Las cinco condiciones de EE.UU. para levantar las sanciones a Venezuela

Daniel Lozano
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El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, participa de una reunión en el Palacio Presidencial de Miraflores, en Caracas
Federico Parra

CARACAS.- Nicolás Maduro ya sabe cuáles son las condiciones para que Estados Unidos retire sus sanciones. En un hito de la nueva diplomacia vía Twitter, Julie Chung, subsecretaria del Departamento de Estado para el Hemisferio Occidental, detalló a Caracas las exigencias de Washington de forma precisa y directa: elecciones libres y justas; respetar los derechos humanos y la libertad de prensa; liberar a los 323 presos políticos; cesar la persecución contra la oposición, y desistir en el acoso contra las organizaciones de la sociedad civil.

“Señor Arreaza, si está realmente interesado en que se eliminen las sanciones, le sugerimos” que cumplan estas cinco condiciones, subrayó Chung en sus redes sociales, lo que aprovechó el citado canciller chavista para agradecer la supuesta confesión estadounidense, que en su criterio demostraría ante la Corte Penal Internacional y ante la ONU “cómo a partir de argumentos falsos ideologizados e irrespetando el Derecho Internacional, Estados Unidos aplica medidas arbitrarias e ilegales que generan sufrimiento”.

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Desde la toma de posesión de Joe Biden, el chavismo ha esperado que Estados Unidos cediera en su presión contra Caracas para diferenciarse de Donald Trump, algo que no ha ocurrido pese a los vaticinios de su lobby internacional y de algunos de los integrantes del Grupo de Puebla.

“Biden no es Obama, esto queda claro con un mensaje que no deja dudas. El cálculo de Maduro era que con Biden iban a tener una suerte de ´alivio´ tanto Cuba como Venezuela, que no es lo que estamos viendo. Esto no es para nada cercano al estilo de Obama. Biden no va a levantar esas sanciones si Cuba y Venezuela no ceden en asuntos muy puntuales”, describió para LA NACION María Puerta Riera, profesora de Gobierno Americano en Florida.

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Más allá de la declaración de intenciones de la administración demócrata, las reiteradas intervenciones de los dirigentes bolivarianos forman parte de la campaña propagandística para justificar el colapso nacional que maltrata a los venezolanos todos los días. Primero fue la vicepresidenta Delcy Rodríguez en su comparecencia virtual ante la Cumbre Iberoamericana de Andorra, durante la que repitió la habitual homilía bolivariana: “En esta comunidad hay dos países víctimas del bloqueo criminal, víctimas de medidas coercitivas unilaterales ilícitas”.

Cuba, de quien Venezuela ha clonado su propaganda, insistió en términos parecidos, en boca de su nuevo primer secretario del Partido Comunista, Miguel Díaz-Canel: “Es injusto culpar al gobierno venezolano de la situación económica y social que enfrenta Venezuela”.

Mientras el chavismo propagaba sus habituales cortinas de humo, en Caracas la realidad se abría paso con el desembarco del Programa Mundial de Alimentos, decidido a facilitar la comida de 185.000 escolares para un total de 1,5 millones de niños. Su embajador ha exigido al gobierno de Maduro libertad de acción y que no se politice esta ayuda, algo imposible porque el chavismo pretende colgarse la medalla en su pecho, pese a que para este proyecto tanto Estados Unidos como la Unión Europea han donado 190 millones de dólares.

Nicolás Maduro
Nicolás Maduro


Nicolás Maduro

El chavismo, que ha negado durante siete años la voraz crisis humanitaria que provocó en el que fuera el país más rico de la región, finalmente dio su brazo a torcer para que la ONU ingrese su ayuda y paliar así el hambre de una sociedad que sigue huyendo masivamente. Naciones Unidas detectó que 2,3 millones de ciudadanos padecen inseguridad alimentaria severa, 7 millones inseguridad alimentaria moderada y uno de cada tres venezolanos necesitan asistencia.

La puesta en marcha del plan, celebrada por la oposición y las organizaciones civiles, también fue aplaudida por Washington, lo que provocó el malestar de Arreaza. El canciller de Maduro espetó a la subsecretaria Chung con un párrafo que resume la propaganda bolivariana: “Si Estados Unidos está tan comprometido a aliviar las dificultades, levanten las sanciones criminales que generan sufrimiento en medio de una terrible pandemia mundial”.

La pelota está ahora en el campo chavista, aunque muy pronto se sabrá cuál es su respuesta a la primera exigencia, la que se refiere a unas elecciones libres y justas, imposibles desde 2015. Aquel año, pese a las innumerables ventajas y abusos del oficialismo, el repudio nacional a Maduro facilitó la victoria a la oposición en las parlamentarias de diciembre.

El “hijo de Chávez” adelantó en su alocución del miércoles que la próxima semana se “adelantarán pasos” para el nombramiento de nuevos consejeros del Consejo Nacional Electoral (CNE) a través de la Asamblea Nacional (AN), elegida de forma fraudulenta en diciembre. Fuentes conocedoras de las negociaciones apuestan porque el chavismo se adjudicará tres de los cinco rectores y distribuirá los dos restantes entre sus aliados de la llamada oposición “pret-a-porter” (a la medida) y la verdadera oposición democrática.