Conforme disminuye la vacunación contra el COVID, partes de EE.UU. están lejos del objetivo del 70%

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El 4 de Julio no fue la celebración que el presidente Joe Biden esperaba, en cuanto a la protección de más estadounidenses con una vacuna contra el coronavirus. El país no alcanzó el objetivo de la Casa Blanca de administrar al menos una primera dosis al 70 por ciento de los adultos antes del Día de la Independencia. Para ese día, el 67 por ciento de los estadounidenses adultos habían recibido la primera dosis de la vacuna Moderna o Pfizer-BioNTech, o la vacuna de una sola dosis de Johnson & Johnson. Si se incluye a los niños de 12 a 17 años, que ahora pueden recibir el producto de Pfizer, el porcentaje nacional de los que se han vacunado al menos una vez es del 64 por ciento.

Al desglosar las tasas nacionales, el panorama varía mucho a nivel regional y de un estado a otro. Por ejemplo, Massachusetts y la mayoría de los estados del noreste alcanzaron o superaron el 70 por ciento (para adultos mayores de 18 años) en junio. Tennessee y la mayoría de los estados del sur tienen tasas de vacunación entre el 50 y el 60 por ciento, y las tasas de aplicación se están desacelerando.

Las variaciones locales en la demanda de las vacunas y las estrategias estatales de promoción y distribución de las vacunas contribuyen a explicar estas diferencias.

En Massachusetts, por ejemplo, los residentes desbordaron las líneas telefónicas y los sitios web de citas en cuanto las vacunas estuvieron disponibles. El estado comenzó a abrir centros de vacunación masiva en enero para satisfacer la demanda. En Gillette Stadium de Foxborough, el campo de los New England Patriots, las pantallas de Jumbotron mostraban actualizaciones y los altavoces daban instrucciones a las personas que llegaban para vacunarse. Cuando la demanda alcanzó su punto álgido en marzo, hasta ocho mil residentes al día hacían fila para que los picaran con una jeringuilla. La enfermera titulada Francesca Trombino administró una inyección tras otra en Fenway Park y luego en el Hynes Convention Center de Boston durante cinco meses.

"Todavía guardo muchas interacciones en mi corazón", dijo a finales de junio, reflexionando sobre esos meses. "Hubo tantas personas que lloraron, de pura conmoción, por poder sentirse libres".

De cara al largo fin de semana del 4 de Julio, más del 82 por ciento de los adultos de Massachusetts se habían vacunado al menos una vez. Esta cifra no sorprende a muchos expertos en salud pública, ya que los residentes generalmente han aceptado las recomendaciones de vacunación en el pasado, y Massachusetts registra regularmente algunas de las tasas más altas de inoculación pediátrica y contra la influenza del país. En Tennessee, donde solo el 52 por ciento de los adultos están vacunados, al menos parcialmente, contra el COVID-19, los enfermeros se sientan a esperar. En algunos de los condados rurales del estado, solo el 30 por ciento de los residentes han sido vacunados.

"Las primeras semanas teníamos gente con reservaciones, pero después la gente empezó a no presentarse", dijo Kirstie Allen, que coordina la vacunación contra el COVID-19 en la clínica subvencionada por el gobierno federal en Linden, Tennessee. "Teníamos una lista de espera, la gente de la lista de espera no quería venir. Poco a poco ha ido empeorando".

Allen ha pasado a ofrecer la vacuna solo un día a la semana, y su objetivo es inscribir al menos a 10 pacientes para evitar que se desperdicien las dosis en el frasco de Moderna de uso múltiple.

Allen ha sido testigo de mucho escepticismo vago en su ciudad de 1,200 habitantes. Y ella puede simpatizar. A pesar de administrar las vacunas, esta madre y enfermera licenciada no se ha vacunado todavía y dice que está esperando a que se publiquen más resultados de la investigación y a ver cómo les va a todos con el tiempo.

"Soy una de esas personas que no están seguras por el momento de vacunarse", dijo, y añadió que tampoco vacunaría a sus hijos todavía.

Esta actitud de espera es especialmente común entre los conservadores blancos y rurales del sur, según muchas encuestas realizadas en los últimos meses. Tras una oleada inicial de interés, la demanda de vacunas disminuyó, y estados como Tennessee celebraron eventos de vacunación masiva solo en las ciudades más densamente pobladas.

Tras alcanzar la meta del 70%, Massachusetts adopta una estrategia específica

En Massachusetts, con menos del 20 por ciento de los adultos aún sin vacunar, el estado está cerrando sus clínicas de vacunación de gran volumen y centrándose en grupos demográficos específicos y comunidades con bajas tasas de vacunación.

"A medida que estos sitios [grandes] llegan a su misión completa, debemos seguir presionando más en los vecindarios", dijo Rodrigo Martínez, "en aquellos lugares que realmente lo necesitan".

Martínez trabaja en CIC Health, una empresa que ha pasado de gestionar centros de vacunación masiva a dirigir pequeñas clínicas al aire libre en supermercados donde los compradores que se vacunan reciben una tarjeta regalo de 25 dólares. Este enfoque hiperlocal forma parte de un esfuerzo creciente en Massachusetts para llevar las vacunas a los residentes, especialmente a los de comunidades de bajos ingresos y minorías, donde el virus se extendió rápidamente y las tasas de vacunación siguen siendo bajas.

Massachusetts se ha centrado en 20 de estas ciudades, entre ellas Brockton, al sur de Boston. Es una ciudad diversa de trabajadores esenciales, un grupo que se ha visto muy afectado durante la pandemia. Las tasas de vacunación de primera dosis son especialmente bajas para los latinos, con un 39 por ciento, y los afroamericanos, con un 41 por ciento (para todas las edades, no solo para los adultos).

