Confinamiento total por un solo caso: la lección de Australia para un mundo pandémico

Damien Cave
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SIDNEY.- Un caso: el de un joven guardia de seguridad de un hotel de cuarentena, que dio Covid positivo y experimentó síntomas leves.

Con eso alcanzó para que Perth, la cuarta ciudad más grande de Australia, quedara confinada y en cuarentena estricta a partir del domingo. Un solo caso, y ahora hay 2 millones de personas que tendrán que quedarse en sus casas durante al menos cinco días. Un caso, y ahora el premier del estado de Australia Occidental, Mark McGowan, que el mes que viene enfrenta elecciones en su región, les está pidiendo a sus votantes que se sacrifiquen por los demás y por el país.

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"Es una situación muy grave", dijo McGowan el martes pasado, al informar la aparición del caso, el primero en casi 10 meses que Australia Occidental detecta en alguien que no esté aislado en cuarentena. Cada uno de nosotros tiene que hacer todo lo que personalmente esté a su alcance para impedir los contagios en nuestra comunidad."

Esa respuesta veloz y draconiana tal vez resulte inimaginable para personas de Estados Unidos o Europa, donde brotes mucho más grandes han sido combatidos con medias tintas. Pero a los australianos no los sorprendió para nada.

El confinamiento en Perth y sus alrededores sigue el ejemplo de medidas similares en Brisbane y Sidney, donde un puñado de contagios llevó al endurecimiento de las restricciones, a la consecuente disminución de los contagios y a una reapertura cercana a la normalidad. Cuando les preguntan que piensan de ese abordaje, los australianos se encogen de hombros. En vez de hablar de la soledad y de sufrimiento y de quejarse por las restricciones a su libertad, ya se han acostumbrado a esa "rutina Covid" de sufrimiento de corto plazo en beneficio de la comunidad.

El contraste con Estados Unidos y Europa, que ya al principio de la pandemia era drástico, no ha hecho más que profundizarse con el tiempo. El total de australianos muertos por la enfermedad, 909 personas, es menor que el promedio de fallecidos diarios que tienen hoy Estados Unidos o Gran Bretaña.

"Conocemos la forma de salvar vidas, mantener abierta la economía y evitar el miedo y la confusión", dice Ian MacKay, virólogo de la Universidad de Queensland, quien desarrolló el modelo multicapa de defensa pandémica conocido como "el queso suizo", ampliamente difundido en todo el mundo. "Todos pueden aprender de nosotros, pero no todos están dispuestos a hacerlo."

El aislamiento geográfico de Australia representa una ventaja enorme. De todos modos, el país ha tomado una serie de medidas muy determinantes, limitando estrictamente los viajes entre las diferentes regiones y con cuarentena obligatoria en hoteles para todos los llegados desde el extranjero desde el mes de marzo. Recién ahora Gran Bretaña y Estados Unidos están intentando implementar una cuarentena obligatoria para quienes llegan de países en fase aguda de contagios.

Australia también ha mantenido un fuerte sistema de rastreo de contactos, algo que la mayoría de los países ya han abandonado. En el caso de Perth, cuando las autoridades anunciaron el confinamiento de la ciudad, los rastreadores de contactos ya habían testeado a los compañeros de casa del hombre enfermo (que hasta ahora dieron negativo), y los pusieron en cuarentena por 14 días en una instalación del gobierno. Las autoridades también hicieron la lista de una decena de lugares que el hombre podría haber tocado, o donde podría haber respirado cerca de alguien.

Pero la lucha de Australia contra el coronavirus también ha tenido sus falencias. El caso de Perth sirve como ejemplo de un "foco suave persistente": cierto número de casos vinculados a los hoteles de cuarentena, incluido el que se produjo en Melbourne en la segunda mitad de 2020 y que condujo a un confinamiento de 111 días. Y las estrictas limitaciones fronterizas han perjudicado a muchos, sobre todo a los miles de australianos que quedaron varados en el extranjero.

Pero la evidencia del éxito del país frente a la pandemia se viene acumulando desde hace meses, y desde diciembre ese éxito responde menos a la ausencia del virus que a una serie de medidas rápidas que han logrado sofocar los focos ni bien se desatan.

Antes de Navidad, el cierre lo sufrieron las playas del norte de Sídney cuando surgieron primero unos pocos casos, y luego una decena. A muchos se les arruinaron los planes para las vacaciones, ya que los residentes de la ciudad quedaron impedidos de trasladarse a otras regiones del país. Aumentaron los testeos, poca gente se quejó, y la estrategia funcionó: ya hace dos semanas que en esa ciudad de 5 millones de habitantes no hay casos de transmisión comunitaria.

Brisbane hizo lo mismo a principios de enero, con un breve cierre después de que un miembro del personal de mantenimiento de un hotel de cuarentena se infectara con la variante supercontagiosa del virus identificada primeramente en Gran Bretaña. Fue el primer caso de la variante británica detectado en la comunidad de Australia, y las autoridades no perdieron un minuto. Annastacia Palaszczuk, la máxima funcionaria de Queensland, donde se encuentra Brisbane, anunció el confinamiento 16 horas después del testeo positivo.

"Tres días de confinamiento ahora nos puede ahorrar 30 días de cuarentena en el futuro", dijo Palaszczuk.

Brisbane ya ha vuelto a la "normalidad Covid", como toda Australia, excepto Perth. En todo el país, las oficinas y los restaurantes están abiertos, con aforo y protocolo de distanciamiento. Se recomienda el uso de barbijo, pero no es obligatorio. Y ya se preparan para grandes eventos: el Abierto de Australia espera recibir a 30.000 fanáticos del tenis por día desde su inicio, 8 de febrero.

Mackay, que ha trabajado en estrecha colaboración con funcionarios del gobierno australiano, dice que es la estrategia "de la danza y el martillo".

"El confinamiento permite que los rastreadores de contactos y funcionarios de salud pública tengas la oportunidad de recuperar el aliento, asegurarse de entrevistar a todos, de que cada persona recuerdo dónde y con quién estuvo, y eso les permite apagar el foco", dice Mackay.

Europa y Estados Unidos parecen preferir, según sus palabras, "el encierro a medias", y dice que pusieron demasiada fe en las vacunas, sin reconocer que su efecto sobre los contagios sería por decantación, no instantáneo.

Gran parte de Europa transitó la fatiga pandémica y luego el fracaso de su política. Un análisis de la respuesta de 98 países frente a la pandemia realizado por el Instituto Lowy, un grupo de expertos australianos, reveló que hasta hace unos meses muchas naciones europeas encabezaban el ranking de mejor rendimiento frente al Covid. Pero ahora, Gran Bretaña, Francia y varios otros están ahora más cerca del fondo, junto con Estados Unidos.

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"No se atrevieron a ir a fondo", dijo Hervé Lemahieu, investigador del Instituto Lowy que dirigió el estudio junto a Alyssa Leng. "Se relajaron demasiado pronto, no bien notaron la primera mejoría."

The New York Times

Traducción de Jaime Arrambide