El lado 'progre' del Papa está en racha: Francisco nombra al primer cardenal afroamericano de Estados Unidos

Elisabetta Piqué
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Mientras el Vaticano sigue sacudido por un escándalo financiero que provocó un terremoto en la curia romana y a días de haber desatado clamor mundial por una apertura a una ley de convivencia civil que proteja a las familias homosexuales, el Papa sorprendió hoy al anunciar la designación de 13 nuevos cardenales. Entre ellos el arzobispo de Washington, Wilton Gregory, el primer cardenal negro de la historia de los Estados Unidos y el arzobispo de Santiago de Chile, español pero chileno de adopción, Celestino Aós, que comenzó una nueva era luego del escándalo de abusos sexuales en el clero en ese país. En la nueva tanda no hay ningún argentino.

Al final de la tradicional oración del Angelus, asomado desde la ventana de su despacho del Palacio Apostólico, Francisco reveló ante fieles de todo el mundo -distanciados y con barbijo- que el 28 de noviembre próximo, en vísperas del primer domingo de Adviento, tendrá el séptimo consistorio de su pontificado. En este creará (este es el término) 9 cardenales "electores" -es decir, menores de 80 años y por lo tanto con derecho a participar de un eventual cónclave- y 4 purpurados mayores de esa edad límite, que sólo podrán asistir de las reuniones que preceden la elección del Pontífice.

Esta designación de los también llamados "príncipes de la Iglesia" -término que no va con el Papa argentino- volverá a revolucionar la geografía del próximo cónclave, donde ya desde el último consistorio, en octubre del año pasado, se había alcanzado una mayoría de purpurados electos por Francisco, un número que ha crecido. Con el consistorio del 28 de noviembre habrá 128 cardenales habilitados para votar, de los cuales 73, designados por Jorge Bergoglio.

Entre los "electores" que recibirán el birrete color púrpura, señal de la sangre que están dispuestos a derramar para servir al líder máximo de la Iglesia católica, hay un estadounidense, el arzobispo de Washington, Wilton Gregory, que se convirtió en el primer cardenal negro de los Estados Unidos. Este prelado es conocido por sus posturas anti-Trump. Además, en la lista revelada por el Papa hay un africano, Antoine Tambanda, arzobispo de Kigali, Ruanda, que se volvió el primer purpurado de la historia de este castigado y pobre país; un filipino, José Advincvula, arzobispo de Capiz; Cornelius Sim, vicario apostólico de Brunei -primer cardenal de esa pequeña nación de mayoría musulmana- y un maltés que trabaja en la curia, Mario Grech, que es secretario general del sínodo de Obispos. Figura en la nueva tanda también un "latinoamericano", Celestino Aós, arzobispo de Santiago que nació en España pero vivió mucho tiempo en Chile, que sucedió el año pasado al cardenal Ricardo Ezzati, exarzobispo de la capital chilena que, junto a su antecesor, el cardenal Francisco Errázuriz, fue símbolo no sólo del mal manejo de los casos de abuso, sino también de una Iglesia distante, elitista y alejada de la gente. Tanto Ezzati como Errázuriz fueron acusados por víctimas no sólo de encubrimiento, sino también de difamación y maltratos.

A diferencia de otros consistorios con escasísimos italianos, esta vez figuran entre los flamantes electores tres de la península: uno es de la curia, Marcello Semeraro, recientemente designado como nuevo prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, en reemplazo del defenestrado Angelo Becciu, cada vez más involucrado en el escándalo por malversación de fondos reservados de la Secretaría de Estado. Además, Augusto Paolo Logiudice, arzobispo de Siena y el franciscano conventual Mauro Gambetti, custodio de la comunidad franciscana de Asís.

Junto a ellos el Papa quiso premiar con el birrete, por su trayectoria, a cuatro cardenales mayores de 80 años. Tres son italianos: Silvano Tomasi, que fue nuncio en diversos países; el capuchino Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia famoso por sus sermones llenos de pasión; y Enrico Feroci, párroco de Santa María del Divino Amore, una iglesia de la periferia de Roma y exdirector de Cáritas de esta capital. Finalmente, reconoció la labor de un mexicano, Felipe Arizmendi Esquivel, obispo emériito de San Cristobal de las Casas.

Como en las anteriores oportunidades, Francisco volvió a ignorar la praxis según la cual se le debería dar el cardenalato a arzobispos al frente de diócesis importantes como Milán, Venecia o Turín y una vez más priorizó a las periferias y a los pastores con "olor a oveja", con una visión de Iglesia en salida.

"Oremos por los nuevos cardenales para que confirmando su adoración a Cristo, me ayuden en mi ministerio de obispo de Roma, para el bien de todo el santo pueblo de Dios", pidió Francisco al terminar de leer la nueva lista.

Habrá que esperar para saber si los nuevos purpurados podrán viajar para recibir el birrete y el anillo cardenalicio, vista las restricciones debidas a la pandemia, y cómo será la ceremonia en estos nuevos tiempos.