Tuvo Covid, se recuperó, ahora se vacunó y en una semana cumple 114 años

Darío Palavecino
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Casilda Benegas, de 113 años
Mauro V. Rizzi

MAR DEL PLATA.— Hagan lugar porque las velitas se cuentan de a puñados. Hay que contar bien pero deben ser 114 las que luzcan el próximo 8 de abril sobre la torta que le van a preparar a Casilda Benegas, la abuela que le acaba de poner el brazo izquierdo a una dosis de Sputnik V que la confirma como la mujer más longeva en la Argentina y una de las cuatro con mayor edad en el mundo que recibe la vacuna para prevenir el coronavirus.

Una enfermedad que conoce y bien, cuando en diciembre último no pudo esquivar la ola de contagios que alcanzó a casi toda la comunidad del “Hogar Abuela Coca”, donde vive y la cuidan desde hace tres años.

Un “Ayyyyyyyyyyy” bien estirado y barbijo de por medio murmuró apenas recibió el pinchazo. “Eso fue nada, porque cuando se enoja nos insulta en guaraní”, cuenta a LA NACION la enfermera que la vacunó, Nancy, que es también una de las que la cuida a diario junto a otros 14 adultos mayores.

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Es que Casilda nació en Paraguay en 1907. Vivió niñez y adolescencia en el norte argentino, entre Jujuy y Chaco. Cuando se casó pisó por primera vez estas playas, donde se instaló hasta que con su marido se mudaron a España. Tuvieron dos hijas, una de 87 años que aún vive pero no está en condiciones de visitarla. Y regreso final a esta ciudad, donde es la mimada del grupo y con periodicidad es visitada por su bisnieta, Mayra. “Es una gran felicidad que la haya vacunado”, dijo, contenta por este paso que dio su bisabuela.

Según se pudo conocer, entre las vacunadas que la superan en edad en todo el mundo están Antonia da Santa Cruz, que tiene 115 años y vive en Brasil; María Branyas Morena, de España, y Phillips Ridgway, de Canadá, que ya cumplieron 114.

Casilda, en el geriátrico
Mauro V. Rizzi


Casilda, en el geriátrico (Mauro V. Rizzi/)

La vacuna le llegó a partir de un operativo organizado por la delegación regional de PAMI, que la tienen como personaje destacado entre la enorme comunidad de beneficiarios que tiene el distrito. Según indican las estadísticas, en Mar del Plata uno de cada cuatro habitantes es mayor de 60 años. “Para nosotros es una gran satisfacción poder avanzar con la vacunación entre nuestros abuelos”, dijo Fernando Mogni, responsable del organismo en Mar del Plata.

Fue, según confían quienes a diario la atienden, ama de casa toda su vida. En 2018 entró caminando a este establecimiento del barrio Parque Luro. Poco después comenzó a exhibir mayor fragilidad en sus movimientos, por lo que ya no se desplaza sola pero sí se sostiene y mantiene en pie. “Cuando se despierta y nos llama, ella ya está sentada en el borde de la cama”, explica la enfermera.

Ya escucha poco, pero sí lo suficiente como para atender a los llamados y entender cuando se le habla bien cerca. Una oportunidad que tienen Nancy, Romina, Zunilda, Cecilia y Antonella, sus cuidadoras, para dejarle siempre un beso después de cada mensaje que le hacen llegar con buen tono y casi al oído.

Contagios

El Covid 19 recién ingresó al “Hogar Abuela Coca” en diciembre último. Alcanzó a internados y personal por igual. Se supone que el virus ingresó por una asistente que trabaja en el lugar y en otros establecimientos de salud.

Pero para Casilda fue como que nada pasó. La diagnosticaron pero sin que hayan aparecido síntomas ni pautas de alarma propias de esta afección. “Ni moco tuvo”, asegura una de sus enfermeras que, con bastantes años menos, terminó aislada en su casa y problemas respiratorios de cuidado.

Fabián Lucangioli es dueño del “Hogar Abuela Coca” y tiene otra particularidad que lo destaca: es hijo de Rubén, el arquero de San Lorenzo de Mar del Plata al que aquí Diego Maradona le hizo sus dos primeros goles en primera división., Destacó la fortaleza y buena salud de Casilda. “La recibimos aquí hace tres años y hace tres meses superó el Covid sin inconvenientes”, detalló y recuerda que tiene 113 y, hasta este martes, 358 días. Recuerda que no sabían mucho de ella al recibirla, pero pudieron reconstruir su historia. “En términos de salud, es un roble”, insiste.

“Solo tiene años”, explican sobre un cuadro clínico admirable para su edad. Aseguran que no tiene presión, se le han reducido o eliminado varios medicamentos porque no presenta complicaciones. Y por sobre todo está siempre de buen ánimo, en particular en el momento de comer.

“Arrasa con lo que le pongan”, cuentan de la mujer de mayor edad que tiene Argentina por estos días. Acostumbra preguntar qué es lo que le han servido en el plato y, paso siguiente, toma el comedor y disfruta de la rutina favorita. Lucangioli dice que desayuna, almuerza —“muuuuyy bien”, aclara— y hace su siesta, con un reloj biológico “intacto”. “Es un amor tenerla”, insiste.

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Los problemas con Casilda, cuentan en voz baja, son siempre cuando le toca bañarse. “No es solo ella, a la mayoría de los abuelos ya no les gusta”, cuentan las enfermeras que se valen de paciencia y mil y un artilugios para cumplir la misión sin que sea una odisea.

Cuentan además que le gusta estar al aire libre y en particular en el sector de jardín del hogar. “Le encantan las plantas, las mira, disfruta mucho”, resumen de esas horas que a veces a la mañana, otras la tarde, suele pasar en el parque.

En ocho días, entonces es el próximo acontecimiento. Ayer fue la vacuna, primera dosis. El jueves 8, cumpleaños. Otro más. Hay promesas de torta grande y sabrosa, gorritos y guirnaldas. También velitas. Motivos para festejar, vaya si sobran.