Coronavirus: Portugal, de pasar sin sobresaltos la primera ola a un colapso total

Luisa Corradini
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PARIS - La situación está "fuera de control" en Portugal: 13.257 personas murieron de Covid-19, 6000 solo en enero. El gobierno decretó un confinamiento de urgencia y aceptó la ayuda de Alemania para aliviar los hospitales saturados. Pero, ¿Cómo ese país que consiguió atravesar sin demasiadas dificultades las dos primeras olas de la pandemia, se convirtió en el más golpeado del mundo, en relación a su población?

A salvo durante la primera ola de la pandemia, Portugal tuvo más dificultades para controlar la segunda, limitándose a practicar confinamientos parciales. Pero la distención de las fiestas de fin de año y la llegada de la cepa inglesa, más contagiosa, provocó un golpe de acelerador a los contagios, obligando al gobierno a imponer un confinamiento general a mediados de enero y cerrar las escuelas una semana después.

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Hoy, excepción hecha de los micro-Estados, Portugal es el país más duramente golpeado por el coronavirus del mundo en un periodo de dos semanas, en número de muertos y de nuevos casos en relación a su población de diez millones de habitantes. El martes, el balance de decesos desde que comenzó la pandemia era de más de 13.000, la mitad de ellos desde que comenzó el año.

Un aumento brutal sin demasiadas perspectivas de respiro. Para comprender la verdadera medida del cataclismo, basta observar las curvas epidémicas. A fines de marzo, el país había alcanzado su pico con 800 nuevos casos por día. Hoy registra cerca de 15.000 contagios y unos 300 muertos diarios. La región de Lisboa es la más golpeada, mientras los profesionales de la salud describen una situación caótica.

"Estamos auténticamente desesperados", afirma Muis Miguel Janeiro Mós, presidente regional del Sindepor, sindicato de enfermeros portugueses. "La presión es demasiado fuerte. Vivimos con el temor de cometer un error", confiesa.

Janeiro Mós, de 54 años, trabaja en el hospital de Amadora-Sintra, situado al norte de la capital. Según afirma, el establecimiento recibe "tres veces más de pacientes de Covid de lo que permite su capacidad". La semana pasada fue necesario trasladar varias decenas de enfermos hacia otros nosocomios, "por falta de oxígeno suficiente".

En esas condiciones, Lisboa aceptó la ayuda ofrecida por Berlín. Alemania comienza esta semana a enviar gente y material médico. Ocho médicos militares y sus equipos debían llegar ayer a la capital portuguesa. Se trata de especialistas de terapia intensiva y reanimación, así como 150 aparatos de perfusión y 150 camas hospitalarias.

Las autoridades portuguesas prefieren utilizar la expresión "colaboración con sus socios europeos en un marco de reciprocidad", en lugar de "ayuda". El gobierno de Antonio Costa estudiaba desde hace varios días esa posibilidad, pero intentaba al mismo tiempo evitarla.

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Austria, Luxemburgo y España también propusieron su colaboración, incluida la opción de recibir enfermos en sus territorios. En Bruselas, el comisario europeo para la gestión de crisis, Janez Lenarcic, indicó que sus servicios acompañan "la crítica situación" de Portugal y están listos para prestarle ayuda en cuanto Lisboa lo solicite.

Las autoridades portuguesas, por su parte, reconocen sobre todo una falta de personal, en momentos en que miles de esos profesionales -sobre todo enfermeros- se encuentran contagiados y no pueden trabajar.

"La situación no nos permite seguir esperando", afirma Joao Gouveia, presidente de la Asociación de Médicos de Terapia Intensiva, que reclama la transferencia de los pacientes al exterior lo antes posible.

Pero no solo el sistema hospitalario está desbordado. Lo mismo sucede con los servicios funerarios. Hubo que instalar contenedores frigoríficos frente a los establecimientos de salud para conservar los cuerpos de pacientes fallecidos, porque las morgues están saturadas.

Estamos auténticamente desesperadosMuis Miguel Janeiro Mós, presidente del sindicato de enfermeros portugueses

La increíble historia de un hombre hallado con vida después de sus funerales demuestra los nefastos efectos de la escalada de la pandemia.

El 10 de enero, la familia de ese enfermo de Covid-19 de 92 años recibió la noticia de su deceso en un hospital del norte del país. Tras un velorio a féretro cerrado, debido al protocolo en vigor, sus deudos se enteraron tres semanas más tarde que el muerto seguía vivo y que habían enterrado a otra persona.

"Yo insistí para ver su cuerpo, porque algo me hizo sospechar que no era mi padre. Pero fue imposible y tuve que aceptar", relató su hijo, Aureliano Vieira. "Se que los médicos tienen mucho trabajo en este momento. Pero espero que este hecho les sirva para ser más prudentes", agregó.

Para los especialistas, la caótica situación que vive en este momento Portugal es el resultado de una serie de factores coincidentes. Michael Head, experto en Salud Global en la universidad de Southampton, la califica de "perfect storm".

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Una "tormenta perfecta" que comenzó con la distensión de las medidas restrictivas durante las vacaciones de fin de año cuando, alentados por la buena conducta de la epidemia, los turistas europeos viajaron masivamente a Portugal y los mismo nacionales pudieron disfrutar de una libertad que no existía en otros países del continente.

"El segundo factor que aceleró la crisis fue la presencia cada vez mayor de la variante inglesa del virus (B117). Sabemos que esa cepa es mucho más transmisible e, incluso, más letal", señala Head.

Como si esto no bastara, Portugal se encuentra en este momento con un sistema de salud pública "extremadamente insuficiente", con 23.000 médicos contagiados con Covid-19, agrega el especialista.

Según cifras del Banco Mundial, el país tiene cinco doctores por cada 1.000 habitantes. En una población de diez millones, esto significaría alrededor de 50.000 médicos en total. La cifra de 23.000 contagiados querría decir que la mitad de ellos se encuentra en la incapacidad de poder trabajar.

"Si ese cálculo es correcto, sería absolutamente increíble", reconoce Head, señalado que, "históricamente, las infecciones transmitidas en los hospitales han sido muy altas en Portugal, comparadas con otros países desarrollados".