Coronavirus en la Argentina: diseñan un mural sobre los días en pandemia que donarán a un hospital

Fabiola Czubaj
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Decenas de aficionadas al muralismo en mosaico en el país están dedicando tiempo a elaborar una obra colectiva que represente los días y las noches vividos en lo que va de esta pandemia. Cuando esté lista, la donarán a un hospital como un reconocimiento al personal de la salud.

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La obra, que ya mide 7,5 metros de largo, es una sucesión de coloridas fachadas de las casas donde las participantes -hasta ahora, son todas mujeres, de entre 43 y 78 años- pasaron los meses de actividades restringidas .

Por correo, esas piezas llegan a manos de la artista Karina Zinik, que las va organizando una al lado de la otra para formar lo que será una guarda de 30 centímetros de alto y aún sin límite de extensión. "Me parece que es algo positivo que nos puede dejar esta pandemia. Es dejar un registro de lo que pasó este año y como cada uno hizo en casa algo individual para un proyecto colectivo", dice Zinik a LA NACION.

Los proyectos colectivos en mosaico son lo que caracteriza a Alikata, el taller de Zinik en el barrio de San Cristóbal. Ahí ya recibió 36 "casitas" de aficionadas que aprovecharon la cuarentena para aprender de manera virtual a cortar y mezclar piezas de distintos materiales, con sus colores y texturas. Son de localidades de Chaco, Neuquén, Río Negro, Córdoba, Santa Cruz, Buenos Aires, Chubut y Santa Fe, entre otras provincias, además de Montevideo, Uruguay.

Con imaginación

Pequeños trozos de venecitas, espejos, cerámicos, vidrio, vajilla, gemas, piedras o bijou combinados con mucha imaginación forman cada una de esas imágenes de colores brillantes del tamaño de una hoja A4 (21 por 29,7 centímetros). En la mayoría, además, aparecen indicios que delatan enseguida la ciudad de origen: una cola de ballena por Puerto Madryn, los zapallos color naranja que se cultivan en la localidad santafecina de Ceres, la laguna inmensa de Chascomús o los campos de Rojas, en la provincia de Buenos Aires, o los molinos del parque eólico de Comodoro Rivadavia, en Chubut, entre muchos más.

En marzo pasado, cuando todo quedó en suspenso por el aislamiento social, Zinik acababa de terminar de instalar un mural de 48 metros cuadrados en el patio de la sede del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (Clacso), en el barrio de Montserrat. Con su equipo había ganado el concurso que la entidad había convocado con la Universidad Nacional de las Artes (UNA). La inauguración se había programado para después del 8 de marzo, Día de la Mujer, pero se postergó. La cuarentena también interrumpió la instalación de otro mural en la sede de la Asociación de los Profesionales de la Salud de la Provincia de Buenos Aires (Cicop) para el 24 de marzo.

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"De pronto, me encuentro sola, en el taller, sin nada por hacer, en crisis -recuerda-. Pasaban los días y me puse a hacer una obra de por lo menos 10 metros de largo que tenía pendiente para una pared en mal estado de la entrada a mi casa. Por lo mal que me sentía por estar aislada, se me ocurrió transmitir por Facebook la colocación del mural de casa. ¡Y me empezó a ver gente de todo el país y a pedirme que les enseñara!."

Enseguida, organizó un curso que empezó a transmitir por Facebook Live, de seis clases con sus secretos del muralismo, cómo mezclar materiales y cómo pegarlos. El entusiasmo percibido de poder volver a la actividad que, a la vez, sirvió también para aliviar la incertidumbre, el miedo, la depresión, el hartazgo en algunos y acompañar a otros de manera virtual en soledad por la pandemia, no podía quedar en el olvido.

"Empecé a pensar qué podíamos hacer entre todos los interesados en aprender muralismo en mosaico para dejar en una obra colectiva -cuenta Zinik-. ¿Qué podíamos representar? ¿Qué nos unía en estos meses? Y no podía ser otra cosa que algo que representara los días que vivimos en pandemia y que terminaron siendo el año. Debía ser algo que pudiera describir este momento tan particular del mundo. Se me ocurrió así que cada uno usara lo aprendido para hacer la fachada de su casa, que es donde pasamos esos días y esas noches."

Entusiasmo

A cada persona que se inscribe para los cursos, les envía un mail con la propuesta por si les interesa participar. Y la respuesta le sigue sorprendiendo. "Muchos quieren viajar para participar, cuando se pueda, de la colocación y la inauguración", comenta la artista.

Los requisitos que tiene que reunir cada imagen son pocos. El tamaño debe ser de una hoja A4, tiene que incluir adoquines o piedras abajo y una franja superior de 2 centímetros para poder crear la continuidad de una gran guarda al unirlas y no hay que olvidar hacer todo sobre una malla de fibra de vidrio para el transporte y la instalación. A la mitad, Zinik le pidió que incluyera el cielo de día y, a la otra mitad, de noche. El resultado será una sucesión de los días y las noches en distintas localidades del país.

Como ya hizo con el Hospital Materno Infantil Ramón Sardá (Parque Patricios) o la Casa Garrahan, Zinik quiere donar la obra como homenaje al personal de la salud a un hospital. Los trabajos se pueden ver en los álbumes de fotos de Alikata en Facebook o Instagram.

"Cada vez que tocan timbre es una encomienda con una casita que llega de algún lugar del país o Uruguay. Le saco una foto y la envío a un grupo de WhatsApp para confirmar que llegó. En el grupo surgen consejos y se van alentando a seguir trabajando. Es recibir magia en mis manos", finaliza Zinik.