Coronavirus: murió el comunicador Carlos Alberto Serrano

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Carlos Alberto Serrano
Carlos Alberto Serrano

A los 72 años y víctima de Covid, murió esta semana Carlos Alberto Serrano, uno de los profesionales más prestigiosos de la comunicación corporativa en el país.

A lo largo de más de cinco décadas de actividad profesional, “Carlitos” -como era cariñosamente conocido en todos sus ámbitos- construyó una reputación sostenida en las más altas cualidades humanas que competían palmo a palmo con su excelencia profesional.

Nacido en Ensenada, en 1948, estudiante de periodismo en la Universidad de La Plata, hizo sus primeras armas en la comunicación trabajando en el diario El Día. Posteriormente, y tras un breve paso por la firma Peugeot, se vinculó con el sector energético integrándose a la oficina de comunicación de la empresa Hidronor.

A partir de 1990 vivió años de gran protagonismo cuando, como principal asesor comunicacional del entonces Secretario de Energía Carlos Bastos y de sus sucesores en el cargo, fue uno de los actores relevantes en el proceso de transformación del sector energético argentino. De aquellos años quedan los mejores recuerdos de un profesional íntegro, comprometido con su país, al que amaba profundamente, constructor de diálogos y consensos para impulsar y promover las reformas.

A partir de 1997 y en el mundo de la comunicación corporativa, ejerció su liderazgo como Gerente y Directivo de empresas energéticas de primera línea: Camuzzi, hasta el año 2000; Edenor, hasta 2006 y Genneia, hasta diciembre de 2015.

Ya retirado de la actividad profesional, seguía desplegando sus condiciones de amigo, consejero y maestro de viejas y nuevas generaciones de profesionales en el Círculo de Directivos de Comunicación, que lo tuvo como miembro fundador y uno de sus principales promotores.

Apasionado de Boca Juniors y enamorado de su familia, su matrimonio con María Elena Scrocchi edificó a lo largo de casi cinco décadas un hogar en el que sus hijos Leticia, Leandro y Juliana, hijos políticos y ocho nietos hoy lo lloran con memoria agradecida por una vida tan dichosa y fecunda.

En los espacios en que se nuclean virtualmente sus colegas y amigos, periodistas y comunicadores empresarios por igual, surgió -tras la conmoción inicial- el elogio unánime y sin disonancias: conciliador, bien intencionado, honesto, de palabra, afectuoso, con oficio y disciplina, con estándares éticos y de respeto, de corazón gigante, solidario y generoso, cumplía todos los mandamientos del gran profesional y del buen amigo.