Coronavirus en la Argentina. ¿De quién es la responsabilidad por el suministro de agua en la Villa 31?

Mauricio Giambartolomei

El agua potable en la villa 31, un servicio básico y primordial que suele tener problemas en plena pandemia de coronavirus

Con baldes, botellas y botellones los vecinos de la villa 31 hacían fila para abastecerse de agua potable que repartían los camiones cisternas parados en la puerta de entrada al barrio. Hacía varias semanas que el servicio era escaso, en pleno avance del coronavirus y con la cuarentena ya vigente. "¿Cómo quieren que cuide la limpieza y cumpla con el lavado de manos si no tengo agua?", se preguntaba Ramona Medina, una de las referentes barriales, en la puerta de su casa mientras manipulaba los recipientes. En ese momento no sabía que tenía el virus en su cuerpo.

Ramona Medina, la referente del barrio que murió ayer, alertó sobre la problemática por la ausencia de agua potable

La muerte de Ramona, que estuvo internada en un sanatorio porteño tras ser diagnosticada con covid-19, y de Víctor Giracoy, otro referente barrial del comedor Estrella de Belén, volvió a poner en debate la responsabilidad del suministro del agua potable en la villa 31 y en el resto de los barrios vulnerables de la ciudad donde la enfermedad golpea con mayor fuerza. En estos conglomerados, con el hacinamiento como una regla general que complica el aislamiento, se concentra el 33% de los casos de coronavirus en la ciudad y ya suman 12 los muertos.

Sin agua y sin aislamiento. Cómo se vive la cuarentena en la villa 31

Agua y Saneamientos Argentinos (AYSA) y el gobierno de la ciudad, a través de la Secretaría de Integración Social y Urbana, se reparten la responsabilidad de garantizar el agua potable en la villa 31. AYSA se encarga de hacer llegar el agua hasta los puntos de suministro y la Ciudad de distribuirlo de la mejor forma a las más de 40.000 personas que viven en el barrio.

Pero cuando el servicio tiene alguna complicación, como ocurrió a fines de abril, cada uno le atribuye la responsabilidad al otro. Por un lado, la empresa del Estado nacional advierte que en casos como este no tiene jurisdicción para solucionar los problemas dentro del barrio. Desde la Ciudad, en tanto, sostienen que los inconvenientes se dieron por fallas en el sistema de abastecimiento exterior a cargo de AYSA y que si la empresa no garantiza el servicio hasta la puerta, Ciudad no tiene posibilidad de resolverlo.

Desde que surgió en la década de 1920 con el asentamiento de trabajadores portuarios y ferroviarios la villa 31, que tuvo otras denominaciones como villa Desocupación o villa Esperanza, creció en la más absoluta irregularidad en el tendido de las redes de los servicios esenciales como el agua potable. La situación comenzó a resolverse cuando se inició la urbanización de la villa, aunque aún no tuvo impacto en todo el barrio.

Los habitantes de la villa 31 deben recurrir a botellones de agua potable para suplir la ausencia del servicio cuando tiene dificultades

Según explicaron fuentes oficiales toda la villa 31 cuenta con cloacas y agua potable (en total son alrededor de 11.000 hogares), pero muchas familias, incluidas las de Ramona Medina, viven en zonas que son las más afectadas cuando aparecen los problemas en el suministro como ocurrió semanas atrás cuando hubo una falla en la planta potabilizadora General San Martín, de AYSA. Esos desperfectos provocan depresión en la red de gran parte de la ciudad, pero tienen un mayor impacto en la villa 31.

El barrio cuenta con cuatro puntos de suministros de agua potable ubicados en las calles Gendarmería y Walsh, Gendarmería y Prefectura, y calle 12 y Castillo; el cuarto es un acueducto que corre por la calle Salguero, de tres kilómetros, inaugurado hace algunos meses. En condiciones normales esas conexiones reciben entre 10 y 15 metros de columna de presión para luego distribuir el agua a todo el barrio. Cuando surge un desperfecto en una planta o una rotura de un caño se reduce a entre 5 y 7 metros de columna de presión lo que afecta el suministro en 500 o 600 casas, de acuerdo a la gravedad del desperfecto.