Los retrasos en la segunda dosis de la vacuna favorecen la aparición de nuevas variantes

Javier Peláez
·5  min de lectura
La escasez temporal de vacunas nos plantea un dilema con ventajas e inconvenientes en las dos opciones posibles
La escasez temporal de vacunas nos plantea un dilema con ventajas e inconvenientes en las dos opciones posibles

En estos momentos, el número de personas que ha recibido al menos una dosis de vacuna frente a la COVID-19 es mayor que el número total de contagiados por la enfermedad. Es una estupenda noticia que nos señala claramente hacia dónde debemos dirigir nuestros esfuerzos, pero que no debe ocultar o infravalorar las dificultades que aún nos quedan por superar. Seguimos en lo alto de la tercera oleada, y ya es evidente que cualquier despiste o relajación en las medidas de seguridad, como ocurrió durante estas navidades, origina un rápido aumento de contagios de COVID-19, de hospitalizados y, lamentablemente, de fallecidos.

La alegría por la llegada de las diferentes vacunas se ha visto empañada por este último empujón de casos, aupado principalmente por la aparición de nuevas variantes del coronavirus más contagiosas y por el lento proceso de administración de las dosis necesarias para alcanzar la inmunidad de grupo. A esta delicada situación se suma ahora el comunicado de Pfizer. La compañía farmacéutica, fabricante de la principal vacuna suministrada en la Unión Europea, ha anunciado que, para aumentar su capacidad de producción debe actualizar sus instalaciones y que por esta razón el ritmo de entrega de vacunas se reducirá, o incluso podría detenerse, durante un plazo aproximado de diez semanas.

Ya sea por ineficacia de las autoridades nacionales y regionales en administrar vacunas, o por el retraso anunciado por Pfizer, el nuevo panorama de esta fase de la pandemia abre ahora un importante dilema entre la comunidad científica sobre la mejor manera de proteger a la población utilizando las vacunas disponibles.

El dilema es el siguiente: ¿Qué debemos hacer con las dosis que tenemos en estos momentos?

Mientras las vacunas sean escasas, se abren ante nosotros dos caminos diferentes. Podríamos utilizarlas para completar la inmunidad de las personas que recibieron la primera dosis, administrándoles la segunda dosis y cerrando así el proceso completo, o por el contrario podríamos retrasar el momento de esa segunda dosis y utilizar esos preciosos viales para inocular la primera dosis a más personas.

Es una cuestión, compleja pero decisiva, a la que muchos investigadores están dedicando los últimos días aunque, como cualquier paradoja, plantea ventajas y desventajas en ambos lados de la ecuación.

Ante la escasez de vacunas, los investigadores han echado mano de los pocos resultados disponibles sobre la administración de una sola dosis y, aunque son muy provisionales, parece que la efectividad de la primera dosis de la vacuna de Pfizer-BioNTech se sitúa en algo más del 50%, mientras que, durante la tercera etapa y antes de su aprobación, la vacuna de Moderna mostró una eficacia de aproximadamente el 60% con una sola dosis. Los recientes casos de brotes entre personas que se han contagiado después de vacunarse y antes de conseguir la inmunidad completa, nos indican que seguramente estos porcentajes de éxito en una sola dosis en realidad son menores y que necesitamos estudios más concretos y revisados para conocer exactamente la eficacia de administrar solo la primera dosis.

Aún así, y aunque estos porcentajes sean más bajos, parece claro que administrar solo una dosis otorga un cierto grado de inmunidad, lo que es sin duda una buena noticia y un argumento a favor de tratar con una sola dosis a la mayor cantidad posible de personas, en lugar de utilizar la mitad de las vacunas actualmente disponibles en segundas dosis.

A corto plazo esta decisión parecería ser la más adecuada ya que protegería, al menos parcialmente, a más personas evitando contagios, hospitalizaciones y fallecimientos… pero también plantea importantes problemas a medio y largo plazo. En France24, informan de que el país galo continuará normalmente con la vacunación administrando las segundas dosis correspondientes.

Países como Francia ya han decidido mantener el proceso de vacunación y administrar la segunda dosis a los pacientes que ya recibieron la primera dosis.
Países como Francia ya han decidido mantener el proceso de vacunación y administrar la segunda dosis a los pacientes que ya recibieron la primera dosis.

Los defensores de esta opción, como Francia, usarán las vacunas disponibles para completar la segunda dosis, cuentan además con un potente argumento a su favor: evitar que surjan nuevas variantes más resistentes, contagiosas o mortales.

El ejemplo más claro lo encontramos en la aparición de las denominadas superbacterias y su capacidad de soportar todos los antibióticos conocidos. La propia Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado que las bacterias resistentes a los antibióticos representan una de las principales amenazas de salud pública a las que se enfrenta la humanidad y estima que, en el año 2050, habrá más muertes causadas por superbacterias que por cáncer. El principal causante de la aparición de estas bacterias resistentes es el uso excesivo, indebido o incorrecto de los actuales antibióticos que fomentan la aparición de patógenos farmacorresistentes.

En la vacuna de la COVID-19 debemos considerar también esta segunda opción, teniendo en cuenta que retrasar demasiado la segunda dosis en las personas ya vacunadas plantea un escenario similar a a no terminar un complemento completo de antibióticos, es posible que un número bajo de anticuerpos neutralizantes activados por una sola dosis solo combata parcialmente una infección. Esto puede favorecer que surjan, prosperen y se transmitan más rápidamente nuevas variantes del virus a partir de mutaciones capaces de eludir el sistema inmunológico.

La decisión es complicada y cada opción tiene sus pros y sus contras. La solución ideal sería aumentar nuestro ritmo de vacunación, tanto en aquellas personas que no han recibido ninguna vacuna como en las que ya han recibido la primera dosis. Este sería el escenario perfecto, aunque para ello necesitaríamos incrementar el suministro (algo que parece temporalmente difícil) y que las autoridades responsables pusieran todo su empeño en vacunar (algo que no está ocurriendo en todos los países).

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Referencias científicas y más información:

Erin García de Jesús “Could delaying a second vaccine dose lead to more dangerous coronavirus strains?” Science News