Costa Rica endurece lucha contra drogas

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LIBERIA, Costa Rica (AP) — Un viernes reciente por la mañana, en un flamante aeropuerto internacional de Costa Rica, cientos de turistas procedentes de Nueva York y Minnesota descendieron de su avión por la escalerilla bajo los intensos rayos del sol. En el otro extremo de la pista, ocho estadounidenses se pusieron sus trajes de vuelo para abordar un avión de vigilancia.

Con el rugir de sus cuatro hélices, el Orion P3 sobrevoló los hoteles y clubes playeros de la costa del Pacífico. Su radar buscaba lanchas veloces cargadas con cocaína cuyo destino sería Estados Unidos. En las pantallas empezó a titilar un punto justo al norte de las aguas panameñas. El avión descendió hasta 300 metros (1.000 pies) y pasó sobre una pequeña embarcación pesquera costarricense. Con una cámara digital equipada con un poderoso teleobjetivo, uno de los militares veteranos tomó una secuencia de fotos. Un colega comunicó por radio a Estados Unidos los detalles del bote.

Este próspero paraíso de playas soleadas y bosques protegidos se está involucrando sin reservas en la lucha estadounidense contra las drogas a medida que una avalancha de embarques de cocaína y un aumento en la delincuencia erosiona la orgullosa sensación de sentirse aislados de los problemas que acosan al resto de Centroamérica. Los niveles de delincuencia aquí son de los más bajos de la región, pero muchos costarricenses temen incluso la más remota posibilidad de que su país pueda parecerse a México, Honduras o Guatemala, donde el poder de los cárteles de la droga y la delincuencia común atemorizan a millones de personas.

En 1948, Costa Rica abolió el ejército para inyectar dinero en educación, programas sociales y preservación ambiental. Como consecuencia, dicen las autoridades costarricenses, el país cuyo lema nacional es "pura vida" no está muy bien equipado para combatir a los violentos y bien apertrechados cárteles mexicanos del narcotráfico. Para ayudarle, Estados Unidos patrulla sus cielos y aguas, y suministra millones de dólares en entrenamiento y equipo. El gobierno costarricense, a su vez, ha lanzado una batalla enérgica contra la delincuencia respaldada por una transformación radical de sus sistemas policial y judicial.

"Costa Rica es hoy lo más cercano a un protectorado de Estados Unidos en Centroamérica", afirmó Sam Logan, director de Southern Pulse, una firma de análisis centrada en Latinoamérica.

Hartos del delito, muchos costarricenses ven con buenos ojos el cambio. Una diversa gama de delitos graves ha experimentado un agudo repunte en Costa Rica durante la última década, aunque algunos otros, como el homicidio, han empezado a bajar.

"La seguridad en general va para atrás, uno no anda uno en paz en la calle, no está en paz en la casa, en ningún lado, y por experiencia propia sé que la policía no es más que un desperdicio de recursos", dijo Roberto Arce, un estudiante universitario de 23 años.

Pero un grupo reducido de críticos teme que la ordenada y profundamente democrática nación conocida como "la Suiza de Centroamérica" pudiera estar perdiendo aspectos fundamentales de su identidad si aplica su propia versión de las políticas de mano dura características de la región.

"La lucha de Estados Unidos contra las droga, militarizándola, utilizando la violencia, sobre todo en el caso de Colombia y México, no ha dado resultados", afirmó Carmen Muñoz, una legisladora que supervisa asuntos de derechos humanos y seguridad nacional para el partido opositor Acción Ciudadana. "Tenemos un temor enorme de que cada vez más se pretenda militarizar también en Centroamérica la lucha contra el narcotráfico".

En años recientes, Costa Rica se ha convertido en una base de almacenamiento y empaquetado de drogas procedentes de Colombia que después son enviadas a México y Estados Unidos, dicen funcionarios estadounidenses. Las investigaciones han confirmado la presencia de algunos de los carteles mexicanos más temibles, como la Familia Michoacana, el Cártel de Sinaloa y el Cártel del Golfo, dijo Mauricio Boraschi Hernández, comisionado antidrogas de Costa Rica. La policía también sospecha la presencia de grupos aliados con los Zetas, el brutal cártel paramilitar al que se atribuyen algunas de las masacres más atroces en México.

El papel creciente de Costa Rica en el narcotráfico internacional ha fomentado el crecimiento de mercados locales de la droga, organizaciones delictivas y delitos que van del homicidio al hurto, dicen las autoridades.

Los niveles delictivos del país siguen siendo los segundos más bajos de Centroamérica, después de Nicaragua, y si bien el turismo no se ha visto afectado, la preocupación de los costarricenses por el delito es muy elevada: la organización regional Latinobarómetro detectó el año pasado que los costarricenses tienen la segunda impresión de inseguridad más elevada de Latinoamérica, sólo superada por Venezuela.

"Tenemos un problema serio", dijo Carlos Alvarado Valverde, jefe del Instituto Costarricense sobre Drogas, un organismo gubernamental encargado de coordinar las políticas nacionales contra las drogas.

