El Congreso espera mucho dinero por microchips de computadora

John M. Donnelly, CQ-Roll Call
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El 24 de febrero, el presidente Joe Biden, de pie en el Salón Comedor de Estado de la Casa Blanca, recordó el antiguo proverbio "a falta de un clavo", que se refiere a la enorme importancia de las cosas pequeñas.

A falta de ese clavo, recordó Biden, se perdió la herradura, seguida del caballo, el jinete, su mensaje, la batalla y, en última instancia, el reino.

A continuación, el presidente levantó un diminuto semiconductor, un componente más pequeño que un sello de correos y que, según dijo, contiene ocho mil millones de transistores, cada uno de los cuales es 10 mil veces más fino que un solo cabello humano.

Ese chip, dijo, es un "clavo de herradura del siglo XXI".

Biden se refería a los semiconductores porque su reciente escasez, debida en parte a un aumento del uso de computadoras provocado por la pandemia, ha desencadenado una crisis económica en algunos sectores. Los fabricantes de automóviles, en particular, no han podido construir miles de vehículos digitalizados, han despedido temporalmente a trabajadores y han perdido miles de millones de dólares en ganancias.

La escasez de chips se suma a otro desastre en la cadena de suministro: la lucha de los últimos meses por conseguir equipos de protección y suministros médicos (por no hablar de productos como el papel higiénico) de los mercados de ultramar, incluida China. Todavía está fresco el amargo recuerdo de los trabajadores médicos estadounidenses que reutilizaban mascarillas o se cubrían con bolsas de basura en las salas de urgencias.

Estos sucesos han puesto de manifiesto dos hechos: el papel indispensable que desempeñan los semiconductores en la vida moderna y los riesgos de depender en exceso del suministro en el extranjero de los productos más importantes para la seguridad económica y la defensa.

El riesgo es especialmente grave, según expertos, cuando la dependencia se produce en relación con empresas con sede en China o lo suficientemente cerca de ella como para que Pekín las ponga en peligro o las coaccione.

"Si un adversario potencial supera a Estados Unidos en semiconductores a largo plazo o corta repentinamente el acceso de Estados Unidos a los chips de última generación por completo, pudiera ganar la ventaja en todos los ámbitos de la guerra", concluyó la National Security Commission on Artificial Intelligence en un informe reciente que describía a China como el "principal competidor estratégico" del país.

Por muy malas que hayan sido las interrupciones de las líneas de suministro de semiconductores provocadas por el coronavirus, el futuro podría deparar problemas aun mayores si no se modifica la dependencia de las plantas de fabricación de chips en el extranjero, según temen muchos observadores. La próxima disrupción podría ser causada por otra pandemia, un desastre natural, una disputa comercial o una guerra de disparos, afirman.

"En cierto modo, la escasez de chips para automóviles es el canario en la mina de carbón", dijo en una entrevista Tarun Chhabra, director principal de tecnología y seguridad nacional del National Security Council (NSC).

La sangre vital de la economía y la seguridad

Además de la energía, los semiconductores son posiblemente la categoría de productos más importante del mundo, y su importancia no hará más que crecer. Son los glóbulos rojos del sistema circulatorio de la economía mundial, pequeños portadores de su sangre vital.

También son vitales para la seguridad nacional de Estados Unidos. Las armas y las computadoras más avanzadas de las fuerzas armadas, así como los productos más corrientes, como los camiones del Ejército, son cada vez más digitales. Y el ciberespacio es un dominio de lucha actual y futura.

La lucha por el dominio del mercado de los chips, que enfrenta a Estados Unidos y sus aliados con China (y, en cierta medida, a Estados Unidos con sus propios aliados) es una subtrama clave en la floreciente batalla por la supremacía mundial entre Pekín y Washington. Es una contienda con enormes implicaciones, que se desarrolla en la más pequeña de las escalas, en objetos con características no mucho más grandes que una sola molécula.

Aunque las empresas estadounidenses siguen siendo líderes en el diseño de chips, ahora solo son actores menores en su producción, por lo que Estados Unidos está a merced de los vulnerables cuellos de botella de Asia.

La dependencia de Estados Unidos de los chips informáticos fabricados en el extranjero "es un problema de seguridad nacional en toda regla", comentó Frank Kendall, exjefe de adquisiciones del Pentágono.

