Por qué conservar la biodiversidad de las dehesas

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Los linces ibéricos (Lynx pardinus), las águilas imperiales ibéricas (Aquila adalberti) y los buitres negros (Aegypius monachus) son solo algunos ejemplos de las especies emblemáticas de aves y mamíferos que acuden a las dehesas en busca de alimento.

La dehesa es un paisaje nacido de la intervención humana que constituye un buen ejemplo de que la sostenibilidad y la conservación no son incompatibles con el aprovechamiento económico. Pero además, este sistema de explotación del bosque mediterráneo original destaca por su elevada diversidad biológica.

Un refugio de biodiversidad

Una de las razones por las que las dehesas mantienen una gran biodiversidad es su heterogeneidad espacial: la mezcla de arbolado (generalmente del género Quercus) con zonas de matorral (Genista, Cytisus, Retama, Cistus y un largo etcétera) y pastizales de diverso tipo genera una amplia cantidad de nichos ecológicos en los que pueden vivir especies con distintos requerimientos.

La presencia de elementos singulares como muros de piedra, zonas de cultivo y charcas temporales constituyen a su vez áreas en las que se alimentan y refugian diversas especies de reptiles, anfibios, aves e insectos.

Otros animales como la grulla común (Grus grus) utilizan la dehesa como lugar de descanso y alimentación durante sus pasos migratorios.

Por todos estos motivos, las dehesas constituyen sistemas relevantes de cara a la conservación de la biodiversidad. De hecho, la Directiva Hábitats ha reconocido esta importancia al incluirlas como hábitat de interés comunitario.

A su vez, dentro de la dehesa se identifican otros tipos de hábitats reconocidos en el listado. Uno de ellos son los estanques temporales mediterráneos, esenciales para la conservación de plantas acuáticas y especies de anfibios o aves, algunas de ellas muy amenazadas.

No hay que olvidar, además, la existencia de muchas razas ganaderas autóctonas de la península ibérica bien adaptadas a las condiciones locales. Estas también constituyen un importante patrimonio cultural e histórico.

¿Por qué conservar la diversidad de las dehesas?

Además del propio valor intrínseco que implica la protección de una especie o de un hábitat, sabemos que el mantenimiento de la biodiversidad nos aporta otros beneficios. Son los llamados servicios ecosistémicos.

Algunas especies cumplen funciones que garantizan el equilibrio de los ecosistemas y, por tanto, los servicios que estos nos aportan. En el caso de la dehesa, los servicios ecosistémicos son abundantes y están bien estudiados: abastecimiento de productos, regulación hídrica y climática y los no menos importantes servicios culturales.

En muchas zonas del oeste ibérico, la dehesa conforma un paisaje emocional ligado a una estructura social muy particular, con tradiciones, costumbres y rasgos culturales propios.

Los muros de piedra y las construcciones tradicionales de la dehesa, además de tener un valor histórico y arquitectónico, son también refugios para la fauna, tanto reptiles e insectos como aves tan interesantes como los cernícalos primilla, las rapaces nocturnas o las golondrinas durante sus visitas estivales. Las dehesas constituyen, de esta forma, excelentes escenarios para realizar actividades de educación ambiental, así como para llevar a cabo proyectos de interés científico.

Por otro lado, el mantenimiento de altos niveles de biodiversidad en la dehesa puede brindar a los propietarios otros ingresos complementarios a los que se derivan de la actividad agrícola y ganadera: pesca, caza, recolección de setas, flora medicinal, ecoturismo…

La dehesa necesita un manejo adecuado

La dehesa es un sistema creado por la actividad humana, especialmente por el uso ganadero, que modifica las características del suelo, propicia la aparición de sistemas pastorales y condiciona la regeneración del estrato arbóreo y arbustivo. Aunque el pastoreo moderado favorece la diversidad, porque algunas especies se ven beneficiadas de este uso, tanto el sobrepastoreo como el infrapastoreo pueden reducirla.

En general, para potenciar la biodiversidad en las dehesas se recomienda llevar a cabo actuaciones que favorezcan toda esa heterogeneidad que propicia el asentamiento de especies con distintos requerimientos. Por ejemplo, se puede permitir la existencia de manchas de matorral en zonas menos asequibles para el ganado como pedregales o lindes, proteger la vegetación de las vaguadas o recuperar charcas y balsas de agua artificiales.

También se pueden desarrollar actuaciones orientadas a obtener esos otros aprovechamientos complementarios al ganadero y que a su vez repercuten positivamente en la biodiversidad. Un ejemplo es la plantación de árboles micorrizados o de plantas melíferas que además atraen a los polinizadores.

Un banco de semillas para preservar la biodiversidad de la dehesa

Según la Evaluación de Ecosistemas del Milenio, el acervo genético es un servicio ecosistémico que permite mantener la diversidad genética de especies, razas y variedades para el suministro de determinados productos. En esa línea, en el Observatorio de la Dehesa hemos puesto en marcha un banco de germoplasma para recolectar y conservar las semillas características de la dehesa con la mayor diversidad genética posible.

Esto permitirá disponer de plantas para acciones de reforzamiento de poblaciones en peligro de extinción o de regeneración de espacios adehesados en estado deteriorado por malas prácticas o especies invasoras. Además de conservar esta biodiversidad vegetal de la dehesa, el banco de semillas apoyará la utilización de variedades hortícolas tradicionales, las acciones de divulgación sobre el ecosistema de la dehesa y la colaboración en actividades de investigación.

Las dehesas forman parte del patrimonio cultural y natural, y atesoran una elevada biodiversidad que puede verse comprometida tanto por una mala gestión como por el abandono de los usos tradicionales.

La conservación de este ecosistema único no es solo responsabilidad de los propietarios de las dehesas: tanto las Administraciones públicas como el conjunto de la ciudadanía debemos ser capaces de apoyar y poner en valor el trabajo de estas personas, así como los servicios y productos que la dehesa nos ofrece.

Este artículo ha sido escrito en colaboración con Victoria González Rodríguez y Silvia Sánchez Durán, técnicas del Observatorio de la Dehesa.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

El Observatorio de la Dehesa está financiado por la Universidad y la Diputación de Salamanca.

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