Covid-19: ¿deben ir sin tapaboca los alumnos en clase de educación física?

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Escuela; barbijo; colegio; niños; niñas; gimnasia; sociedad
Marcelo Aguilar

Irene cuenta que sus dos hijas, de ocho años, alumnas de un colegio público de Valencia, solo se quejan de la tapaboca cuando tienen que correr con ella. “Me dicen: ‘Mamá, me ahogo’. No le veo sentido a que fuera de los centros educativos cada vez hagamos más cosas sin el barbijo y en las clases de Educación Física al aire libre tengan que usarlas”. Muchas familias hacen la misma reflexión y algunas, en un número que según fuentes educativas no es de momento muy significativo, han presentado escritos en sus centros y apoyado campañas digitales para pedir que niños y adolescentes puedan dejar de llevarla cuando hacen gimnasia.

Los expertos consultados por El País están de acuerdo en que se la quiten siempre que se cumplan una serie de condiciones: que el deporte se practique al exterior, se mantenga cierta distancia y el nivel de contagios sea similar al actual (69 casos por cada 100.000 habitantes en los últimos 14 días, según datos del viernes) o mejor. Las comunidades mantienen regulaciones diferentes al respecto.

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Solo cuatro autonomías ―Andalucía, Comunidad Valenciana, Canarias y Castilla y León― obligan a usar siempre el barbijo en clase de Educación Física. Tres ―País Vasco, Murcia y Asturias- permiten que los alumnos se la quiten en muy pocas situaciones. Mientras que las otras 10 tienen reglas dispares, pero más permisivas: en general contemplan que los alumnos hagan deporte sin ellas al aire libre cuando el esfuerzo es intenso y estén a más de 1,5 metros de distancia, aunque la forma en que están redactadas sus normativas deja en casi todos los casos la última palabra a los centros.

Protocolo de referencia

El protocolo de prevención de contagios en centros educativos, diseñado por el Gobierno y aprobado por la Comisión de Salud Pública al principio del verano, que es el documento que ha servido de referencia a las normas fijadas por las autonomías, abre la puerta a que los alumnos hagan deporte sin mascarilla de forma cautelosa: “En actividades al aire libre controladas en las que el alumnado respeta la distancia de 1,5 metros, se podrá valorar no usar el barbijo durante esa actividad, sujeto a su vez a la evolución de la situación epidemiológica”.

José Antonio López, virólogo del CSIC, y el pediatra y epidemiólogo Quique Bassat coinciden en que dada la elevada cobertura de vacunación (76,4% de la población general y 72,1% en la franja de 12 a 19 años, con datos de este jueves) y el actual nivel de contagios, es razonable permitir que los alumnos hagan deporte sin cubrebocas. “Sobre todo porque es una medida reversible, que debería ser objeto de un seguimiento exhaustivo”, dice López.

Salvador Peiró, portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública, está de acuerdo, aunque subraya que nos movemos en un escenario nuevo en el que, además de contar con muchos vacunados, circula la variante delta, más infectiva. “En cualquier caso no obligamos a nadie a llevar mascarilla al aire libre, teóricamente, respetando distancia. Y creo que, más por coherencia que porque tengamos mucha evidencia, tocaría aplicar la misma regla”. En poblaciones con alta incidencia o en centros educativos donde se detecten casos, Peiró aboga, en cambio, por ser “más exigente”. “En los colegios estas estrategias finas son más fáciles de implementar que en otros lados”.

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El ánimo en la escuela ha cambiado mucho respecto a hace un año, cuando el desconocimiento sobre la pandemia generaba una gran tensión. En Educación Física, la mayoría de las clases son al aire libre, lo que las hace más seguras, pero al hacer ejercicio las personas expelen más partículas potencialmente virales. “Fue muy duro, pero ahora se ve distinto”, afirma Mónica Aznar, que da clases de la asignatura en un instituto de secundaria aragonés, forma a docentes en la Universidad de Zaragoza y es vicepresidenta del Consejo General de la Educación Física y Deportiva. Aznar también cree que al aire libre los alumnos deben poder quitársela cumpliendo una distancia de “como mínimo un metro”. “Prácticamente toda la programación se puede hacer manteniendo esa distancia de seguridad”.

Intensidad moderada

La docente añade que hay “muchos estudios, contradictorios, sobre si la práctica de ejercicio físico intenso [con mascarilla] provoca hipoxia” (déficit de oxígeno). Pero Javier Molina, catedrático de la Escuela de Magisterio en la Universidad de Valencia especializado en Educación Física, afirma que, hasta donde él sabe, las clases de primaria y secundaria no conllevan hoy día intensidades altas. “No se les hace correr sin más [durante toda la hora]. Son clases programadas con objetivos como el desarrollo de la motricidad, la expresión corporal y, por tanto, el barbijo no está generando problemas”.

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Al margen de las reglas formales, la realidad a pie de centro es que, allí donde el barbijo sigue siendo obligatoria, una parte de los profesores están siendo más comprensivos que el año pasado con los alumnos que se la bajan en clase de gimnasia. Así lo ha comprobado Pedro Molina, presidente de los directores de institutos públicos de Sevilla: “Sé que hay profesores que no están siendo excesivamente exigentes a la hora de hacer ejercicio en el patio, y no lo veo mal. Los chicos están al aire libre, no están unos encima de otro y, por tanto, no hay tanto problema”.

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