Coronavirus. La triste historia del jefe de terapia intensiva del Hospital Austral: él y toda la familia con Covid

LA NACION
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El jefe de Terapia intensiva del Hospital Austral, Pablo Pratesi, recientemente fue dado de alta luego de estar internado por varios días en ese hospital a causa del coronavirus. En otra habitación estaba su hijo, de 21 años, que tuvo "la peor parte". "Nos noqueó, pero nos levantamos", resumió este médico que, además de batallar contra el Covid-19 desde su trabajo, también vivió, en su núcleo más íntimo, una serie de contagios.

En diálogo con Radio 10, Pratesi comenzó relatando el inicio de una cadena de contagios, que golpeó duramente a su familia: "Más allá de que venimos desde hace unos cuantos meses combatiendo una guerra, en agosto se infectaron mis padres, mi hermano y mi cuñada y, lamentablemente, mi madre falleció con 85 años".

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En medio de ese dolor, el mes pasado, él mismo dio positivo al test del coronavirus. "Estoy trabajando con pacientes con Covid todos los días", dijo. Y añadió que, luego de que él se contagiara, se infectó su familia. "Mi esposa (también médica) y una de mis hijas (de 19 años) estuvieron internadas en el piso por neumonía y mi hijo tuvo la peor parte: estuvo nueve días con respirador en mi misma terapia intensiva".

Pratesi recordó cuáles fueron los síntomas que tuvo. "Yo empecé a sentirme mal, con fiebre, mucho dolor muscular y vértigo. El vértigo me sigue hasta ahora, después de tres semanas y media". Según enfatizó, cuando "estadísticamente ya estaba de salida", porque estaba transitando el noveno día de la enfermedad, se complicó el cuadro.

En aquel entonces, su hijo, un deportista y estudiante, también padecía el virus con gran intensidad. "Nos internamos juntos el mismo día, con mucha falta de aire y mala oxigenación". En total, Pratesi permaneció internado 12 días y su hijo, 16, y aún hoy "se está recuperando". "Estábamos en habitaciones separadas y no puedo explicar la impotencia, como padre y como terapista".

Este médico siente que el Hospital Austral, donde trabaja desde hace 20 años, es parte de su familia: "Mi hijo fue el hijo de todos. Se lo debo a mi gente porque nos cuidaron y lo sacaron adelante. La muerte se lo quería llevar y no lo permitieron". Con angustia por lo vivido, el jefe de terapia intensiva dijo: "Ir a ver a mi hijo internado y ventilado... no se lo deseo a nadie. Es una sensación horrible. Lo vivo habitualmente con chicos internados por otras cosas, que vienen los padres y hay que acompañarlos. Cuando me tocó a mi, el sufrimiento fue enorme, pero estoy muy agradecido a Dios de que lo podemos contar".

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En ese sentido, al evaluar por qué sobre algunos pacientes repercute más que en otros, remarcó: "Si alguien dice 'conozco esta enfermedad', salvo que sea un iluminado... Es una enfermedad nueva, la estamos conociendo y el virus está cambiando. No es la misma enfermedad que veíamos hace 5 meses".

"Es un enemigo invisible y es una guerra. No hay que tenerle miedo, porque el miedo te bloquea, pero hay que tenerle mucho respeto", señaló. "Este es el momento para quedarse guardado porque es un enemigo que no perdona".