleas, quizá los tres aspectos mejor resueltos de este live action, no alcanzan para darle un horizonte a una serie que avanza sin brújula. Y aunque las comparaciones sean odiosas, resulta imposible no terminar de ver este título, para escapar a refugiarse en la perfección de su antecesora animada.

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