Coronavirus. WhatsApp y abrazos virtuales: el desafío de ayudar a distancia a los chicos del Barrio 31 de la ciudad

Belisario Sangiorgio

Hubo un mundo distinto antes del coronavirus. Uno en el que, cada sábado a primera hora, estudiantes universitarias de la Argentina y otros países se reunían en los alrededores de la terminal de ómnibus de Retiro. Ellas, y algunos hombres, usaban ese punto de encuentro para luego ingresar en pequeños grupos al Barrio 31, dispuestos a ayudar. Los unía -los une- el nombre con el que se identifican, toda una declaración de principios: se llaman "Acción Social". Caminaban cerca de tres kilómetros, tomando mate, saludando a los vecinos. En sus bolsos llevaban café, té y alimentos para improvisar un desayuno comunitario. Luego, llegaban hasta un inmenso polo cultural edificado en el corazón del barrio. Se trata de una zona no sólo afectada severamente por la pobreza, sino también por la violencia de al menos dos grupos de narcotraficantes que han regado con sangre los pasillos durante mucho tiempo en las disputas por el control de la venta de drogas. Allí iban, con sus manos tendidas y su convicción de dar. Hasta que el mundo entró en pausa. ¿Cómo reconvertirse?

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En ese enorme polo cultural -un imponente galpón blanco que se pierde bajo la autopista y está subdividido en aulas- los voluntarios sostuvieron sin financiamiento de ninguna institución y durante casi una década actividades educativas, de apoyo escolar y social para chicos de entre 6 y 15 años. Tanto la cantidad permanente de alumnos, como las dificultades de aprendizaje de los niños y las planillas que se completaban cada fin de semana en las aulas -con inscripciones nuevas- confirmaban que el grado de evolución intelectual de la población joven en esta zona se ve aletargado por problemas estructurales, irresueltos.

Según datos oficiales del último informe sanitario -fechado el 2 de junio- en el Barrio 31 hay 1.498 casos confirmados de coronavirus. Por eso, ante el avance de la pandemia en los barrios populares, los voluntarios de Acción Social tuvieron que reorganizarse. Explican que es en este momento de aislamiento social obligatorio, sin clases en las escuelas, cuando los niños mayor apoyo educativo necesitan. En esa línea, y en una investigación publicada por este diario pocos días atrás, especialistas expertos tanto en pedagogía como en desarrollos tecnológicos educativos coincidieron en que casi el 40% de los estudiantes de los niveles primario y secundario del país quedarán en desigualdad de condiciones para avanzar en el aprendizaje fuera de las aulas.

En el Barrio 31 es donde más casos positivos de coronavirus se registraron, seguido por el Barrio 1-11-14 con 762 contagios, y el Barrio 21-24, con 295 infectados. En medio de esta situación, los voluntarios de Acción Social entraron en un proceso de reorganización, para trasladar las clases a las plataformas virtuales. Y esta tarea, que no les resultó para nada simple, cristaliza y permite analizar también lo que sucede o sucederá en otros territorios similares.

En un reportaje con LA NACION, tres coordinadoras de Acción Social -Anaëlle Neffa, Tiare Tombolini y Julieta Margulis- explicaron cómo fue el proceso de reconversión de las actividades educativas y los desafíos que es necesario enfrentar para que el aprendizaje de los pequeños no se detenga: "Lo que nos impulsó a continuar con el apoyo escolar y llevarlo a una modalidad virtual por la pandemia fue el contacto continuo que tuvimos con las familias y alumnos del barrio todo este tiempo. Nos veíamos todas las semanas. Conversando con las familias, ya durante la pandemia, juntos llegamos a la conclusión de que tenían la necesidad urgente de recibir apoyo escolar".

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"En muchos casos -continuaron Neffa y Tombolini- vimos que había alumnos que no podían acceder a las clases por ejemplo través de la aplicación Zoom, pero tampoco podían acceder a contenido teórico. Hay personas que no pueden acceder a computadoras, o internet. Eso dificultaba que tengan clases con los profesores de sus escuelas ni puedan acceder fácilmente a contenidos. La única forma que encontraron los docentes de seguir el proceso educativo fue mandando tareas que los niños no pueden resolver porque no pueden acceder a los contenidos teóricos, ni conocimientos para poder hacer esas tareas".

Y agregaron: "Hay padres que no los pueden ayudar, porque trabajan todo el día o porque no tienen -tampoco- los conocimientos necesarios para materias como física o química. Pero, a pesar de todo, muchas familias nos informaron que tenían la voluntad para evitar que el proceso educativo de sus hijos se detenga, a pesar de la pandemia. Y fue ese el momento en el que decidimos buscar una forma de trabajar juntos en este contexto para que los niños sigan el recorrido escolar".

Organización frente a la pandemia

La expansión del virus en el Barrio 31 forzó a la reorganización del espacio de apoyo escolar de Acción Social. Charlas, debates, ideas. Al respecto, las coordinadoras dijeron: "Después de varias reuniones y diálogos con las familias, coincidimos en que la forma más fácil, simple y accesible era seguir con el apoyo a través de la red social WhatsApp. ¿Por qué? Porque es gratuita, consume pocos datos y no es necesario una red wifi para conectarse. También tiene la opción de llamada o videollamada, para facilitar el intercambio entre las voluntarias y los alumnos".

