La condena a Nalvalny desata el cruce de expulsiones de diplomáticos entre Rusia y la UE

Luisa Corradini
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PARÍS.- Alemania, Suecia y Polonia expulsaron hoy a tres diplomáticos rusos en represalia a la misma medida adoptada el viernes pasado por Moscú contra tres de sus funcionarios que -según el Kremlin- participaron en las manifestaciones en favor del disidente Alexei Navalny. Mientras la Unión Europea (UE) estudia eventuales sanciones, las relaciones entre el bloque y Rusia atraviesan un momento de extrema tensión.

"Esta medida es la respuesta del gobierno (alemán) a una decisión adoptada el 5 de febrero por la Federación de Rusia" de expulsar un diplomático alemán que solo trataba de "informarse por medios legales sobre la evolución de la situación en el terreno", subrayó en un comunicado el Ministerio de Relaciones Exteriores alemán.

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Por su lado, el gobierno sueco informó al embajador de Rusia que una persona de su embajada debía dejar el territorio de Suecia. "Es una respuesta clara a la decisión inaceptable de expulsar un diplomático sueco que solo cumplía con sus funciones", declaró la ministra Ann Linde en Twitter.

En Varsovia, las autoridades anunciaron también en Twitter que "en respuesta a la expulsión injustificada de una diplomática polaca, el MRE (Ministerio de Relaciones Exteriores) decidió, en coordinación con Alemania y Suecia, reconocer un empleado del consulado general de Rusia en Poznan (en el oeste del país) como persona non grata".

Poco antes Rusia había vuelto a defender su decisión de expulsar el viernes pasado a los diplomáticos europeos.

"Rusia estaba y sigue estando interesada en la reactivación de relaciones entre Moscú y Bruselas", afirmó el vocero del Kremlin, Dimitri Peskov. Pero "la expulsión de diplomáticos es la consecuencia de acciones iniciadas por ciertas misiones extranjeras en Moscú, en el contexto de agitaciones ilegales. Rusia demostró con claridad que no está dispuesta a tolerarlas", aseguró el funcionario.

Moscú sigue afirmando que los diplomáticos alemán, polaco y sueco participaron en una manifestación "ilegal" de apoyo a Alexei Navalny, mientras que los tres países europeos replican que estaban en calidad de observadores.

Este último episodio muestra una vez más la extrema tensión que atraviesan las relaciones ruso-europeas. Y el caso Navalny, principal opositor al presidente ruso, Vladimir Putin, encarcelado apenas regresó a Moscú el 17 de enero, parece haber sido la gota que rebalsó el vaso.

Misión diplomática

La UE, que condena la parodia de juicio a la que fue sometido el célebre disidente y su pena de prisión, envió incluso al responsable de su diplomacia, el excanciller español Josep Borrell, a Moscú con el fin de restablecer el diálogo.

"Es seguro que nuestras relaciones están seriamente tensas y el caso Navalny es un golpe más", constató Borrell frente a su homólogo ruso, Sergei Lavrov, reiterando un llamado a "la liberación" del disidente y al "inicio de una investigación imparcial sobre su envenenamiento".

El representante europeo también subrayó que "el Estado de Derecho, los derechos humanos, la sociedad civil y las libertades políticas" seguirán estando al centro de las relaciones ruso-europeas, "aun cuando Rusia los considere una injerencia inaceptable".

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Pero el viaje fue inútil. Y obligó a Borrell a declarase "muy inquieto" por el rechazo de las autoridades rusas a iniciar un diálogo "más constructivo", llamando a los dirigentes europeos a "sacar las conclusiones necesarias".

"Las autoridades rusas no quisieron aprovechar la ocasión de establecer un diálogo más constructivo con la UE. Es lamentable y debemos sacar las conclusiones que se imponen. Los Estados miembros deberán decidir las próximas etapas. Y sí, estas podrían incluir sanciones", declaró Borrell a su regreso en un mensaje publicado en su cuenta de Twitter.

Pedido de la Casa Blanca

El presidente estadounidense, Joe Biden, también criticó vigorosamente a Rusia por el caso Navalny, propósitos juzgados "muy agresivos" por Moscú.

Enemigo jurado del Kremlin, el opositor de 44 años fue condenado el martes pasado a dos años y ocho meses de prisión "por haber violado un control judicial" impuesto en 2014, cuando se encontraba al borde la muerte en un hospital de Berlín.

Navalny acusa al régimen de querer silenciarlo después de haber sobrevivido a un envenenamiento con un agente neurotóxico de la familia del Novitchok, producido por los servicios de inteligencia militares de la antigua Unión Soviética.

Los 27 países de la UE no deberían tardar en decidir una respuesta común. Borrell hará un resumen de su visita a Moscú el 22 de febrero a los ministros de Relaciones Exteriores del bloque, mientras los dirigentes de la Unión tratarán el tema en la próxima cumbre europea de marzo.

Los observadores coinciden, sin embargo, en que las amenazas de nuevas sanciones no hacen mella alguna en el jefe del Kremlin.

"Nadie puede cambiar la actitud de Vladimir Putin. Ni al interior ni al exterior de Rusia", lamenta Tatiana Kastoueva-Jean, directora del centro Rusia-NEI del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI).

Y concluye que el líder ruso "aprendió a vivir con las sanciones que le imponen Estados Unidos y Europa. No le hacen absolutamente nada".