Coronavirus: vive con respirador artificial y ofrece prestar el que tiene como sustituto para ayudar en la pandemia

Pablo Lisotto

En tiempos de coronavirus y cuarentena obligatoria surgen gestos e historias que conmueven. Movilizan. Concientizan. Uno de esos casos es el que tiene como protagonista a Francisco Díaz Luzuriaga, que desde su hogar les ofrece a los centros de salud el préstamo de un respirador artificial.

"Es un préstamo y no un regalo, porque a veces lo preciso", le explica a LA NACION este periodista deportivo, que el próximo 26 de mayo cumplirá 30 años. Esa es la manera que, considera, puede darle una mano a la sociedad argentina ante esta situación inédita. "Es algo fundamental en esta crisis, que puede salvar muchas vidas y está en faltante", destaca. Los interesados lo pueden contactar a través de su perfil de Facebook.

Pero claro, no es cualquier respirador artificial. El que ofrece (modelo EOLE 3) es ni más ni menos que el que él transporta, a modo de resguardo, cada vez que viaja por la Argentina o por el mundo. Ocurre que Francisco nació con una atrofia muscular espinal que recién le detectaron a los dos años. Desde entonces y hasta los seis utilizó respirador solo por las noches. Pero sus pulmones ya no se mueven por sus propios medios desde los seis, cuando las frecuentes neumonías obligaron a toda la familia a tomar esa drástica decisión.

Paladín de la frase "lo imposible solo tarda un poco más", esa situación no le impidió estudiar. Primaria, secundaria y terciario. Se recibió de Bachiller Nacional con orientación en Ciencias Económicas en el colegio Champagnat y en 2010 de Técnico Superior en Periodismo Deportivo. A bordo de su silla de ruedas todoterreno, iba y venía por la sala de redacción de DeporTEA con absoluta autonomía, más allá de la compañía de su enfermero de entonces.

Escribía, escribe, las notas con la paciencia que requiere apretar en el teclado virtual de la pantalla de su computadora cada una de las letras de cada una de las palabras elegidas con la flechita del mouse. Lejos de justificarse por su enfermedad, jamás dejó de entregar un trabajo práctico. De hecho, sus docentes siempre lo destacaron como uno de los mejores alumnos de su camada.

Fanático de River, luce en sus redes sociales las postales que eternizan ese amor. Se lo ve junto a Marcelo Gallardo y varios integrantes del plantel millonario. O incluso celebrando algún título acostado sobre el césped del Monumental. Su pasión traspasó las instalaciones del club de Núñez. Viajó a varias provincias de la Argentina. Y también a Brasil. Incluso, llegó hasta Japón en 2015, para acompañar a su equipo al Mundial de Clubes. Se dio el lujo de ver en vivo a su River contra el Barcelona de Lionel Messi. Y muestra con orgullo una foto junto a Andrés Iniesta.

Se repite: nada es imposible para Francisco. Incluso, cuando el desafío es extremo para cualquier ser humano. En noviembre pasado decidió viajar a Perú a alentar al Millonario contra Flamengo, en la primera final a partido único de la historia de la Copa Libertadores. El resultado no lo acompañó, pero la experiencia no se la olvida más. "Fui con mi enfermero Julián, que es de Boca y mi mejor amigo, y su novia Giuliana. Fueron cuatro días. En camioneta. ¡Una locura! jajajaja", recuerda en la charla con este diario, al tiempo que le confiesa su sueño: ver a River campeón del mundo y estar allí para sentirlo.

Trabaja en el Ministerio de Trabajo, a través de la modalidad que tan de moda se puso en las últimas semanas: el teletrabajo. Y si bien fue vocal de River Sin Barreras (la Comisión de Discapacidad) entre 2013 y 2015, su deseo es ejercer su profesión de periodista deportivo en un medio gráfico de la Argentina.

Su familia ya está resignada. Por más que insistan con los cuidados y las precauciones ante cada decisión, él hace lo que quiere. Lo sabía su padre Andrés, que falleció en 2003, ylo "padecen" a diariosu mamá Liliana, jubilada del Banco Provincia, y sus tres hermanas mayores: las mellizas Guadalupe y Dolores, y Macarena, de las que se considera "muy celoso y guardabosques".

"Siempre que se pueda, hay que ayudar", resume Francisco, que en tiempos de coronavirus y cuarentena obligatoria exhibe su gesto solidario y una historia que conmueve. Moviliza. Concientiza.