Coronavirus: qué se espera tras la baja de casos en la ciudad y la provincia de Buenos

María Ayzaguer
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Una mujer con barbijo aguarda la salida de su tren en la estación Once-Plaza Miserere
Ignacio Sanchez

Luego del pico de casos de coronavirus registrado a principios de enero, que el gobierno porteño había atribuido a los encuentros sociales de diciembre, las estadísticas tanto de la ciudad como de la provincia de Buenos Aires comenzaron a mostrar una baja en los contagios.

El ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, se refirió a esta tendencia en su conferencia de prensa de hoy. “Luego del valor más alto del pico entre el 8 y el 10 de enero, los casos confirmados fueron bajando lenta, pero sostenidamente”, explicó. Según dijo, desde esa fecha hasta hoy, cada día tuvo una pequeña cantidad de casos menos que el anterior.

Según la información recabada por LA NACION para la ciudad de Buenos Aires, el 8 de enero se registraron 1451 casos positivos de Covid-19. Ayer fueron 1270 y el día anterior habían sido 868. En el caso de la provincia de Buenos Aires, el 12 de enero hubo 5409 positivos y ayer fueron 4243.

Fernán Quirós: "Luego del valor más alto del pico entre el 8 y el 10 de enero, los casos confirmados fueron bajando lenta, pero sostenidamente"
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Fernán Quirós: "Luego del valor más alto del pico entre el 8 y el 10 de enero, los casos confirmados fueron bajando lenta, pero sostenidamente" (Captura de video/)

Según indicó Nicolás Kreplak, viceministro de Salud de la provincia de Buenos Aires a la Radio La Red, hace tres semanas vienen descendiendo los casos, “pero de manera muy lenta”. LA NACION intentó comunicarse con el ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, pero no obtuvo respuesta.

Desde el gobierno porteño afirmaron que hay muchos casos positivos, porque se está testeando unas cuatro veces más. “Estamos haciendo entre 15.000 y 20.000 testeos diarios y ya no hablamos más de contacto estrecho: si alguien estuvo en un asado con otra persona que resultó tener coronavirus, se puede testear sin problemas”, explicó Gabriel Battistella, subsecretario de Atención Primaria de la ciudad. En el pico de agosto la cantidad de testeos diaria era de 3000.

En el ámbito privado, a menudo las prepagas exigen síntomas para realizar los hisopados. Para el gobierno porteño, de ese universo de asintomáticos testeados, hoy aproximadamente el 7% resulta positivo.

Los casos están descendiendo, pero también la meseta es alta”, alertó Ricardo Teijeiro, infectólogo y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI). Para el especialista, el repunte de principios de enero se explica pura y exclusivamente por las reuniones sociales y las manifestaciones en la vía pública, por lo que ahora los casos deberían seguir bajando “siempre que se siga cumpliendo con las medidas de prevención”.

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El horizonte que preocupa, por lo pronto, es la llegada del frío. “El invierno va a suponer un trabajo muy arduo porque no vamos a poder tener vacunada a la gran mayoría de la población, y ya después de abril empieza a bajar la temperatura y comienzan a circular otros virus respiratorios”, detalló Teijeiro.

El problema no es el frío en sí, sino los encuentros en lugares cerrados que hacen más propenso el contagio. El especialista afirmó que tenemos un sistema de vacunación altamente capacitado y se puede hacer una gran campaña. Pero advirtió: “La vacuna aún no demostró que frena la circulación del virus, sino las enfermedades graves”. La recomendación es que la gente siga manteniendo todas las conductas de precaución.

¿Podemos sufrir un rebrote “a la europea”? Para Martín Hojman, médico infectólogo del Hospital General de Agudos Bernardino Rivadavia, es posible. “Primero, porque la vacuna no va a alcanzar a disminuir la circulación comunitaria, sumado a que las nuevas cepas tienen una contagiabilidad mayor. Además, con el frío vuelven los hábitos de encierro que aumentan el riesgo”, describió.

Battistella está confiado en que la ciudad de Buenos Aires está bien preparada para un eventual rebrote. “En las 450 camas de terapia intensiva de coronavirus llegamos a un nivel de ocupación máxima de poco más del 70% y ahora no llega al 30%. Pero, de todas formas, suponemos que de haber segunda ola va a ser distinta. La primera acá impactó fuertemente en los barrios populares, en los que la vivienda era un medio de contagio por hacinamiento. Ahora, de la Avenida Rivadavia hacia el norte la seroprevalencia -el porcentaje de la población con anticuerpos contra el Covid-19- es muy baja”, explicó.

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La cantidad de población vacunada todavía sería baja cuando llegue el frío

Según los datos oficiales, en la Villa 31 la seroprevalencia es del 53%, mientras que en barrios como Belgrano o Palermo, donde hay más contagios actualmente, es muy baja. Pero allí hay otras condiciones socioeconómicas, otras viviendas y capacidad de que en un mismo hogar una persona se aísle del resto de la familia para evitar contagiar.

Respecto de la incidencia de las clases presenciales en la circulación del virus y una eventual segunda ola, Hojman afirmó que hay que hacer un esfuerzo muy grande para que el protocolo de distanciamiento social se cumpla a rajatabla, porque el papel de los chicos en la transmisión comunitaria del virus es real. “Creo que no se va a llegar a vacunar a todos los maestros antes del 17 de febrero y que hay que volver a clases con muchísimo cuidado. Por suerte, los chicos tienen muchos menos síntomas, pero después visitan al abuelo y todo se complica”, dijo.

Battistella afirmó que el riesgo del contagio de los niños hacia adultos es bajo, según la literatura médica. “Si a eso se suma un protocolo estricto y un cuidado de testeo muy intensivo a los docentes, el riesgo disminuye”, aclaró. Para el subsecretario, en relación al perjuicio que genera a los niños no poder ir a la escuela, el beneficio supera el riesgo.