El Convenio de Estambul, 10 años de lucha contra una violencia machista que "nos atañe a todos", según el Consejo de Europa

Unas mujeres piden el fin de la violencia machista durante una manifestación en Madrid, el 20 de septiembre de 2019 en la capital española (Óscar del Pozo)
Unas mujeres piden el fin de la violencia machista durante una manifestación en Madrid, el 20 de septiembre de 2019 en la capital española (Óscar del Pozo)

El Convenio de Estambul, primer tratado internacional sobre la lucha contra la violencia contra las mujeres, celebra este año el décimo aniversario de su entrada en vigor, pero para el Consejo de Europa, su impulsor, aún queda camino por recorrer.

Maria-Andriani Kostopoulou, que preside el mecanismo de seguimiento ("Grevio") de este convenio del Consejo de Europa, pero abierto a su "ratificación" por cualquier país del mundo, explica en una entrevista con la AFP el impacto de este texto histórico.

Desde su entrada en vigor el 1º de agosto de 2014, 39 países de esta institución paneuropea con sede en Estrasburgo, en el noreste de Francia, lo ratificaron --incluyendo Turquía que lo abandonó--, así como la Unión Europea.

PREGUNTA: ¿Qué cubre el tratado de Estambul?

RESPUESTA: "Su objetivo principal es combatir la violencia contra las mujeres, incluida la doméstica. Se trata de un tratado de origen europeo, pero abierto a la ratificación por todos los países. Proporciona un modelo para políticas públicas y adopta un enfoque holístico.

Se articula en cuatro ejes: la prevención de la violencia, la protección de las víctimas, el enjuiciamiento de los autores y políticas coordinadas. Es realmente una buena herramienta, la más progresista a nivel mundial.

El Convenio envía un mensaje fuerte de que la violencia no puede permanecer enterrada bajo un manto de silencio. La violencia no es un asunto privado, nos atañe a todos y todas".

P: ¿Qué cambió desde la ratificación?

R: "Respecto al derecho penal, muchos países mejoraron sus leyes para alinear las definiciones de los delitos con el Convenio.

Algunos países han creado unidades de policía especializadas en violencia doméstica, como Bosnia-Herzegovina, Chipre, Islandia, Irlanda y Grecia, o han mejorado los servicios especializados para las mujeres víctimas de violencia".

P: ¿Qué queda por mejorar?

R: "Siguen existiendo bastante lagunas en la recopilación de datos por los servicios administrativos y judiciales. Estos datos (número de casos, formas) nos permitirán comprender el fenómeno, ver cómo luchar y decidir contra qué forma de violencia invertir más.

Otra laguna que persiste, y lo vemos en casi todos los países, se refiere al derecho a la custodia y a la visita de los hijos en parejas en las que hay violencia.

Según el Convenio de Estambul, los países deben garantizar que cada decisión sobre el derecho de visita tenga en cuenta la incidencia de las violencias incluidas en el Convenio, es decir la violencia contra el niño pero también contra la madre. Los jueces no toman en cuenta de manera sistemática todas estas incidencias en sus decisiones".

P: En 2021, Turquía anunció que abandonaba el Convenio al considerar que alienta la homosexualidad y amenaza la estructura familiar tradicional, ¿qué piensa usted?

R: "El Convenio no es un texto impuesto. Los países lo discutieron, debatieron, firmaron y adoptaron por consenso. Por lo tanto, es una elección. Sobre las críticas, la única amenaza para la estructura familiar es la violencia. Nada más.

La marcha de Turquía es una verdadera lástima, sobre todo para las mujeres que viven allí, porque se elimina una herramienta para protegerlas de manera realmente eficaz.

Pero yo prefiero centrarme en los amigos del Convenio, que son cada vez más numerosos. Recientemente, se adhirieron Letonia y la Unión Europea, algo novedoso. Que una organización internacional se adhiera a un instrumento del Consejo de Europa envía un mensaje muy fuerte. México y Kazajistán también han expresado su interés".

P: ¿El Convenio necesita actualizarse?

R: "El acceso a la tecnología y la propia tecnología han progresado mucho y, lamentablemente, la violencia en línea también. Tenemos una recomendación sobre este tema en la que intentamos explicar a los países cómo aplicar también las disposiciones del Convenio al ámbito digital.

Durante la evaluación para cada país, preguntamos qué medidas se han tomado para prevenir este tipo de violencia, para brindar a las víctimas acceso a la justicia. Lo que ha evolucionado es que los países han incorporado el aspecto digital en sus códigos penales. Ahora queda por ver cómo van las cosas en términos de procesamientos".

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