Coronavirus: Roma, ciudad aún no tan abierta en el primer día de reapertura

Elisabetta Piqué

ROMA.- ¿Roma, ciudad abierta? Sí, pero no tanto. En el día de la gran reapertura después de 69 días de cierre casi total por coronavirus, en el centro histórico de la ciudad eterna reinaba un clima extraño. Un mixto de euforia porque finalmente pudieron volver a levantar persianas negocios, peluquerías, restaurantes y bares -donde ya es posible sentarse afuera a comer o tomar algo, por supuesto respetando la distancia de al menos un metro- y de gran preocupación por lo que vendrá.

La ausencia absoluta de turistas en una capital normalmente invadida por hordas de visitantes representa la gran alarma en esta capital, así como en ciudades-joya del arte y la cultura como Venecia y Florencia.

Coronavirus hoy en la Argentina y el mundo: minuto a minuto y las novedades del 18 de mayo

Después de dos meses de encierro en Roma, donde se veían muchos aún preparándose y "sanificando" sus locales -que deben respetar diversas franjas horarias para evitar "assembramenti", aglomeraciones, aún totalmente prohibidas-, era impactante la multiplicación de carteles de "se vende" o "se alquila" en decenas de negocios, tiendas y locales, fruto de la hecatombe económica provocada por una parálisis sin precedente. Además, saltaban a la vista muchísimos negocios que decidieron no reabrir porque se encuentran al borde de la quiebra. Con persianas bajas o con las vidrieras tapizadas por un afiche que dice: "sin ayuda del gobierno el 18 de mayo NO podemos reabrir, miles de empleados bajo riesgo".

Aunque todos están contentos de volver a arrancar, las críticas en contra del gobierno de Giuseppe Conte, que obligó a 60 millones de italianos a enclaustrarse por casi dos meses, eran moneda corriente. "Acá hicieron terrorismo, asustaron a la gente, la encerraron por dos meses, se la pasaron emanando decretos que decían primero una cosa, después otra y ahora es lógico que haya poca gente en la calle", dijo a LA NACIÓN Marco Langhella, dueño de una peluquería que, finalmente, comenzó a trabajar hoy. Allí es obligatorio hacer una reserva, peluquero y cliente deben llevar barbijo, respetar distancia, utilizar capas descartables y desinfectar tijeras y demás elementos después de cada uso. "Tengo todo tomado por mucho tiempo, pero lo preocupante es qué va a pasar con todo lo que me rodea", confesó.

"Mañana reabrimos, pero estamos esperando que nos den detalles para hacer volver el personal, que en este momento está con un subsidio de desocupación... Sin las precisiones no podemos hacer volver el personal porque no podemos tener la certeza de que estamos tutelando su seguridad", contó a LA NACIÓN Giancarlo Villa, titular de un negocio de ropa de marca de Corso Vittorio Emanuele.

Villa detalló que hizo desinfectar tanto la moquette como el resto de su local, que como tiene más de 120 metros cuadrados, puede atender a tres clientes a la vez. Puso, además, una barrera de plexiglass detrás de la caja, alcohol en gel en el ingreso, cintas en el suelo que indican la entrada y la salida -a través de dos puertas distintas- y compró un producto desinfectante para rociarle a la ropa que probarán los clientes. "Son dos pastillas que tengo que diluir en el agua, que luego pondré en un nebulizador. No sé si se arruina la ropa... Es todo muy nuevo", admitió este romano, padre de cuatro hijos, que no ocultó su preocupación por la ausencia de turistas.

"El 75% de nuestro trabajo es con una clientela internacional: muchos rusos, alemanes, incluso argentinos, todos de alto poder adquisitivo... Por eso es muy duro todo. Restringir la zona de influencia sólo a los italianos en este momento, visto que no vendemos un producto de primera necesidad, sino de calidad y bastante costoso, es un problema... Espewamos que la situación vuelva a ser como era antes, cuando volverán los vuelos y los turistas", comentó.

Según el decreto aprobado por el gobierno, Italia volverá a abrir las fronteras con países de la Unión Europea (UE), Suiza y Mónaco el 3 de junio, pero habrá que ver si los demás hacen lo mismo.

