Covid-19: ¿Quién debe recibir la cuarta dosis de la vacuna? Un modelo matemático puede ayudar a decidirlo

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Aunque cada vez hay más personas dotadas de un escudo inmunológico frente al SARS-CoV-2, ya sea porque se han recuperado de una infección previa, se han vacunado o ambas cosas, el virus ha seguido evolucionando con la aparición de nuevas variantes genéticamente distintas. Estas implican una mayor tasa de transmisión y una disminución de la protección inmunitaria contra la reinfección.

Una ronda de refuerzos bivalentes

En este contexto, la Agencia Europea de Medicamentos (EMA), el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC) y otras agencias sanitarias recomiendan para este otoño-invierno una nueva ronda de refuerzos vacunales con una nueva vacuna de configuración bivalente. De hecho, en España, el 26 de septiembre ya se ha comenzado a citar a los mayores de 80 años para administrarla.

Estas nuevas vacunas incluyen ARN mensajero de la variante original del virus (Wuhan-Hu-1) y la ómicron BA.1 a partes iguales. Su objetivo es aumentar su efectividad frente a sus predecesoras, centradas solo en la variante original.

Como en ocasiones anteriores, se recomienda administrar la vacuna en función del riesgo de infección o su gravedad, dando prioridad a los más vulnerables, como inmunodeprimidos y personas de avanzada edad. También se pinchará antes al personal sociosanitario, con el fin de evitar posibles colapsos del sistema de salud.

Por otra parte, la seguridad y efectividad de los nuevos refuerzos no ha sido directamente comprobada en ensayos clínicos hasta la fecha. Para el despliegue de las vacunas frente al SARS-CoV-2 se ha seguido una estrategia de anticipación similar a la de las vacunas de la gripe, lo que impide conocer su eficacia y seguridad real a través de ensayos clínicos.

El esquema propuesto actualmente no tiene en cuenta los antecedentes inmunológicos para optimizar el refuerzo, y muchos se preguntan si tienen que vacunarse, cuándo deben hacerlo y cómo influye su historial de vacunación e infección previa. ¿Podría ayudar a tomar la decisión saber la cantidad de anticuerpos que tenemos? Porque la dosis de refuerzo tiene un coste, incluyendo recursos materiales y humanos.

A esto hay que añadir los efectos secundarios, que aconsejan un uso responsable de las vacunas. De hecho, las propias agencias sanitarias recomiendan no volver a pinchar a una persona hasta pasados tres meses de su última infección o vacunación.

Cuestión de anticuerpos

Varios grupos de investigación, incluido el nuestro, han demostrado que las personas con inmunidad híbrida (aquellos que han pasado una infección previa por SARS-CoV-2 y se han vacunado) experimentan menos infecciones y tienen sus anticuerpos más activos que quienes no se han contagiado antes. Esto justificaría que los individuos con ese tipo de inmunidad no siguieran el mismo régimen de vacunación general, pues el comportamiento de sus células inmunes de memoria les protege más eficazmente en caso de volver a encontrarse con el virus.

Por otro lado, en nuestro estudio hemos detectado una gran variabilidad individual dentro de ambos subgrupos. De hecho, algunas de las personas que sólo se han vacunado (sin infección previa) mantienen un nivel de anticuerpos muy alto y sostenido en el tiempo, con apenas decaimiento; mientras en otras descienden muy rápidamente, lo que los convierte en vulnerables. La identificación de estos subgrupos sería de gran interés para las autoridades sanitarias y ayudaría a decidir sobre la oportunidad de recibir o no el refuerzo.

Nuestro grupo ha observado que es posible modelizar matemáticamente, de forma simple, la curva de descenso de anticuerpos (IgG anti-RBD) con solo dos análisis de sangre. Gracias a estos modelos, podemos estimar el momento en que dichos anticuerpos caen por debajo de un determinado umbral. También permite estimar cuántos tendremos en un periodo de tiempo concreto (por ejemplo, dentro de un año).

Vacunar, solo cuando sea necesario

¿Por qué es importante este hallazgo? En primer lugar, es una herramienta útil para predecir el nivel de anticuerpos y de esta forma evaluar qué protección puede brindarnos la vacuna y cuál es el riesgo de infección para planificar el momento óptimo de recibir el refuerzo. Y en segundo lugar, nos permite clasificar a las personas en función de su estatus inmunitario e identificar grupos de personas vulnerables.

En conclusión, se deberían elaborar calendarios personalizados de refuerzo de la vacunación en función de los niveles de anticuerpos y el riesgo de infección y su gravedad. Nuestra modelización también podría utilizarse bajo diferentes condiciones, como la aparición de nuevas variantes virales o el desarrollo de mejores vacunas. Este enfoque permitiría, por tanto, racionalizar la administración de dosis de refuerzo de las vacunas contra el SARS-CoV-2, aplicándolas sólo cuando sea necesario y evitando potenciales efectos secundarios.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Francisco José Cimas Felipe es investigador postdoctoral contratado por la Universidad de Castilla-La Mancha.

José Javier Solera Santos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.