Covid-19: con qué frecuencia las vacunas contra el coronavirus pueden causar problemas cardíacos en los chicos

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Los especialistas recomiendan que los padres vacunen a sus hijos y que los riesgos de la inoculación son mínimos
Los especialistas recomiendan que los padres vacunen a sus hijos y que los riesgos de la inoculación son mínimos

NUEVA YORK.- Los científicos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) están revisando los datos que vinculan la vacuna contra el coronavirus de Moderna y un infrecuente problema cardíaco en adolescentes, según informó la empresa el domingo pasado. Se trata del mismo efecto colateral –la miocarditis, una inflamación del músculo del corazón– que preocupa a los asesores que están debatiendo el uso del producto de Pfizer-BioNTech en niños y adolescentes. Los expertos de los CDC empezaron a analizar los datos más recientes y luego decidirán si recomiendan la aplicación de esta última vacuna a niños pequeños.

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En realidad, ¿qué tan frecuente es la miocarditis? ¿Deberíamos preocuparnos a la hora de vacunar a los chicos?

Absolutamente no, dicen numerosos especialistas que han analizado los estudios más recientes. Si bien las vacunas fabricadas por Pfizer-BioNTech y Moderna parecen efectivamente asociadas con un aumento del riesgo de miocarditis, el peligro absoluto sigue siendo ínfimo, y la inmensa mayoría de los casos son leves y se resuelven rápidamente.

No hay que enfocarse en casos aislados, porque entonces uno realmente se asusta”, dice el doctor Brian Feingold, experto en inflamación cardíaca del Hospital de Niños del Centro Médico de la Universidad de Pittsburgh.

Pero el Covid-19, advierte Feingold, es mucho más proclive a dañar de manera permanente el corazón: “Y desde el punto de vista estadístico, es infinitamente más probable.”

La afección

La miocarditis suele ser producto de una infección viral o bacteriana, y puede causar arritmia, dolor en el pecho y falta de aire, entre otros síntomas. A nivel mundial, cada 100.000 habitantes hay entre 10 y 20 que desarrollan esta afección anualmente, pero en muchos casos los síntomas son leves y no son diagnosticados.

Desde el inicio de la pandemia, decenas de miles de niños fueron hospitalizados por Covid, y en los Estados Unidos murieron 657 de ellos, según datos recolectados por los CDC.

Algunos chicos contagiados pueden desarrollar Covid largo y seguir enfermos durante meses, ya pasada la infección inicial, y otros pueden sufrir Síndrome Inflamatorio Multisistémico, que ya ha afectado a más de 5200 niños en los Estados Unidos.

Aunque el riesgo de miocarditis después de la vacunación es real, “esos otros números son más altos e igualmente reales”, dice Feingold.

La incidencia de la miocarditis varía según la edad, el sexo y la dosis, y también fluctúa entre un estudio y otro. Pero hasta el momento la tendencia sugiere que las posibilidades de desarrollarla son mayores después de la segunda dosis de una vacuna de ARNm en pacientes varones de entre 16 y 29 años.

Hay aproximadamente 11 casos de miocarditis por cada 100.000 pacientes varones vacunados de esa franja etaria, según estimaciones de un estudio. Las posibilidades de sufrir la afección disminuyen con la edad.

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Pfizer

Los datos sobre adolescentes de entre 12 y 15 años son escasos, porque hace muy poco que la vacuna de Pfizer fue autorizada para ese grupo etario. Hasta ahora, sin embargo, las cardiopatías posvacunación parecen menos frecuentes en chicos de esas edades que en varones mayores, dice el doctor Paul A. Offit, director del Centro de Educación en Vacunas del Hospital de Niños de Filadelfia. Esa distribución etaria es similar a la que se observa entre pacientes con miocarditis producto de una infección viral, indica el especialista.

El comité científico asesor de la Administración de Medicamentos y Alimentos de Estados Unidos (FDA), que también integra Offit, se reunió la semana pasada para analizar la seguridad de la vacuna de Pfizer-BioNTech en niños de entre 5 y 11 años, y finalmente votó a favor del uso de esa vacuna en esa franja.

“La miocarditis suele ser un fenómeno pospuberal”, explica Offit. “Eso me tranquilizó, porque me dio cierta seguridad de que no tendremos sorpresas desagradables, como un aumento de la miocarditis en los niños más pequeños tras ser vacunados”, completa.

Casos

Pero esa tranquilidad tal vez no sea suficiente para algunos padres. Jeff Gustin, genetista de plantas del Departamento de Agricultura de Estados Unidos, dice que él y dos de sus hijos sufrieron aceleración del ritmo cardíaco después de recibir la vacuna Pfizer-BioNTech.

Sus hijos adolescentes se recuperaron rápidamente, pero Gustin, de 42 años, sigue sintiendo que el corazón le late con fuerza, sobre todo cuando se acuesta. Ahora está considerando que su refuerzo sea de la vacuna de Johnson & Johnson, y no de los fármacos de tecnología de ARNm de Pfizer o Moderna.

Además, teniendo en cuenta los antecedentes familiares, no se atreve a vacunar a su hijo menor, que tiene 11 años, salvo que el distrito escolar se lo exija para asistir a clases.

Pero algunos casos de miocarditis posvacunación, como los hijos mayores de Gustin, simplemente llegan a detectarse, porque hay un intenso seguimiento de los efectos de las vacunas, señala James de Lemos, cardiólogo del Centro Médico de la Universidad del Sudoeste de Texas en Dallas, que fue uno de los primeros en informar casos, en enero pasado.

Lemos agrega que la miocarditis vinculada con la vacunación es mucho menos frecuente y grave que la que sufren los enfermos con Covid. Además, esta afección cardíaca luego de la inoculación no parece dejar secuelas a largo plazo.

El coronavirus puede infectar tanto el músculo cardíaco como su revestimiento de vasos sanguíneos, exponiendo al corazón y a otros órganos a una lesión potencialmente irrecuperable. El Covid también puede debilitar el órgano al punto de que el enfermo necesite un trasplante, o incluso causar daños letales.

Por el contrario, la miocarditis observada después de la vacunación es leve y transitoria. “No digo que no sea preocupante, pero rara vez pone en peligro la vida del paciente”, concluye Lemos.

(Traducción de Jaime Arrambide)

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