La historia real de corrupción de Collective: decenas de muertos por infecciones en hospitales rumanos

Javier Taeño
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El 30 de octubre de 2015 un concierto de hardcore en la discoteca Colectiv de Bucarest (Rumanía) terminó en tragedia. Durante la actuación de la banda Goodbye to Gravity y su espectáculo pirotécnico, la sala entera comenzó a arder. 

Cientos de personas intentaron escapar por la única salida del local. Murieron 27 personas y 180 resultaron heridas. Pero esta no iba a ser la cifra definitiva de fallecidos, ya que en los siguientes meses ascendió a 65. Como telón de fondo un grave escándalo de corrupción en los hospitales con el conocimiento y la connivencia de las autoridades.

Imágenes de dolor tras el incendio de la discoteca Colectiv en 2015. (DANIEL MIHAILESCU/AFP via Getty Images)
Imágenes de dolor tras el incendio de la discoteca Colectiv en 2015. (DANIEL MIHAILESCU/AFP via Getty Images)

Este es el punto de partida de la película documental Collective, de origen rumano y que ha tenido dos nominaciones a los Oscars 2021 (Mejor película extranjera y Mejor Documental), aunque no ha tenido éxito con ninguno de los dos galardones.

Pero más que ser una película exitosa se ha convertido en todo un ejemplo de investigación periodística que saca a la luz prácticas delictivas de los hospitales que además intentaron ser tapadas por el Gobierno con informes falsos.

Tras el desgraciado accidente, que puso de relieve la falta de medidas de seguridad en el ocio nocturno para impedir este tipo de tragedias y que causó una gran conmoción social, el foco se fijó en los centros hospitalarios.

Y es que otros 37 afectados por el incendio fueron muriendo por infecciones bacterianas (la víctima 38 fue por suicidio). Muertes que lógicamente se podían haber evitado con una buena atención y que escapaban a la normalidad. ¿Qué estaba pasando? Es lo que se preguntó el periódico deportivo Sports Gazzette, que empezó a tirar del hilo y cuya investigación aparece reflejada en el documental.

Lo que descubrieron los periodistas fue que el desmantelamiento de los servicios sanitarios había llegado hasta el punto de que los desinfectantes estaban diluidos. Con el objetivo de reducir costes, estos productos no servían para tratar las infecciones bacterianas de los pacientes. 

Una irresponsabilidad que hacía que los hospitales rumanos no estuvieran preparados para atender quemaduras graves. Una irresponsabilidad en definitiva que se acababa de convertir en homicidio y que salpicaba a todo el sistema de la atención médica rumana tras décadas de corrupción sistémica.

Y es que hacía diez años que se habían licitado esos desinfectantes diluidos a 350 hospitales estatales. Más allá de las muertes, el documental muestra una imagen difícil de ver: gusanos arrastrándose sobre una herida abierta de una de las víctimas de las quemaduras. 

Incluso un médico llegó a señalar tras el incendio que la situación era una “bomba biológica”, mientras que las autoridades echaban balones fuera y afirmaban que la atención de los afectados sería similar a la que tendrían en Alemania.

Protestas en Rumanía tras el incendio del Colectiv. (AP Photo/Vadim Ghirda)
Protestas en Rumanía tras el incendio del Colectiv. (AP Photo/Vadim Ghirda)

“Me sorprendió. No podía creer el nivel de corrupción de nuestro país”, revela en una entrevista a AP Tedy Ursuleanu, una de las personas heridas en el club nocturno que ha terminado sobreviviendo. Este hombre ha vivido una larga recuperación al mismo tiempo que iba conociendo las prácticas de un sistema fuertemente politizado al que se le han ido quitando recursos con los años.

“Mi vida cambió mucho después del incendio, especialmente los primeros tres años. Tuve un montón de operaciones, la mayoría de ellas en mis brazos, pero también en mi cara y mi garganta… Prácticamente tuve que aprender durante los últimos cinco años a usar mis brazos de manera independiente, a cuidarme, muchas cosas cambiaron", señala.

¿Cuál fue la respuesta de las autoridades? Intentar tapar el escándalo emitiendo informes falsos del Ministerio de Sanidad que terminaron siendo desenmascarados por los periodistas, que continuaron adelante con su trabajo pese a las presiones y las amenazas.

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Así está el escándalo

Sin embargo, cinco años después, todavía no se ha hecho justicia. Aunque las protestas callejeras terminaron derrocando al Gobierno y hay 13 personas que ya han sido condenadas, lo cierto es que todavía nadie está cumpliendo la sentencia, ya que el caso se encuentra aún en periodo de apelaciones.

Ninguna de las víctimas ha recibido compensación del estado rumano por el hecho de que sus vidas fueran destruidas por la corrupción y las instituciones estatales. Tal y como señala el director de Collective, Alexander Nanau, “los médicos, el ministro de Sanidad en ese momento o los funcionarios de la atención médica deberían enfrentarse a juicios”.

Un escándalo que se sitúa en Rumanía, pero que es un aviso a nivel global de que la reducción de servicios públicos necesarios tiene consecuencias tan graves como la muerte en la salud de los ciudadanos. Además, actúa como recordatorio de que la lucha contra la corrupción pública es un desafío en cualquier democracia.

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