Por qué estamos en manos de China a pesar de los 150.000 millones que deben por su engaño con el Coronavirus

A estas alturas nadie duda ya de que los muertos por coronavirus en China no son ni esos dos mil y pico que anunció en febrero, ni los tres mil quinientos de hace unas semanas, ni los casi cuatro mil quinientos que confesó hace unos días.

Son muchísimos, muchísimos más.

La máquina de propaganda china podría haber ocultado más de 130.000 fallecimientos en el país y haber contribuido a propagar el virus en todo el mundo.

Con su máquina de ocultación y márketing China contribuyó a la expansión de la pandemia y al caos mundial. Como responsable, el gigante asiático debería al resto de países -además de cientos de miles de vidas- la gigantesca cantidad de 150.000 millones de euros de daños provocados por la pandemia. No los va a pagar. Y, sobre todo, nadie se atreve a exigírselos, ni siquiera el todo poderoso Donald Trump, que ha claudicado incluso en su idea de llamar al coronavirus “virus-chino”. ¿Por qué?

Porque estamos en sus manos. Una estrategia que el periodista e investigador Juan Pablo Cardenal lo ha dividido en cinco fases.

La primera consistió en desviar la atención y eludir la responsabilidad. La maquinaria se habría puesto en marcha antes de que el mundo supiera de los primeros casos de lo que entonces parecía sólo una neumonía atípica con menos mortalidad que la gripe. China diseñó una estrategia que tenía en dos objetivos claros: primero ocultar, segundo, ser los héroes. “El régimen de Pekín trataba de difundir, entre su población y al resto del mundo, la idea de que había logrado lo que muy pocos: vencer al Covid-19”, cuenta Cardenal en ‘Propaganda China para un escenario post-Covid19.

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A la vez, China movilizó a sus comunidades de ultramar para que el COVID no se conociera como el coronavirus chino ni nada que pudiera asociar el nombre del virus a China. Recordad que en España aún portamos el estigma de la última gran pandemia mortal, la mal llamada “gripe española” de hace más de un siglo que en realidad se originó en Estados Unidos. El pasado 4 de febrero, Pedro Sánchez recibió en Moncloa con altos representantes de la comunidad china.

“Tras la pertinente fotografía protocolaria”, sigue contando Cardenal,Sánchez lamentó cualquier signo de xenofobia que pueda sufrir la comunidad china a causa del coronavirus, razón por la que les trasladó de forma preventiva el apoyo y la solidaridad del Ejecutivo español. En esos días la comunidad china en España se había sumado a la campaña ‘Yo no soy un virus’, que surgió en Francia el 27 de enero. La primera piedra para internacionalizar la propaganda”.

Sánchez recibió a una representación china el 4 de febrero

La nota de Moncloa fue clara: “Sánchez ha hecho un llamamiento a la responsabilidad de todos para seguir garantizando la buena convivencia con la comunidad china en España y ha valorado positivamente los esfuerzos de China para lograr una gestión eficaz de la crisis”. El presidente “ha lamentado profundamente la estigmatización o dificultades que la comunidad china pueda estar sufriendo en España a causa de la epidemia y ha condenado cualquier signo de xenofobia”.

Jugando la carta del racismo, la táctica funcionó. Donald Trump fue el único presidente que llamó en público “virus chino” al COVID, pero desistió. La opinión pública pensó que fue ante el alud de críticas. Pero hubo más. Diversas fuentes apuntan a una importante amenaza.

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Enseguida os cuento por qué Trump desistió de llamar al COVID “virus chino”, pero antes, otra de las estrategias del gobierno asiático: a la vez que ocultaba información y ordenaba esa campaña de relaciones públicas, el gobierno chino abrió otro frente: ordenó a su población en el extranjero el acopio internacional de equipos sanitarios.Las comunidades chinas de ultramar se movilizaron. E hicieron acopio, de forma aparentemente coordinada, de material sanitario: guantes, mascarillas, batas, geles y líquidos hidroalcohólicos”. En todo el mundo se agotaron las mascarillas y el resto de materiales y productos. Particulares, empresas y diplomáticos chinos se habrían dedicado a acapararlos. Recordad los titulares de la prensa.

Cuando el coronavirus estalla en Europa -y una vez controlado en China- parte de ese material acaparado llega a hospitales italianos y españoles llevado en persona por ciudadanos chinos. En España se hicieron virales varios de esos videos. Pero, más allá de los particulares, Juan Pablo Cardenal se cuestiona si las donaciones del gobierno chino a Europa en los primeros y terribles días de la crisis no fueron más que otra escalada en la propaganda.

“La mitigación de la enfermedad en China coincidió con su propagación descontrolada en Europa y América. Y, por el empeño del PCCh de posicionar a China no como el país autoritario donde se incubó la pandemia sino como un líder internacional responsable en medio de una crisis global, lanzó una ofensiva diplomática para auxiliar a los países más castigados por el Covid-19”.

Todo, convenientemente publicitado. No había envío de material o personal médico que no fuera noticia inmediatamente.

A España, a Italia... la ayuda china acaparó titulares.

Sólo en la primera semana de estallido del virus en Italia y España -a principios de marzo-, China reconoció una gigantesca campaña de imagen en prensa y redes europeas con más de 400 entrevistas en los principales canales televisivos y radiofónicos, más de 300 artículos publicados en los periódicos, más de 500 conferencias y más de 20.000 mensajes en las redes sociales”.

Lo que no calculó China es que hay algo que ha vuelto en su contra ese enorme trabajo de propaganda: el fraude de decenas de empresas chinas con los tests y las mascarillas.

¿Y ahora qué? ¿Cómo nos va a seguir afectando? El primer gran frente contra China llega desde Estados Unidos. Donald Trump, que necesita sacudirse su propia ineficacia, anuncia medidas judiciales, políticas y económicas contra el gobierno chino, y ha ordenado una importante investigación a su espionaje. Otros países como el Reino Unido, Australia o Alemania ya avisan de que las relaciones diplomáticas y económicas van a quedar dañadas. “El diario alemán Bild, publicó un artículo titulado “Lo que China nos debe” en el que ponía una cifra detrás de la compensación que China tendría que pagar por su responsabilidad y daño causado: 150.000 millones de euros”.

Pero, cuidado, porque los chinos tienen en su territorio buena parte de la producción de algunos componentes farmacéuticos con los que se está luchando contra el COVID, como la hidroxicloroquina. “Ciertas estimaciones apuntan que China tendrÍa también el monopolio mundial de más del 80% de la producción de vitamina C y el 90% de los antibióticos, mientras India, el primer proveedor global de genéricos, depende de China para el 80% de sus API (...) Según un documental de investigación de la televisión holandesa, China reaccionó a la insistencia de Trump de referirse al coronavirus como el virus chino con la advertencia de que si China tuviera que tomar represalias implementando un control estratégico a los productos médicos y prohibiendo su exportación a EEUU, este pa.s se hundiría en un océano de coronavirus”.

Así que, de momento, estamos en manos de China, al menos, hasta que el resto del mundo no sea capaz de producir los componentes médicos que necesita. Los que necesitamos. Por no hablar del resto de cosas que producimos allí. Porque es más barato. Pero ya sabemos que lo barato puede salir caro.