Washington está dispuesto a gastar mucho dinero, tal vez 37 mil millones de dólares solo para empezar a abordar el problema. Pero algunos dicen que Estados Unidos puede estar demasiado atrasado para ponerse al día. Y el dinero federal solo servirá de ayuda si va acompañado de una estrategia de aplicación que hasta ahora es incompleta, según expertos.

Por último, la seguridad de los semiconductores solo se refiere en parte al acceso a los chips. También se trata de garantizar que sean fiables, y el sistema de control aún está en fase embrionaria.

El problema a corto plazo, sin embargo, es el próximo debate en el Congreso sobre si se van a encontrar los 37 mil millones de dólares que, según algunos, son el anticipo necesario para revitalizar la fabricación de chips en Estados Unidos. Sería una bonanza masiva, con decenas de miles de puestos de trabajo en juego, y de la que prácticamente todos los miembros del Congreso querrán obtener una parte.

"Creo que este año se asignará una cantidad sustancial de dinero en uno u otro proyecto de ley", afirmó Michael Fritze, director de política de microelectrónica del centro de investigación Potomac Institute for Policy Studies. "Hay unos pocos temas en los que ambos partidos están de acuerdo, y este es uno de ellos".

Peter Harrell, director de economía internacional y competitividad en el NSC de Biden, dijo a CQ Roll Call que el tema es prioritario para la Casa Blanca.

"Este es un tema de alta prioridad para nosotros", aseveró Harrell.

Dependencia

La cuota de Estados Unidos en el mercado mundial de producción de chips se ha desplomado del 37 por ciento en 1990 al 12 por ciento actual, y la caída libre no ha terminado, según las estimaciones de la industria. Las empresas de Taiwán y Corea del Sur son los líderes mundiales en volumen y sofisticación de lo que producen en instalaciones de fabricación, o fabs. China ya está por delante de Estados Unidos en cuota de mercado de producción (15 por ciento frente al 12 por ciento) y pretende ampliar su ventaja sobre Estados Unidos y acercarse a Corea del Sur y Taiwán.

China ha anunciado su objetivo de dominar el mercado mundial de fabricación de chips para 2030. No lo conseguirá, pero está avanzando y gastará el equivalente a unos 150 mil millones de dólares en el proceso, según un reciente informe del Center for Strategic and International Studies.

Estados Unidos pronto comprará aproximadamente el 90 por ciento de sus chips avanzados de gran volumen a países de Asia Oriental. Casi la mitad de los semiconductores avanzados del mundo, y todos los chips del iPhone del mundo, los fabrica Taiwan Semiconductor Manufacturing Co (TSMC). Los chips de TSMC se fabrican en gran parte en su país de origen, que según los mandos militares estadounidenses este mes corre cada vez más riesgo de ser atacado por China en esta década.

El segundo mayor fabricante mundial de chips de alta gama es Samsung, con sede en Corea del Sur, cuyas principales instalaciones no están lejos de la frontera con la imprevisible y fuertemente armada Corea del Norte.

El republicano por Arkansas Tom Cotton declaró en una audiencia del Comité de Servicios Armados del Senado en febrero que los fabricantes de chips de Taiwán y Corea del Sur están ambos "al alcance de China continental".

"Esta no es una vulnerabilidad que el pueblo estadounidense pueda seguir permitiendo", añadió.

En la misma audiencia, el ex consejero delegado de Google Eric Schmidt, quien presidió la comisión de inteligencia artificial, dijo que los chips de TSMC son populares por una sencilla razón. “Son más rápidos, mejores, etc.”.

También están fuertemente subvencionados, con incentivos fiscales en esos países de hasta el 30 por ciento, más del doble que en Estados Unidos, afirman los ejecutivos de la industria nacional de semiconductores. Un consenso cada vez mayor en el Congreso favorece el aumento de los créditos fiscales reembolsables en Estados Unidos hasta el 40 por ciento, lo que podría suponer miles de millones de dólares en deducciones.

China también está accediendo a los chips más vanguardistas del mercado comercial de una forma en que el Pentágono, que todavía depende de fundiciones especializadas para los chips de defensa, no puede, según expertos.

"China está comprando chips de última generación", agregó Mark Lewis, un antiguo civil de alto nivel del Pentágono que ahora dirige el Emerging Technologies Institute de la National Defense Industrial Association. "Están comprando chips que son una o dos generaciones más avanzadas que el material que estamos comprando para nuestras aplicaciones de defensa más protegidas".

