La exsupermodelo Iman se inspiró en su relación con David Bowie para crear su primer proyecto tras la muerte del cantante

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Iman en la gala benéfica del Instituto del Traje del Museo Metropolitano de Arte en Nueva York, el 13 de septiembre de 2021. (Nina Westervelt/The New York Times)
Iman en la gala benéfica del Instituto del Traje del Museo Metropolitano de Arte en Nueva York, el 13 de septiembre de 2021. (Nina Westervelt/The New York Times)

Nunca vas a conocer su habitación. Quizá ni a la casa te dejen entrar. Desde hace años la gente ha intentado deducir con exactitud cuál es el lugar de las montañas Catskill donde la supermodelo Iman y su esposo David Bowie se habían recluido, el lugar donde se rumorea que esparcieron las cenizas del cantante.

Nunca lograron descubrirlo. Incluso ahora, pocos lugareños conocen la ubicación precisa, aunque no está lejos de la eximia Woodstock que el citadino Bowie ridiculizó en su primera visita en 2002, cuando dijo que era “demasiado bonita para las palabras”.

Sin embargo, unos años más tarde, mientras grababa un álbum en un estudio local, Bowie se topó con un anuncio de una propiedad en la ladera de una montaña con vistas que apenas habían cambiado desde que James Fenimore Cooper las describió, y vio en el paisaje algo más: una vía para escapar de la fama.

“David y yo éramos muy celosos de nuestra privacidad”, Iman dijo una tarde de mediados de octubre. “Había ciertas cosas que nadie iba a poder ver”, explicó una mujer que, como su esposo, había pasado gran parte de su vida bajo la mirada de un microscopio. “Nuestra casa, nuestra recámara, nuestra hija siempre han estado fuera de los límites”.

Una vez que haces una excepción, “no puedes nada más decir que ya no lo harás de nuevo”, dijo, refiriéndose a publicaciones que, en efecto, han difundido los interiores de varias residencias de Bowie en sus páginas, aunque solo después de que el cantautor, un astuto hombre de negocios, las pusiera en venta y se marchara.

Nos sentamos en una butaca de cuero en el Polo Bar. Recién liberado del confinamiento, el club de Ralph Lauren en el centro de la ciudad para la gente destacada una vez más está en pleno florecimiento, aunque todavía no ofrece almuerzos al público.

Love Memoir

Eso no importa. Al enterarse de que Iman estaría en Manhattan durante unos días para promocionar su primer proyecto desde la muerte de Bowie —llamado Love Memoir, es el primer perfume de Iman y está inspirado en su relación de casi un cuarto de siglo—, Lauren no solo abrió las puertas del restaurante para darle la bienvenida, sino que la vistió para la ocasión con un vestido estilo pionera con estampado floral y atado con tiras, un grueso cinturón plateado y botas Wellington de piel de becerro.

“Cuando David y yo nos conocimos, ambos ya teníamos carreras exitosas y relaciones previas”, comentó Iman, de 66 años. Nacida con el nombre de Iman Abdulmajid, Iman tenía 45 años y hacía tiempo que había alcanzado la fama y el estatus de “celebridad de un solo nombre” cuando ella y Bowie, de 53 años en ese momento, se casaron. “Sabíamos lo que queríamos el uno del otro”, confesó Iman, con la franqueza que la caracteriza.

Por encima de todo, lo que ella y Bowie querían, según Iman, era refugiarse de un público siempre ávido de los residuos emocionales de los famosos. También querían alejarse del desorden psíquico de sus propias mitologías.

En contraste con su personalidad camaleónica y bien construida, su estatus de superestrella y su enorme presencia pública, David Bowie en privado era introspectivo, un autodidacta dedicado y, como dijo Iman, un maridito anticuado tan mimado por sus habilidades domésticas (“hago un pollo asado muy, muy, muy bueno”) que rara vez, después de casarse, ella tuvo ocasión de comer en restaurantes.

Iman, vestida de Ralph Lauren, en el Polo Bar de Manhattan, el 26 de octubre de 2021. (Gioncarlo Valentine/The New York Times)
Iman, vestida de Ralph Lauren, en el Polo Bar de Manhattan, el 26 de octubre de 2021. (Gioncarlo Valentine/The New York Times)

Desde su primer encuentro, dijo Iman, ella y Bowie vieron en el otro algo excepcional y sólido. La carga emocional inmediata de la que hablaba el músico al describir la primera cita se vio aumentada por la convicción compartida de que habían encontrado espíritus afines en el otro, pues ambos estaban dispuestos a construir una alianza lejos del circo de la celebridad.

“Yo sé cuál es mi identidad, y David sabía cuál era la suya”, dijo Iman. “Cuando nos conocimos, coincidimos en vivir la vida con un propósito”.

Cada uno tenía una mentalidad fuerte, y ambos eran personas muy equilibradas, dijo. “Nos enfocábamos el uno en el otro, en lo que nos pertenecía y en nuestra hija”, afirmó, refiriéndose a Alexandria Zahra Jones (Jones era el nombre de pila de Bowie), conocida como Lexi. “Nos protegíamos mucho el uno al otro”.

