Coronavirus en la Argentina. Lograr autonomía, el gran desafío de los chicos que empezaron el secundario en cuarentena

Cintia Perazo

"Nicolás, Patricio y Federico están viviendo un cambio muy importante porque no sólo están comenzando el secundario en otro colegio, sino que también se están separando, porque hasta ahora los tres estaban en la misma división", cuenta Cynthia Camauer, de 46 años, diseñadora gráfica, emprendedora y madre de los trillizos.

Sumado a lo complejo que fue aprender a utilizar las herramientas tecnológicas para estudiar desde casa, esta familia tiene otra dificultad: "Nos agarró la pandemia en medio de una remodelación de casa, que quedó inconclusa. Es que parte del plan era que los chicos tuvieran, cada uno su cuarto, porque también dormían juntos. Por eso decidimos comenzar una obra. Hoy mi marido y yo nos quedamos sin cuarto, los chicos siguen durmiendo juntos y la casa es un caos absoluto, lo cual no ayuda a la hora de estudiar", dice con cierta angustia Cynthia.

Por su parte, Laura Saravia, médica y madre de Rocío, de 13 años, cuenta que su hija se está adaptando bien pero que al principio le costó incorporar el nuevo hábito de trabajo y organizar sus horarios. "Lo que se está perdiendo es la sociabilización, la posibilidad de continuar con sus actividades deportivas y el contacto con la naturaleza. Incluso me dijo que por tanto encierro a veces siente que le falta el aire", confiesa.

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Los chicos que este año empezaron el secundario experimentan una particularidad propia: la que atraviesan es una etapa signada por la autonomía. Así lo apunta Andrea Abadi, psiquiatra y directora del departamento infanto-juvenil de INECO: "Debieron adaptarse a 12 profesores y a 12 materias, mientras que en la primara tenían sólo cuatro docentes. Esto sin duda genera un estrés extra y una gran desilusión en aquellos que esperaron, por meses, el inicio del secundario. Deberán los docentes tener en cuenta este tórpido inicio al regresar a las aulas, ya que cuanto antes se intervenga en ayudarlos a entrar en la rutina áulica, mejor llegarán al desafío curricular el año próximo".

Los estudiantes que inician el secundario se encuentran en pleno torbellino adolescente, con las implicancias que conlleva en la relación compleja con los adultos y cada vez más estrecha con los pares. "Sabemos que el desarrollo adolescente implica una reorganización cerebral muy importante, que involucra sus lóbulos frontal y prefrontal, con impactos drásticos en el ejercicio de la función ejecutiva. Esta función es la que nos permite planificar, anticipar, organizarnos. Atender simultáneamente a las demandas de hasta 13 materias, cada una con sus tareas, enfoques y evaluaciones, resulta abrumador para la mayoría de los adolescentes", explica Irene Kit, especialista en gestión educativa, presidente de la Asociación Civil Educación para Todos, y miembro de la Observatorio Argentino por la Educación (OAPLD).

Por eso no resulta extraño que a los chicos de primer año les esté costando adaptarse a esta nueva modalidad escolar. "Si bien mis hijos tienen mucho manejo de la tecnología había cosas básicas como mandar un e-mail que no lo sabían hacer. Además les resultó complicado organizarse porque son muchas materias y tuvieron que entender, al mismo tiempo, cómo funcionaba Classroom", reconoce la madre de los trillizos.

La rutina fue otro gran desafío para esta familia. "Levantarse temprano y mantener horarios también es difícil. Quieren hacer todas las tareas rápido para jugar y les cuesta concentrarse. Tengo que estar encima de ellos, siempre. Aunque debo aceptar que ahora comprendieron que las tareas tienen una fecha de entrega y que hay que cumplirla", asegura.

Del otro lado de la pantalla

El trabajo de Mercedes Muñiz Rodríguez, psicóloga, tutora y asistente del Departamento de Orientación Educativa en el colegio Santo Tomás de Aquino, apunta a generar dinámicas para que los alumnos se conozcan entre ellos y empiecen a establecer lazos. Además brinda herramientas para que los chicos aprendan a organizarse y crear hábitos de estudio. "Este año nos tomó por sorpresa. El plan B tuvo que ponerse rápidamente en marcha. Una de las premisas fue amigarse con la tecnología y tomarla como una gran aliada. Mails, videollamadas, Classroom, Zoom fueron sustituyendo a la tiza y el pizarrón. Y a todos los desafíos se sumaron otros: ¿Cómo nos vinculamos con los chicos? ¿Cómo motivarlos para que el proceso de enseñanza aprendizaje se genere? ¿Cómo evaluamos ese proceso? ¿Cómo lograr que el acompañamiento del día a día también esté de forma virtual? Estos y muchos otros interrogantes fueron guía del trabajo en los últimos dos meses", revela Muñiz Rodríguez.

Otro punto importante es que la mayoría son chicos no han podido desarrollar aún hábitos de trabajo y por eso no logran autogestionarse de manera independiente cuando deben hacer las tareas escolares. "Esto los hace más vulnerables y necesitan más ayuda de los adultos. Por eso sugiero que los padres, los docentes y los profesionales del equipo escolar les presten más atención y les brinden herramientas, atendiendo a cada caso en particular", recomienda Sofía Lalor, jefa de neuropsicología infanto juvenil de INECO.

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Muñiz Rodríguez destaca que las familias se transformaron en uno de los sostenes más fuertes de toda esta estructura. "Son los que están día a día junto a los chicos, intentando que no se atrasen con las tareas. En cuanto a los chicos, la gran mayoría extraña el colegio, los recreos, conocer compañeros nuevos y aprender nuevas cosas. Todos extrañamos mucho la dinámica diaria del colegio. El hecho de encontrarnos, algo que parecía tan ordinario, hoy es extraordinario".

La tutora señala, además, que aunque nada reemplaza el vínculo presencial este momento es una oportunidad para repensarnos. "Pensar cuál es el verdadero aprendizaje en este tiempo y poder dar un salto sustancial en materia de educación. Apelar a la creatividad y a lo que realmente motiva a los chicos. Esto también pasará y nos quedará la experiencia y el abrazo del reencuentro", finaliza.