Fueron concuñados, se encontraron en el sur y ella se pregunta si da para más

LA NACION

Hola Consuelo, estoy aquí para contarte una situación por la que estoy atravesando desde febrero 2017.

Había llegado el verano y no me aguantaba más mi vida, necesitaba salir por un rato de la ciudad, despejarme, descansar y qué mejor que ir al sur. Fue así que arreglé un par de cosas y me fui y aquí es donde comienza todo.

En el año 2006 mi hermana empezó a salir con un compañero de su curso, estuvieron casi cuatro años juntos, en diciembre 2009 todo terminó, pero aún así yo seguí relacionándome (mediante redes sociales y conversando seguido por WhatsApp) con mi ex cuñado porque lo quería y quiero mucho. Una de esas charlas se dio cuando le conté que me iba de vacaciones al sur, fue ahí que me dijo que su hermano mayor se había ido a vivir al destino que yo casualmente había elegido. Me propuso la idea de ir a hospedarme en la casa de su hermano, él hizo la conexión y a la media hora yo ya estaba conversando con Martín (mi ex concuñado).

En casi los 4 años en que nuestros hermanos fueron novios, jamás nos cruzamos en un evento familiar, jamás nos encontramos en la casa de uno u otro. Solo una vez coincidimos en un evento, el cumpleaños de 18 de mi cuñado, o sea su hermano. Los chicos terminaron, cada uno siguió con su vida pero el vínculo de amistad que yo logré con mi ex cuñado, siempre siguió y en Facebook lo tenía a él y a sus dos hermanos (una hermana y el que vive en el sur).

Estaba todo bien hasta que llegó el día que tenía que viajar, me carcomían los nervios, había caído en que iba a la casa de un conocido/desconocido el cual había sido algo así como ¿familiar? 7 años atrás y que nunca habíamos tenido ni una pequeña charla. 22 horas de micro que ya de por sí fueron interminables, sumada esa ansiedad y nerviosismo se hizo como un mes de viaje. Llegué. Apenas me recibió en su casa, sentí el nerviosismo, no era cosa mía, podía sentirlo... ¡era mutuo! Como para poder romper el hielo me ofreció algo caliente para tomar y merendar juntos. Al rato todo seguía igual y optó por llevarme a conocer, cuando levanté la vista estábamos frente a un lago, con la tarde cayendo sobre nosotros, contemplando un hermoso atardecer en la montaña.

Así transcurrieron los 10 días que estuve, yo jamás había convivido con un hombre y muchas cosas me hacían confundir como por ejemplo: me cocinaba todos los días, por una pequeña discusión al día siguiente volvía del trabajo con helado para comer los dos, incluso cuando empezó a pintar su casa y me preguntó qué color me gustaba a mí para luego ir a la pinturería y comprarla.

Volví y durante los dos meses siguientes tuvimos un diálogo dentro de todo fluido a pesar de sus constantes clavadas de visto, hasta que me di cuenta que no debía seguir siendo yo la que intente comunicarse. En julio estuve por viajar, pero a los pocos días de hacerlo le avisé que no iría ya que tenía cosas por hacer aquí. No intenté más nada, y perdimos todo contacto por las redes sociales, no interactuamos ni con historias, likes o comentarios. En septiembre yo cumplo años y él no me saludó. En noviembre se levantó "la veda" debido a que durante dos días recibí mensajes de WhatsApp cargándome por el superclásico perdido. En ese momento intenté ver qué onda las historias de Facebook. Subí una y a partir de ahí no hay día que no encuentre su visto, pero ojo...solo las de Facebook, jamás en Instagram. Hace poco cumplió años y lo saludé, no hice como él... jamás me devolvió el saludo, pero aún sigo viendo religiosamente todos los días sus vistos en las historias y sus likes de Instagram muy parecidos a los míos ¿nos gustarán las mismas cosas?

Mi pregunta es: ¿es posible que detrás de toda esta gran historia familiar haya algo? ¿Es posible que ambos nos estemos escondiendo?

¡Por favor no publiques ni nombres ni lugares exactos!

La Concuñada Mareada (29)

Querida Concuñada:

¡Tremendo culebrón tu historia! Justo el otro día releía esta columna de la guionista Carolina Aguirre que salió publicada en su libro El amor, el amor, el amor. Por si no abrís el link: Carolina explica que cuando los guionistas escriben una telenovela unas de las cosas más importantes es "venderle" la pareja al espectador, es decir, que el espectador realmente se crea que esas dos personas están enamoradas. Para eso, dice, hay un truco infalible: el pasado. Si ponés que los protagonistas se conocen en un bar pero en realidad ya se habían cruzado en una colonia de vacaciones o en un accidente de tránsito hace años o donde sea, el público ya se entusiasma: nos da una sensación de que esas dos personas estaban predestinadas, de que "por algo" se volvieron a encontrar.

Pero Carolina lo dice: la ficción es así, no la vida. Y mi consejo es este: vos me preguntás si es posible que "detrás de esta gran historia familiar" haya algo. Yo lo que te recomiendo es que separes la gran historia familiar de ese algo que puede haber. No pienses que por algo te lo volviste a encontrar, que por algo se armó esta novela, que el destino quiso que se encontraran y por eso se siguen cruzando. Esas son cosas muy lindas para ver en la tele pero en la vida real lo único que hay es el deseo que tenemos de estar con alguien o no, y esa es la única pregunta que vale. ¿A vos te gusta este muchacho, más allá de si es tu ex concuñado o no? ¿Le querés dar un beso cuando lo ves? ¿Tenés ganas de contarle cosas, de tenerlo cerca? Entonces sí, "algo hay", por lo menos de tu lado, y vale la pena averiguar qué hay del otro. Sentate a pensarlo y si sentís que te entusiasma más el culebrón que el pibe, circule nomás.

Un cariño, y suerte

Consuelo

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