Coronavirus: por qué Taiwán puede ser el gran ganador de la pandemia

Ishaan Tharoor

WASHINGTON.- El presidente chino, Xi Jinping, ocupó el lunes el centro de la escena. A través de un video, dio el discurso de apertura de la reunión anual de la Organización Mundial de la Salud (OMS), donde pintó a su país como "ejemplo de transparencia" durante la pandemia y como adalid del mundo emergente. Xi también prometió un desembolso de 2000 millones de dólares de ayuda para la lucha internacional contra el nuevo coronavirus, que incluye fondos para reforzar la infraestructura sanitaria en África.

La jugada de Xi marcó un inmediato contraste con los movimientos del presidente Donald Trump, cuyo gobierno ha congelado el financiamiento de Estados Unidos a la OMS, en medio de sus actuales ataques contra esa agencia de Naciones Unidas por el modo en que manejó inicialmente el brote y por su supuesta condescendencia para con China.

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Xi tiene otras razones para felicitarse a sí mismo. Antes de la reunión, se iban acumulando reclamos de varios países, incluido Estados Unidos, para que la OMS abra una investigación sobre el origen del brote centrada en la ciudad china de Wuhan. Pero si bien la investigación fue ganando apoyo global, el foco de la misma cambió a favor de Xi. "Los borradores de la propuesta de resolución de la OMS revelaron que el foco está en la colaboración internacional para manejar la pandemia, con un énfasis bastante limitado en cuando a su origen", informaron los periodistas Gerry Shih, Emily Rauhala y Josh Dawsey.

El presidente chino se puso al frente de los esfuerzos globales para encontrar una vacuna, exaltó la necesidad de "compartir información" y la virtud de la "apertura", y esquivó las muchas acusaciones por la conducta de China durante la pandemia.

Pero más allá de eso, está Taiwán. Antes de la cumbre de la OMS, Estados Unidos y otros 28 países pidieron que Taiwán fuese admitido en la reunión como observador, dado su éxito en reconocer tempranamente la amenaza del virus y en haber cerrado el país. Pekín, sin embargo, considera a Taiwán como parte de China, y se ha ocupado durante décadas de que el gobierno de la isla sea un paria de la comunidad internacional. Finalmente, la OMS no extendió una invitación a Taiwán, que retiró su pedido de estatus de observador.

El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, aprovecho la oportunidad para fustigar al director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, que según sus críticos ha sido demasiado condescendiente con Pekín. "La falta de independencia del director general priva a la asamblea de la reconocida excelencia científica de Taiwán en el manejo de las enfermedades pandémicas, y daña aún más la credibilidad y eficacia de la OMS justo cuando el mundo más la necesita", manifestó Pompeo en un comunicado.

El funcionario también dejó entrever que Estados Unidos podría armar un organismo alternativo para suplantar a la OMS. Pero hasta el momento, el histrionismo y las bravatas del gobierno de Trump han diluido aún más la influencia de Estados Unidos en las organizaciones multilaterales, y lo ocurrido con el estatus de observador de Taiwán no es un ejemplo menor.

De todos modos, y aunque no esté presente en las grandes reuniones de esta semana, Taiwán vive un gran momento de reconocimiento global. Su inteligente manejo de la crisis -solo siete muertes vinculadas al Covid-19-, son una marca de eficiencia y transparencia de gobierno en una sociedad con experiencia reciente en el manejo de letales brotes infecciosos. Al igual que China, Taiwán lanzó su propia iniciativa de "poder blando" con envíos de ayuda médica y sanitaria a todo el mundo, un esfuerzo que le valió aplausos generalizados, especialmente en países donde la opinión pública mira con creciente desconfianza a Pekín.

"Taiwán ha suministrado insumos y ayuda sanitaria no solo a sus países amigos, sino a países de Asia, África y Sudamérica que tienen estrechos vínculos con China", informaron los periodistas Gerry Shih, Emily Rauhala y Josh Dawsey.

"Fueron donaciones de máscaras a países africanos amigos de China, canalizadas a través del Vaticano, uno de los pocos aliados diplomáticos de Taipéi, y Taiwán también realizó un webinario médico -un seminario online- con médicos de países que recientemente se habían alejado de Taipéi para volcarse a Pekín como República Dominicana y El Salvador. Además, una campaña reciente de Taiwán en Twitter para promover su participación en la asamblea de la OMS también cobró impulso gracias el apoyo de usuarios en la India, Tailandia y Hong Kong", añadieron.

"Los 23 millones de habitantes de Taiwán quieren tener mayor participación internacional, y el gobierno aprovechará al máximo el actual crecimiento del apoyo internacional hacia el país", dijo el lunes a través de un comunicado el ministro de relaciones exteriores taiwanés, Jaushieh Joseph Wu.

A pesar de no ser reconocido oficialmente por Estados Unidos, Taiwán también redobló su cooperación con Washington, con numerosas reuniones de nivel ministerial. "Esa una relación que tiene mucho sentido", dijo el lunes durante un webinario el vicedirector del Centro Scowcroft de Estrategia y Seguridad del Atlantic Council, Matthew Kroenig. "Taiwán tiene intereses compartidos con Estados Unidos, y es un ejemplo de democracia exitosa y de mercado abierto en Asia."

Pero hay un límite a lo que puede lograrse a través del "poder blando". Incapaz de competir con el músculo económico y político de China, Taiwán ha visto mermar su ya escasa base de apoyo diplomático. Al igual que los gobiernos anteriores, el de Trump mantiene el delicado estatus quo de no reconocer oficialmente la soberanía de facto de Taiwán, mientras que al mismo tiempo advierte contra cualquier intento unilateral de China para recuperar la isla.

El creciente patriotismo anti-Taiwán que se vive en China viene acompañado de una postura militar más agresiva: en abril, Pekín desplegó un grupo de barcos de guerra alrededor de la isla, portaviones incluido. Por su parte, la actitud de Taipéi hacia Pekín también se ha endurecido. Las encuestas recientes muestran que una considerable mayoría de los taiwaneses tienen mejor opinión de Estados Unidos que de China, y que consideran que su identidad nacional es "taiwanesa" y no "china", contrariamente a lo esperado por quienes adhieren a la política de "una sola China".

Ese es un problema para Xi, quien a principio de su mandato apostó parte de su legitimidad política a su capacidad de "reunir" a la isla con el continente. Pero a medida que crece el recelo hacia China en los países vecinos y que se afianza el gobierno independentista de Taipei, esa visión de una pacífica reunificación que alguna vez tuvo Xi parece cada vez más improbable.

The Washington Post

Traducción de Jaime Arrambide