Pese a la gran reapertura, la emblemática Piazza Navona, así como la del Pantheon, seguían luciendo bastante desoladas. Aunque con la novedad "histórica" de que por primera vez en dos meses se veían algunos restaurantes abiertos, con contados primeros clientes sentados en las mesas de afuera, por supuesto a distancia, tomando o comiendo algo. "Sí, es el primer día, son los primeros clientes, decidimos reabrir para volver a empezar, porque tratamos de seguir adelante, pero por ahora no hay gente", comentó a LA NACIÓN Renato, a cargo de Tucci, un restaurante abierto desde 1952, que jamás estuvo tanto tiempo con las persianas bajas como durante esta cuarentena. Aunque normalmente allí atienden 28 mozos, ahora sólo están trabajando 5, detalló. Tucci era uno de los pocos locales que reabrieron de la Piazza Navona, donde otro lugar histórico, como I tre scalini, decidió esperar, decisión que también tomaron varios otros restaurantes legendarios de la península, como el Harry's bar de Venecia de Arrigo Cipriani.

"Ellos decidieron no reabrir porque no hay turistas y los gastos son muchos", explicó Renato.

En la vía del Corso, la calle número uno del shopping del centro histórico de Roma, había mas movimiento, comparado con semanas atrás. Personas con barbijo con paquetes en la mano, pero muy poca gente. Como en varios otros lugares, en la Galería Alberto Sordi, una especie de Patio Bullrich donde no todos los negocios reabrieron, se veía una persona en la entrada con el aparato para medir la temperatura y, en el suelo, adhesivos con las flechas que indican por donde uno debe ingresar. Allí también ahora se entra exclusivamente por un lado y se sale por otro y un enorme cartel indica las normas de comportamiento anti-Covid19: barbijo, distancia, lavarse las manos.

También por Vía del Corso se veían afiches de comerciantes que protestan y que no reabrirán, pese a que el gobierno aprobó la semana pasada un paquete de medidas de ayuda económica equivalente a 55.000 millones de euros, el mayor de su historia y equivalente a dos presupuestos. Muchas vidrieras por otro lado le daban la "bienvenida" a los clientes después de dos meses sin shopping. "¡Bentornati!", decían carteles de tiendas que también ofrecen rebajas, fundamentales para bolsillos enflaquecidos.

"Piano, piano", comentó Giorgio, encargado de una tienda de valijas. Aún está prohibido desplazarse a otras regiones y nadie sabe cuándo se podrá viajar al exterior, pero él estaba en el grupo de los optimistas. "Hay que esperar, celebremos la reapertura ya vendrán tiempos mejores".

En el Vaticano, donde volvió a abrirse la Basílica de San Pedro, las medidas de prevención parecían más rigurosas. "¡Hay que mantener una distancia de dos metros!", indicaba un policía, a quienes esperaban en la fila para ingresar al templo. Allí, al margen de los controles de seguridad de siempre, con detector de metal, también sometían a la medición de la temperatura. Vacía y silenciosa como nunca, en la Basílica -donde es estrictamente obligatorio el barbijo- se veía una pequeña multitud rezando ante la tumba de San Juan Pablo II, donde esta mañana el Papa celebró una misa para recordar el centenario de su nacimiento.

En una jornada en la que volvieron las misas en toda Italia, en la vía della Conciliazione -que lleva hasta el Vaticano-, aunque menos desierta que hace un mes, reinaba desolación. Casi todas las tiendas de souvenir, artículos religiosos, bares y librerías seguían cerradas. Sus vidrieras ostentaban un afiche parecido a los del centro, que protesta en contra de un gobierno "ausente": "no podemos reabrir por falta total de turismo hasta Pascuas de 2021; empleados desesperados y sin dinero, nuestros negocios históricos están al borde del colapso".

"Hará falta tiempo para que esto se recupere, para que vuelva la normalidad... Hay que tener paciencia y rezar", dijo a La Nación don Antonio, un cura que, como muchos ahora, anda en bicicleta. El medio de transporte hoy más utilizado y aconsejado por los expertos, que recomiendan no tomar autobuses y metro para evitar posibles contagios.