Plan de 37 mil millones de dólares

La creciente preocupación por las interrupciones en el suministro de chips parece haber encendido un fuego bajo los esfuerzos del Congreso para revertir la reducción de la cuota de Estados Unidos en el mercado de fabricación de chips.

El mismo día en que Biden sostuvo en alto el semiconductor en la Casa Blanca, anunció que su administración lanzaría una revisión de 100 días de los desafíos de la cadena de suministro de Estados Unidos en cuatro áreas, incluyendo los chips de computadora.

Y dijo que apoyaba el gasto de los 37 mil millones de dólares, que financiarían la llamada Ley CHIPS para Estados Unidos, un proyecto que fue autorizado en la ley de autorización de defensa del año fiscal 2021, pero que aún no ha sido consignado. La ley autoriza subvenciones para las empresas de chips y crea un grupo de inversión público-privado dirigido por el Pentágono.

Justo antes de las declaraciones de Biden el mes pasado, se reunió con casi una docena de legisladores de ambos partidos que apoyan dicha propuesta.

Las decisiones sobre qué empresas y qué estados recibirán exenciones fiscales y subvenciones las tomará casi con toda seguridad el poder ejecutivo, una vez que se asigne el dinero. Pero muchos de los defensores más acérrimos del Congreso de la ayuda federal a la industria tienen algo que ganar políticamente.

Una inyección de entre 20 mil y 50 mil millones de dólares de dinero federal, que es lo que se está discutiendo, podría crear 70 mil puestos de trabajo bien remunerados en varios estados, según la Semiconductor Industry Association.

Según expertos, los estados que cuentan con más fábricas en la actualidad, y por tanto son los principales aspirantes a crear más, son Arizona, Texas, Nuevo México, Nueva York, California, Massachusetts y Oregón.

El líder de la mayoría del Senado, el demócrata Charles E. Schumer, es sin duda el defensor más influyente de la industria de los semiconductores en el Capitolio.

Uno de los posibles ganadores de Nueva York en el sorteo de las fábricas es GlobalFoundries, que fabrica semiconductores sobre todo para clientes comerciales, pero también es la única empresa que fabrica chips altamente especializados para el Departamento de Defensa en instalaciones situadas tanto en Nueva York como en Vermont, hogar de Patrick J. Leahy, el demócrata que preside el Comité de Asignaciones del Senado.

La contraparte de Leahy en la Cámara de Representantes, la demócrata por Minnesota Betty McCollum, no es conocida como defensora de los semiconductores. Pero su distrito de St. Paul está cerca de fábricas propiedad de Honeywell y otras empresas.

Nueva York también podría beneficiarse si la surcoreana Samsung abre una fábrica en el estado, algo que la empresa está considerando, según Fritze, del Potomac Institute for Policy Studies.

Michele Glaze, portavoz de Samsung, no confirmó que haya conversaciones para construir una fábrica en Nueva York y dijo que no se ha tomado ninguna decisión.

"Aunque no tenemos planes específicos para construir una nueva fábrica en este momento, estamos explorando constantemente diversas oportunidades de desarrollo empresarial para estar preparados cuando surjan", escribió Glaze por correo electrónico.

Al parecer, Samsung también está estudiando la posibilidad de ampliar su fábrica actual en Austin, y dos republicanos por Texas, el senador John Cornyn y el representante Michael McCaul, se encuentran entre los principales defensores de las subvenciones a los semiconductores.

TSMC, por su parte, pretende construir una nueva e importante fábrica en Phoenix.

Por el momento, ninguna de las plantas de producción de chips de propiedad extranjera que llegarán a Estados Unidos rivalizará con el tamaño o la sofisticación de las plantas nativas de estas empresas, según expertos.

Intel, por su parte, es el campeón nacional de semiconductores de Estados Unidos. Intel es una rareza porque diseña y fabrica chips de última generación. Sus principales instalaciones de fabricación están en Arizona, Oregón y Nuevo México.

Intel, que en su día fue el líder del sector, tiene ahora trabajo por hacer para alcanzar a TSMC y Samsung. Pero la empresa con sede en Santa Clara, California, ha señalado que está decidida a conseguirlo, anunciando el 23 de marzo que gastará 20 mil millones de dólares para construir dos nuevas fábricas en Arizona. Patrick Gelsinger, nuevo consejero delegado de Intel, comentó a los periodistas que el plan de su empresa "no depende de un céntimo de apoyo gubernamental, ni del apoyo estatal, ni de ninguna otra inversión para que tenga éxito".