El enfoque hiperlocal se puso de manifiesto en Brockton un domingo a finales de junio, cuando la ciudad, con la ayuda del Estado, organizó una clínica móvil de vacunación en un parque popular. Un gran autobús amarillo, adaptado para albergar los puestos de vacunación, estaba cerca de las carpas que ofrecían comida gratis, música, asesoramiento jurídico para inmigrantes y asistencia para la inscripción en el seguro médico.

En este vecindario de Brockton viven personas que hablan portugués, español, inglés y criollo haitiano.

"¡Bienvenue! ¡Bienvenidos!", gritaba Isabel López, embajadora de la vacunación financiada por el Estado, mientras pasaba de un grupo de familias a otro, instándoles a que fueran por una hamburguesa o un hot dog gratis, y a que se vacunaran.

"Estamos aquí, reuniendo a las comunidades, para hacer de este un día divertido y también una forma creativa de vacunar a la gente", gritó López.

Cerca del campo de fútbol, López consiguió una gran victoria. Convenció a cinco indecisos miembros de una familia para que fueran al autobús y al menos hablaran con una enfermera. Media hora después, los cinco habían recibido sus primeras vacunas. Lenin Gómez dijo después que había tenido dudas sobre la vacuna, pero que se convenció cuando la enfermera subrayó la necesidad de proteger a los niños que vivían en la casa de Gómez.

"Si no estoy totalmente protegido, ¿quién cuidará de los pequeños?", dijo Gómez. "Eso fue lo que me abrió la mente para vacunarme".

Cuando Gómez reciba su segunda dosis dentro de unas semanas, podrá inscribirse en una rifa estatal que regalará cinco premios de un millón de dólares a quien se vacune. El gobernador de Massachusetts, Charlie Baker, declaró que espera que estos premios atraigan a los residentes indecisos a arremangarse.

Los cuantiosos incentivos financieros son menos comunes en el Sur

En los estados que más necesitan aumentar las tasas de vacunación, hay poco interés en los incentivos financieros creativos. Tennessee no tiene planes. En Alabama, la NAACP financió un sorteo reciente de premios de mil dólares dirigido a los millennials y a la generación Z.

En general, la tasa de vacunación diaria en todo el Sur se ha desacelerado, lo que preocupa a las autoridades de salud, que observan el crecimiento explosivo y la propagación de la variante Delta en varias partes de Estados Unidos. Pero algunos residentes del Sur siguen acercándose a la idea. En Lobelville, Tennessee, Laurel Grant, de 57 años, se mostró inicialmente reticente a vacunarse por los posibles efectos secundarios.

"Pero a todos los que conozco les ha ido muy bien, solo un poco de fiebre o un poco de cansancio", dijo.

Así que Grant se vacunó en junio, en una farmacia local. Ayudó el hecho de que la parada de camiones Pilot Flying J donde trabaja ofreciera una bonificación de 75 dólares a los empleados que se vacunaran completamente.

"Hay algunos en el trabajo que dicen: 'No me voy a vacunar'", dijo Grant, "y yo digo: 'Sí, te vas a vacunar. Tienes que ir, te guste o no'".

Los conversos como Grant se consideran el mejor tipo de evangelizador para esta próxima fase de vacunación de los rezagados. El departamento de salud de Tennessee ha empezado a grabar videos testimoniales para publicarlos en internet. Pero los esfuerzos de promoción están empezando a molestar a algunos legisladores estatales republicanos convencidos de que el Estado se está esforzando demasiado. Están especialmente preocupados por los niños.

Una reciente audiencia en la legislatura estatal de Tennessee incluyó amenazas de disolver el departamento de salud de Tennessee. La representante estatal Iris Rudder, junto con otros legisladores del Partido Republicano, mostró impresiones de anuncios en las redes sociales producidos por los funcionarios de salud del estado. En ellos aparecían niños sonrientes con vendas adhesivas en los hombros.

"No es de tu incumbencia dirigirte a los niños. Lo tuyo es informar a los padres de que su hijo puede ser vacunado", dijo a los funcionarios del departamento de salud en la audiencia de junio. "Así que los animo a que, antes de nuestra próxima reunión, eliminen cosas como esta de su página web".

Esta crítica se dirigió principalmente a la comisionada de salud del estado, la doctora Lisa Piercey, quien respondió en la audiencia diciendo que el Estado no está "susurrando a los niños" o tratando de vacunarlos a espaldas de sus padres. Dijo que no va a retroceder en lo que respecta a la divulgación de la vacunación.

Piercey también dijo que no cree que el nivel de riesgo en Tennessee sea tan grave como sugieren las bajas tasas de vacunación. Tennessee tuvo un gran aumento de casos de COVID-19 durante el invierno. Eso significa que al menos 850 mil personas (según los resultados positivos de las pruebas) andan por ahí con algún nivel de inmunidad natural. Piercey dijo que esos residentes están compensando parcialmente las bajas tasas de vacunación.

"Sí, quiero que todos los que quieran vacunarse lo hagan", señaló. "Pero lo que realmente quiero al final del día es que esta pandemia desaparezca. Quiero minimizar los casos y eliminar las hospitalizaciones y las muertes, y estamos bastante cerca de conseguirlo".

El panorama es menos halagüeño en el vecino Arkansas. El estado escapó a lo peor de los brotes invernales. Ahora está tratando de detener los brotes de la enfermedad causados por la variante Delta más contagiosa. El gobernador Asa Hutchinson declaró ante "Face the Nation" de CBS que si nada inspira a los sureños a vacunarse, "la realidad lo hará".

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