"No sólo están observando cómo el mercado interno de consumo de drogas crece, sino cómo los jóvenes son cada vez mayormente reclutados para el delito de narcotráfico", apuntó. "No solo estamos hablando del problema del consumo, estamos hablando de verdaderas organizaciones delictivas nacionales dedicadas a esto", agregó.

En respuesta, el gobierno conservador de Costa Rica ha propuesto la expedición de leyes que faciliten las escuchas telefónicas y la confiscación de bienes de sospechosos, así como agilizar la aprobación al atraque de barcos de guerra estadounidenses en puertos nacionales. La presidenta Laura Chinchilla también desea revocar la añeja medida que prohíbe la extradición de costarricenses para que les someta a juicio.

A la par de la lucha que mantiene Costa Rica, Estados Unidos capacita a las autoridades del país centroamericano para que detecten drogas y lavado de dinero.

Washington provee a Costa Rica diverso equipo, desde gafas para visión nocturna hasta un satélite de dos millones de dólares y una estación de comunicaciones en la costa del Pacífico, enlazada al mando antinarcóticos en Cayo Hueso. Estados Unidos canalizó a Costa Rica más de 18,4 millones de dólares en seguridad directa el año pasado.

Logan dijo que Estados Unidos tiene vínculos más profundos con Costa Rica que con cualquier otro país centroamericano que reciba asistencia financiera y de seguridad de Washington. Los nexos incluyen cientos de millones de dólares en ingresos anuales por turismo y cantidades millonarias en inversiones en bienes raíces, en particular en casas para retiro y vacaciones. Además, la ausencia de ejército en Costa Rica vuelve a este país dependiente en particular de la asistencia estadounidense en aspectos de seguridad, afirmó.

"Son, y siguen siendo, los Estados Unidos los mejores aliados que tenemos; nosotros nos hemos vuelto de alguna manera, creo, en un buen socio; hay confianza", dijo Boraschi.

Estados Unidos ha financiado la construcción de dos estaciones para guardia costera en el Pacífico y donó dos nuevas lanchas patrulleras valuadas en 1,8 millones de dólares. Financió el adiestramiento de la policía costarricense con fuerzas para operaciones militares especiales de América Latina durante los ejercicios anuales que dirige el Comando Sur de Estados Unidos. También canalizó más de 500.000 dólares para ayudar a construir una red cibernética policial que elabore mapas de la delincuencia y a la que la embajada estadounidense comparó con el sistema CompStat, al que se atribuye parcialmente que el Departamento de Policía de Nueva York haya reducido la delincuencia a sus niveles más bajos.

Un experto federal en lavado de dinero y perteneciente al Departamento del Tesoro de Estados Unidos colabora con la fuerza policial costarricense, y ayuda en la capacitación de sus agentes para luchar contra recursos de procedencia ilícita.

Las autoridades afirman que sus acciones contra el narcotráfico han redundado en un mayor número de arrestos y de decomisos de drogas, aunque también reconocen que esta tendencia ascendente podría deberse a un crecimiento del volumen de drogas que ingresa en el país.

Los decomisos de cocaína se han incrementado y alcanzaron en 2012 las 15 toneladas métricas, aunque la cantidad ha registrado altibajos en el correr de los años. El número de organizaciones narcotraficantes que Costa Rica afirma haber desmantelado se duplicaron de 2006 a 2012. En este último año fueron golpeados 110 grupos traficantes locales e internacionales.

La población carcelaria de Costa Rica aumentó más de 50% de 2006 a 2012 debido a que se pusieron en marcha juicios expeditos para los sospechosos detenidos en flagrancia. Costa Rica tiene ahora la tercera tasa de encarcelamiento más alta de América Central, después de El Salvador y Panamá.

Muchos de los enviados a prisión por la lucha antinarcóticos en Costa Rica son retenidos por delitos relativamente menores.

Vanessa Jiménez Monge, de 34 años y madre de tres menores, fue sentenciada a ocho años de cárcel por cargos de posesión de drogas luego de que la policía allanara la vivienda que ella compartía con su hermano, quien traficaba con crack y marihuana.

Después de un año tras las rejas, Monge expresó confianza en salir en poco menos de dos años por buena conducta. El gobierno se hizo cargo de la custodia de sus hijos.

"Lo de mis hijos ha sido la peor pesadilla, que ellos estén casi institucionalizados igual a mí", apuntó.

La directora de la prisión donde se encuentra Jiménez se ha convertido en una detractora insólita de las políticas estrictas de Costa Rica tras observar que se ha duplicado la población que ella supervisa en los seis años que ha estado en cargo. La mayoría de los reclusos fueron detenidos por delitos relacionados con las drogas.

"Vamos a poner más penas; según ellos, esa es la solución", dijo Mariela de los Angeles Chaves. "Eso no viene a relevar la presión".

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El periodista de The Associated Press César Barrantes, en San José, Costa Rica, contribuyó a este despacho.

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