Coronavirus: los últimos vuelos al corazón de la pandemia

Iñaki Landívar

En un día normal en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, si un agente de Migraciones preguntara cuáles de los viajeros que hacen la fila son argentinos, muchos levantarían la mano, ansiosos por comenzar un tour por Europa o un viaje familiar a Miami.

Pero el domingo pasado por la mañana, a solo horas de que entrara en vigor la suspensión de vuelos al exterior dispuesta por el gobierno nacional para evitar una mayor propagación del nuevo coronavirus , solo unos pocos responden, entre ellos este cronista, a punto de comenzar un viaje de trabajo en Alemania. La mayoría son extranjeros que buscan volver a sus países y evitar quedar varados sin saber por cuánto tiempo en la Argentina.

En la zona de embarque, la sensación de los que esperan es difícil de precisar. Mientras una madre limpia repetidas veces las manos de sus hijos con una cantidad excesiva de alcohol en gel, varios adolescentes se ponen barbijos solo para sacarse una selfie. Mientras unos se saludan con el codo, otros no tienen el menor problema en dar un abrazo.

Pero si hay algo que se puede escuchar claramente es el temor a los cierres fronterizos y la propagación de rumores, un teléfono descompuesto causado por un tuit o una nota leída superficialmente. Más de una vez los trabajadores del aeropuerto se ven obligados a explicar a pasajeros preocupados que la demora de un vuelo no implica que vaya a ser cancelado.

"Tengo que ir a Londres y de ahí a Munich. Me preocupa que Merkel [la canciller de Alemania] cierre las fronteras dentro de poco y deba quedarme durante meses en Reino Unido", cuenta un hombre que espera para embarcar.

Si bien el despegue de los aviones da un alivio a quienes temían no poder viajar, significa otra serie de problemas para los que son más conscientes de los peligros del virus, especialmente los adultos mayores y sus acompañantes, por lo que los cuidados son reforzados constantemente: las manos son esterilizadas, los barbijos ajustados, y el contacto con otros, evitado en la medida de lo posible.

Como si no tuvieran preocupaciones suficientes, una pasada por el pasillo de un vuelo rumbo a Londres deja en claro que la mayoría de los pasajeros que miran películas no eligen una opción "pochoclera"de las muchas ofrecidas, sino, curiosamente, Contagio, el film de 2011 que está atravesando una explosión de popularidad por la similitud con la situación actual.

Preguntas al otro lado del Atlántico

En el aeropuerto de Gatwick, ubicado a unos 45 kilómetros del centro de Londres, la situación es muy diferente a la de Ezeiza en dos grandes aspectos.

En primer lugar, los cuidados higiénicos en la enorme sala de espera de la Terminal Norte previa a las puertas de embarque, donde abundan restaurantes y comercios, son casi inexistentes. Apenas se ven barbijos, y, en muchos casos, ni siquiera son usados de forma constante.

Y segundo, con el panorama cambiando minuto a minuto, la incertidumbre respecto al estado de las fronteras europeas no corre solo por parte de los pasajeros, sino también por parte del personal de Migraciones del aeropuerto.

"¿Estás seguro de que la frontera con el país que querés visitar sigue abierta?". Esa es una pregunta que se escucha frecuentemente, al igual que otras como: "¿qué planeás hacer si se cierra antes de que salga tu avión?" y "¿tenés la plata suficiente para comprar un pasaje de vuelta?".

Ninguna pregunta es sobre cuestiones de salud, el contacto con potenciales infectados, sobre si uno experimentó síntomas del coronavirus, o si pertenece a un grupo de riesgo.

Hacia el centro de la pandemia

Mientras tanto, en un vuelo de las ocho de la mañana rumbo a Berlín, la poca cantidad de asientos ocupados permite a los pasajeros, casi todos alemanes, sentarse donde deseen.

Al tener tanta libertad, si en los otros aeropuertos un breve estornudo es suficiente para levantar miradas alarmadas, no es necesario detallar el efecto que tiene el ataque de tos de un hombre en este: en un abrir y cerrar de ojos, la persona más cercana se encuentra a seis asientos de distancia.

Esta conducta no es difícil de entender. Con más de 10.000 infectados y 20 fallecimientos hasta hoy -según datos del Instituto Robert Koch, el organismo alemán responsable del control y la prevención de enfermedades-, Alemania es uno de los países con mayor cantidad de casos de Covid-19. Y con el anuncio del cierre de fronteras de la Unión Europea, los miles de viajeros que quedaron varados fuera de Europa aguardan su repatriación.

La llegada al aeropuerto Schönefeld de Berlín evidencia la otra cara de la realidad que ya se percibía en Ezeiza. Las pocas personas presentes se encuentran ahí para recibir a sus seres queridos en lugar de viajar al exterior, y donde antes había incertidumbre, ahora, por el momento, hay alegría por el reencuentro. La preocupación por lo que ocurra en los siguientes días puede esperar un rato.