Jeff Rittener, director de asuntos gubernamentales de Intel, estuvo de acuerdo con la posición de Gelsinger, pero señaló que la financiación gubernamental sería útil. Aceleraría los esfuerzos de Intel para hacer crecer su negocio de fabricación y competir con empresas extranjeras fuertemente subvencionadas y, añade, ayudaría a la industria de semiconductores estadounidense en general.

"La financiación es realmente importante porque es un acelerador", indicó Rittener.

Pero los funcionarios de la capital del país consideran que el plan de Intel está influenciado, al menos, por las crecientes señales de apoyo federal a la subvención de la construcción de fábricas.

De hecho, la senadora Kyrsten Sinema, demócrata por Arizona, tuiteó: "Ahora que nuestro proyecto de ley para restaurar el liderazgo de Estados Unidos en la fabricación de semiconductores es ley, Intel está invirtiendo 20 mil millones de dólares en Arizona trayendo miles de puestos de trabajo a nuestro estado".

Sinema se refería a las disposiciones de la ley CHIPS for America del NDAA del año fiscal 2021.

A la ofensiva

La Ley CHIPS for America, que significa Creación de Incentivos Útiles para la Producción de Semiconductores (Creating Helpful Incentives to Produce Semiconductors), es un proyecto de ley bipartidista y bicameral. Una de sus estipulaciones permitiría al Departamento de Comercio conceder subvenciones de 3 mil millones de dólares por proyecto, no solo para la fabricación de chips, sino para diversas actividades de apoyo, como las pruebas y la investigación.

La nueva ley podría ayudar a gigantes de los semiconductores como Intel (e incluso TSMC y Samsung) a aumentar sus actividades de fabricación, por no hablar de una serie de empresas más pequeñas.

Otra medida bipartidista de 2020 que podría ser un vehículo para las subvenciones a los semiconductores este año, la llamada Endless Frontiers Act, ampliaría drásticamente la National Science Foundation para desarrollar nuevas tecnologías. El Senado no consideró ese proyecto de ley en el último Congreso, pero Schumer anunció que tratará de conseguir que se apruebe la ayuda para la construcción de nuevas fábricas este año.

Todavía no está claro si Biden propondrá su propia legislación o si formará parte de un próximo paquete de propuestas de modernización de infraestructuras.

Dos grupos de expertos creados recientemente por el Congreso, la Comisión de Seguridad Naciconal sobre Inteligencia Artificial y la Comisión Solarium sobre el Ciberespacio, respaldaron y, en cierto modo, ampliaron los planes del Congreso como la Ley CHIPS.

Además, la cuestión de la vulnerabilidad de la cadena de suministro de los programas de defensa, incluidos los semiconductores, es un tema tan candente que el Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes ha creado un Grupo de Trabajo sobre la Cadena de Suministros Críticos para la Defensa, que recomendará nuevas disposiciones para la próxima NDAA del año fiscal 2022.

Pagar una cuenta potencialmente de 37 mil millones de dólares para aumentar la capacidad nacional de fabricación de chips es una tarea difícil desde el punto de vista político. Pero la supresión de los límites presupuestarios a partir del año fiscal 2022 puede facilitar la tarea. Y los créditos se dividirían probablemente de forma bastante equitativa entre los departamentos de defensa y los que no lo son.

Aunque algunos conservadores critican el uso de la "política industrial" del gobierno para afectar a los mercados, esos críticos parecen estar en minoría en esta cuestión. La perspectiva de miles de puestos de trabajo para los electores parece superar esos reparos en el Partido Republicano.

"Los próximos tres o cuatro meses serán críticos, porque debemos conseguir el dinero identificado en el proceso presupuestario", señaló Rittener de Intel.

Cualquiera que sea el curso que se tome, conformarse con el statu quo no es aceptable, alega un coro creciente en Washington.

El representante Mike Gallagher, republicano por Wisconsin, también ha sido un líder en este tema. Copreside el panel de la cadena de suministros del Comité de Servicios Armados de la Cámara Baja. Copresidió la Comisión Solarium sobre el Ciberespacio. Y copatrocinó la versión de la Cámara de Representantes de la Endless Frontiers Act.

"Jugar a la defensa no es suficiente", declaró en un comunicado. "Para garantizar que Estados Unidos siga siendo el líder preeminente del mundo en ciencia y tecnología, tenemos que pasar a la ofensiva y hacer inversiones históricas en los campos críticos del mañana".