Hasta un punto sorprendente, la pareja logró llevar una especie de vida normal. Gran parte de su tiempo lo pasaron escondidos a plena vista en el centro de Manhattan.

“Descubrimos que los paparazzi son un poco perezosos aquí”, expresó ella, a diferencia de lo que ocurrió en Londres, donde una breve incursión para buscar casa los convirtió en fugitivos. “Estuvimos una semana y nos siguieron cada segundo desde el aeropuerto hasta que volvimos al avión. Pensamos que nunca íbamos a superar eso, así que regresamos a casa y dejamos que persiguieran a otro”.

El hogar, mientras su hija asistía a la progresista Little Red Schoolhouse (ahora llamada LREI) en Greenwich Village, era un departamento cerca del Puck Building en SoHo, que vendió hace poco. “Estaba sola en ese lugar tan grande, y la verdad es que era más triste estar sola allí con los recuerdos, dando vueltas de un lado a otro”, declaró.

"No vi a nadie"

A lo largo de la última década, y durante la mayor parte de la enfermedad de Bowie que lograron mantener oculta, la pareja se retiró a su propiedad del norte del estado. Fue allí donde Iman volvió a refugiarse después de que Bowie muriera de cáncer de hígado en 2016. Y fue allí, en la soledad, donde se dio cuenta de que podía procesar su dolor.

NEW YORK, NY - APRIL 28:  Musician David Bowie and supermodel Iman attend the DKMS' 5th Annual Gala: Linked Against Leukemia honoring Rihanna & Michael Clinton hosted by Katharina Harf at Cipriani Wall Street on April 28, 2011 in New York City.  (Photo by Andrew H. Walker/Getty Images for DKMS)
David Bowie e Iman en una gala en 2011 (Photo by Andrew H. Walker/Getty Images for DKMS)

“En realidad no vi a nadie”, dijo Iman, a excepción de su hija y la agente de modelos y activista Bethann Hardison, vecina y vieja amiga. Iman cocinaba. Daba paseos diarios por los bosques de su terreno, con sus prístinas vistas de las montañas. Y, de forma inesperada, empezó a construir montículos.

En muchas culturas a lo largo de la historia, la gente ha apilado piedras para marcar caminos, para consagrar lugares de culto o como acto de meditación. Para Iman, la construcción de apachetas se convirtió en un medio cotidiano para hacer todas estas cosas al tiempo que ordenaba sus recuerdos. (Las cenizas de Bowie están esparcidas en su propiedad).

“Para mí, el confinamiento fue bueno porque, en Manhattan, no había espacio para desmoronarme”, dijo. Los desconocidos en la calle se paraban a darme el pésame, pero luego insistían en tomarse selfis.

“En el bosque pude llorar y liberar la pena”, sostuvo. “Apilando las piedras, empecé a hacer un montículo cada día. Empecé a vivir los recuerdos con más alegría. Y poco a poco me resultó menos doloroso ver esas hermosas puestas de sol que tanto le gustaban a mi marido sin pensar: ‘Tengo que enseñarle esto a David’”.

La idea de crear un perfume evolucionó de manera gradual y orgánica durante la cuarentena, dijo. “Llevo en el negocio de la belleza desde 1994 y nunca había creado un perfume”.

Cada cultura tiene sus rituales para recordar a los difuntos: velas encendidas, construcción de altares, quema de incienso y desprendimiento de posesiones. Los victorianos trenzaban el pelo de sus seres queridos en anillos y relicarios, y el perfume de Iman es, en cierto modo, un gesto de duelo victoriano. El perfume entrelaza recuerdos de la vida que compartieron ella y Bowie.

El embalaje es una acuarela que ella pintó de una puesta de sol en el norte del estado. “Las palabras del frasco son las que he estado escribiendo sobre el amor”, explica.

Love Memoir, que sale al mercado esta semana, tiene forma de dos piedras apiladas, una de cristal ámbar y la otra de oro martillado. La fragancia que contiene es una mezcla embriagadora y, hay que decirlo, un tanto anacrónica de bergamota, rosa y una esencia que era la favorita de Bowie.

“Durante 20 años solo usé Fracas”, dijo Iman. Tras la muerte de Bowie, se encontró con que, en su lugar, llevaba su aroma: un olor seco, terroso y un poco amaderado de una hierba común originaria del sur de Asia conocida como vetiver.

Así que parecía natural que, al trabajar con los perfumistas de Firmenich en la composición de Love Memoir, el vetiver fuera una de sus notas más persistentes.

“La gente ya me ha preguntado: ‘¿Tienes intención de crear otra fragancia?’”, contó Iman. “No tengo ni idea ni intenciones. Para mí, esto salió de la nada. Fue una manera de procesar mi dolor y de aceptar mis recuerdos”.

© 2021 The New York Times Company

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