"Así -explicaron- abrimos un nuevo proceso de reclutamiento de estudiantes universitarios avanzados y coordinamos la asignación de voluntarios con las familias. Tenemos actualmente 80 alumnos y 60 voluntarios. Esta modalidad nos permitió expandir el alcance el apoyo escolar. Algunos alumnos tienen internet o computadoras, y con ellos trabajamos con Zoom o Google Meet. Es muy reciente y estamos aprendiendo a medida que todo sucede. Pero la mejor forma de continuar con el aprendizaje a distancia es fijar horarios semanales. Y se lo ayuda en la tarea, le explicamos temas que no fueron explicados. Básicamente, estamos resolviendo muchas tareas, porque de esa forma los docentes de las escuelas siguieron el desarrollo de los alumnos".

Según informó el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, en villas y barrios marginales murieron hasta ahora 35 personas, mientras que el acumulado de contagiados escaló a 4.126. El Barrio 20, ubicado en Villa Lugano, es el que menos casos de infectados registra, con 79 hisopados de resultado positivo.La letalidad del virus en esos barrios es de 0,82%.

Sin embargo, en medio de la pandemia y la organización veloz de nuevas modalidades educativas, surgen también novedades favorables y patrones que quedarán como herencia de un problema no sólo complejo sino impredecible. "Con la modalidad virtual pudimos expandirnos. Antes éramos 20 voluntarios con 30 alumnos. La facilidad de tener clases a través del celular facilitó la incitación a que cada vez más voluntarios se puedan sumar. Otro aspecto positivo es que por la regularidad de las clases, de los encuentros semanales, el vínculo con los alumnos continúa reforzándose aunque no vayamos al barrio", detallan las voluntarias.

Hay más avances: "El intercambio educativo no se detuvo. Si surgen dudas por parte de los chicos, se responden de forma casi inmediata. El contacto es continuo y las clases son más largas que cuando realizábamos apoyo escolar presencial. Tenemos tiempo para charlar, se genera espacio para intercambiar, para saber cómo está emocionalmente, reirse un poco, y disfrutar de la compañía aunque sea virtual".

¿Y las desventajas? Son dos, principalmente: la falta de contacto directo lleva a buscar recursos creativos para perfeccionar las explicaciones clases. Y están los problemas de conectividad digital, porque se trata de una población de alta vulnerabilidad social. A pesar de que el intercambio se dificulta, hay una fuerte voluntad de todas las partes para sobrepasar los obstáculos: "Que ellos puedan aprender mientras son escuchados", es el objetivo.

Antes y después del Covid-19

Tiare Tombolini, coordinadora de Acción Social, transmite energía desde sus ojos azules. Está al frente de un grupo numeroso de voluntarios y alumnos. Su fuerza se nota en la mirada. Es la principal responsable de la seguridad y el aprendizaje de los niños. "Surgimos como un grupo de jóvenes y estudiantes, con la misión y el objetivo cambiar la realidad actual en la que hay muchas injusticias. Nos hicimos conscientes de nuestros privilegios y de que somos agentes de cambio", se planta, convencida.

"La dinámica de nuestro apoyo no es dar una clase. Damos contención emocional y brindamos un espacio de seguridad y comodidad para chicos que necesitan conocer la existencia de realidades diferentes. A veces, en las escuelas les enseñan a sumar y restar como si los niños fueran robots, pero se olvidan de la contención emocional. Lo primero que hacemos nosotras es desayunar, conversar, saber cómo están, para que se distiendan. Las voluntarias también asimilamos muchísimos aprendizajes", agrega Tombolini, quien detalló que se conformó al ritmo de la pandemia una red de instituciones y grupos de trabajo que actúan en el barrio y que -en este contexto- mantienen contacto y asistencia conjunta permanente.

"A través de una base de datos de 300 alumnos, tomamos contacto con los vecinos del barrio, con padres y alumnos. Así fueron confirmando su voluntad de recibir apoyo escolar digital. La ventaja que vemos es que podemos lograr un espacio de relación única entre alumno, voluntarias y voluntarios. Notamos que con esta modalidad se genera un vínculo fructífero, lindo, que refuerza la confianza con los chicos, que no siempre se animan a pedir ayuda", explica Tombolini.

La modalidad de las clases virtuales es muy variable: hay familias que tienen computadoras, otras no; hay familias que comparten un mismo celular, inclusive hay alumnos que ni siquiera tienen datos en el celular. "Nos parece muy triste que haya chicos con los que aún no pudimos contactarnos, y percibimos en este sentido que hay poca presencia estatal. La educación no es igual para todos. En un contexto de pandemia, sin tecnología, es imposible acceder a la educación. Los colegios estatales están desbordados por este problema y no hacen seguimientos ni brindan contención. En las escuelas primarias la situación es terrible" detalla.

"Es un estrago que haya niños que deban generar y transitar en solitario todo el proceso de educación con los cuadernillos de tarea que le llegan de la escuela. Tenemos alumnos con padres que no terminaron la escuela primaria, y hay muy pocos docentes de escuelas que están dando clases virtuales. La realidad está transversalmente atravesada por otras problemáticas como la alimentación o el acceso a viviendas dignas.La situación es compleja y las familias tienen prioridades como acceder al agua y protegerse del coronavirus como puedan. El barrio está en estado de emergencia. Trabajamos día a día", concluye Tombolini. Tan didáctica como decidida: en tiempos más difíciles que nunca, ella sabe que lo que hacen tienen un valor imposible de cuantificar. Intangible.