Para su equipo de campaña la infección era una oportunidad: Trump se ocupó de dinamitarla

Maggie Haberman
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WASHINGTON.- Los niveles de oxígeno en sangre del presidente Donald Trump estaban cayendo y el personal de la Casa Blanca ya preparaba el traslado al máximo hospital militar del país, pero algunos miembros de su equipo de campaña advirtieron que la supuesta crisis era una potencial oportunidad.

Si se recuperaba rápidamente de su encontronazo con el coronavirus y a partir de entonces la opinión pública lo veía manifestarse con empatía sobre su propia experiencia y la de millones de norteamericanos, podría haber logrado una especie de relanzamiento político.

La crisis sanitaria, dice uno de sus funcionarios de campaña, fue un duro revés para la apuesta reeleccionista del presidente -a quien las encuestas muestran perdedor desde hace meses-, pero era una buena chance de modificar su postura frente al virus y así captar a algunos votantes.

Y el presidente podría haber dejado en claro desde ahora que la enfermedad es seria, pero que puede ser combatida, y que estaba listo para reincorporarse a la campaña.

Esa era la esperanza de su equipo, pero fue severamente dañada en los últimos días por las propias actitudes del mandatario, sobre todo el lunes, cuando le tuiteó al país que "No le tengan miedo al Covid. ¡No dejen que domine su vida!", sin advertir que él, como presidente, recibe muchos mejores cuidados que el norteamericano promedio.


Muy por el contrario, sus comentarios marcan otra realidad mucho más probable: que el errático manejo de la enfermedad del presidente les recordará a los votantes de todos los esfuerzos que hizo su gobierno para minimizar la mortal pandemia durante más de seis meses.

"Es una estrategia de alto riesgo y espero que el presidente no vuelva corriendo a hacer campaña -algo que quiere hace incluso antes de curarse del todo-, hasta que le digan que no está poniendo en riesgo a los demás", dice Ed Rollins, asesor de un comité para la campaña de Trump.

Pero Trump no se aguantaba en el hospital y el lunes le cumplieron su deseo. Los médicos le permitieron volver a la Casa Blanca, aunque aclarando que no había pasado ese periodo crítico entre el día siete y el día diez de la enfermedad que los médicos controlan para saber si el cuadro del paciente da un giro desfavorable.

De vuelta en la Casa Blanca, Trump subió dos tramos de escalera hasta el Balcón Truman, que no es su punto de ingreso habitual, y se sacó la máscara para las cámaras. Luego filmó un video de estilo proselitista desde el balcón, diciendo que se sentía "mejor" y que "tal vez sea inmune, quién sabe" a los estragos del virus.

Durante el fin de semana, sus asesores políticos dijeron tener muy claro con quién estaban lidiando. Trump es ampliamente considerado una persona incapaz de sentir empatía. Pero la esperanza era que hablar de su propia experiencia lo ayudaría a manejar la pandemia de ahora en más, y que eso redundaría en beneficios políticos.

Pero Trump no adoptó el discurso que sus colaboradores esperaban y que podría beneficiarlo electoralmente. En los videos filmados detrás de escena para mostrarlo activo y trabajando, no hace referencia al padecimiento de la enfermedad, ni en sí mismo ni en otros que la hayan padecido más gravemente. Y tampoco menciona a los otros infectados dentro del personal de la Casa Blanca.

Y su tuit diciendo "Me siento mejor que hace 20 años" también pinta el virus como algo semejante a una escapada de fin de semana a un spa. Todo eso parece indicar que Trump volverá a subirse a la caravana de campaña para soltar una chorrera de falsedades sobre el virus.


"Es como si el equipo de campaña no hubiera consensuado el discurso con su candidato", dice Brendan Buck, que fue asesor del expresidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan. "Uno diría que alguien que pasa por un grave problema de salud experimenta una toma de conciencia, algún cambio espiritual, pero él parece incapaz de sentir eso".

Antonia Ferrier, otra estratega republicana y exasesora del jefe de la bancada republicana en el Senado, Mitch McConnell, dice que el presidente podría tomar ideas de otros líderes que le ganaron la batalla personal al virus.

"Cuando lo dieron de alta del hospital, el primer ministro británico Boris Johnson relató en términos personales cómo lo había afectado el virus, agradeciendo a quienes lo habían ayudado a recuperarse, y comprometiéndose a frenar el virus y a equilibrar los desafíos que enfrentaba su país", dice Ferrier. "El presidente Trump ahora tiene la oportunidad de transmitir un mensaje igualmente positivo".

El equipo de campaña ya empezó a testear ese abordaje entre la opinión pública. "Ahora tiene la experiencia personal de la lucha contra el coronavirus", dice Erin Perrine, vocera de campaña. "Es algo que Joe Biden no tiene".

Es similar al mensaje de Trump en la campaña de 2016: que él podía combatir la corrupción en el sistema político porque había sido parte de ese sistema como donante de campaña.

En más de un sentido, el presidente se sigue comportando como si fuese un ciudadano cualquiera que de casualidad vive en la Casa Blanca. Trump se enfureció, por ejemplo, cuando los medios se preguntaron si la enfermedad lo obligaría a transferirle momentáneamente el poder al vicepresidente Pence, cuando son interrogantes que surgen siempre que un presidente enfrenta un problema de salud.

The New York Times

(Traducción de Jaime Arrambide)