Coronavirus: mientras otros se hundían, Musk y Bezos sumaron miles de millones a sus fortunas

Christopher Ingraham
·5  min de lectura
Elon Musk y Jeff Bezos.
Fuente: Archivo - Crédito: New York Times

WASHINGTON.- La pandemia ha castigado a millones de norteamericanos con penurias inenarrables, sumiendo a las familias en la miseria y dejando sin empleo a legiones de trabajadores, debido al cierre de empresas y la parálisis económica.

Para los más ricos de Estados Unidos, sin embargo, el año que acaba de terminar fue muy diferente: desde que arrancó la pandemia, el grupo de los megamillonarios norteamericanos sumó alrededor de 1 billón de dólares a su fortuna total. Y alrededor de una quina parte de ese dinero desembocó en los bolsillos de dos hombres solamente: Jeff Bezos, CEO de Amazon y propietario del diario The Washington Post, y Elon Musk, director general de Tesla y SpaceX.

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Desde enero, Musk quintuplicó su fortuna, según estimaciones de Bloomberg, sumando 132.000 millones de dólares a su fortuna personal y elevándose al puesto número 2 de los más ricos del mundo, con una fortuna total de unos 159.000 millones de dólares. La fortuna de Bezos creció alrededor de 70.000 millones en el mismo periodo, tras lo cual su fortuna total estimada ronda actualmente los 186.000 millones de dólares.

El crecimiento patrimonial de ambos se debe mayormente a la ganancia que registraron las acciones de sus empresas en la Bolsa, Tesla en el caso de Musk, y la Amazon de Bezos. Tras el desdoblamiento 5-a-1 de sus acciones en el mes de agosto, los papeles negociables de Tesla cerraron el año con un incremento aproximado del 800%. El meteórico ascenso de la empresa responde a varios factores: en 2020, la monstruosa planta automotriz de Tesla en Shanghái empezó a despachar automóviles, la empresa empezó a registrar ganancias trimestrales sostenidas, y el consenso generalizado es que en 2021 la demanda de vehículos eléctricos se disparará.

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Las acciones de Amazon, por su parte, crecieron un 70% a lo largo del año, una cifra que solo es modesta en comparación con el astronómico crecimiento de Tesla. El rendimiento de Amazon responde en gran medida al auge del comercio online durante la pandemia, debido tanto al confinamiento de los consumidores como al cierre temporal de los comercios. Amazon Web Services, una división sumamente rentable de la empresa, también experimentó un crecimiento de la demanda durante la pandemia.

En resumidas cuentas, entre ambos embolsaron la impresionante cifra de 200.000 millones de dólares durante el último año, una suma que supera el PBI de 139 países. Como dijo Musk recientemente en referencia a sus acciones en Tesla, sumar 1000 millones de dólares, una cifra que cambia drásticamente la vida de cualquier en cualquier contexto, para él no es más que "una nueva entrada en la columna del haber".

En Estados Unidos no ocurría una acumulación tan vertiginosa de riqueza individual desde hace un siglo, en tiempos de los Rockefellers y los Carnegies, y el resto de nosotros, como sociedad, recién empezamos a tomar dimensión de las implicancias éticas del fenómeno.

¿Qué implica, por ejemplo, que haya dos hombres que en apenas un año amasan suficiente riqueza para terminar 8 veces con toda el hambre en Estados Unidos, que según algunas estimaciones insumiría 25.000 millones de dólares? ¿Qué implicancias tiene que la cifra de 200.000 millones de dólares acumulados por Bezos y Musk este año sea mayor que todo el monto destinado a aliviar los efectos del coronavirus que se destinó a todos los estados y municipios de Estados Unidos a través de la ley aprobado por el Congreso norteamericano en marzo de 2020 y conocida como "CARES Act"?

Por supuesto que la fortuna de Musk y Bezos es mayormente nominal y está casi toda atada al valor accionario de sus empresas. Para convertir realmente esas acciones en bienes tangibles, tendrían que venderlas, provocando un potencial derrumbe de su valor, además de generarle obligaciones impositivas.

Más allá de eso, terminar con el hambre o emparchar los agujeros presupuestarios de los estados no se soluciona firmando simplemente un cheque. Por más que uno tenga el dinero en mano, el verdadero problema es hacerlo llegar de manera útil a la infinidad de personas e instituciones que lo necesitan. Gastar miles de millones de dólares es mucho más fácil en teoría que en la práctica, o al menos es lo que suelen decir los megamillonarios.

En 2018, por ejemplo, las 10 personas más ricas del mundo donaron un promedio de menos del 1% de su riqueza neta a entidades benéficas, según un relevamiento del economista Gabriel Zucman.

El año pasado, Bezos anunció que donaría 10.000 millones de dólares para combatir el cambio climático, y en noviembre anunció por Instagram a los beneficiarios de los primeros 800 millones de ese programa de ayuda. Un análisis del gasto en obras benéficas de los norteamericanos más ricos realizado por The Washington Post en junio -cuando la fortuna de Bezos era de 143.000 millones- reveló que Bezos había entregado 100 millones de dólares a la organización contra el hambre Feeding America y unos 25 millones a All in WA, un programa de alivio del estado de Washington. Lo donado por Bezos equivaldría a un donativo de 85 dólares de un norteamericano promedio.

Desde que creó su propia fundación, en 2002, Musk le ha entregado unos 257 millones de dólares, o sea menos del 0,20% de su fortuna, según estimaciones de la consultora Quartz.

La evidente dificultad de hacer que la riqueza de los megamillonarios derrame sobre el resto es el verdadero desafío que enfrentan los legisladores de esta nueva "Gilded Age", la edad dorada de los magnates norteamericanos. La acumulación descontrolada de riquezas en un momento de privaciones y penurias generalizadas es una de las causas ampliamente reconocidas del deterioro y retroceso de las democracias. Y la gran mayoría de los politólogos cree que esa erosión ya está en marcha.

Nuestra capacidad para frenar y revertir ese proceso de deterioro dependerá, en parte, de que esa ingente masa de dinero que fluye hacia la cúspide de la pirámide social pueda ser puesta a trabajar para mejorar las vidas de los que están en la base.

The Washington Post

(Traducción de Jaime Arrambide)