Investigación: qué tan leves son los cuadros de Covid-19 luego de vacunarse

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Varias personas que tuvieron Covid-19 después de vacunarse se enfermaron más de lo que esperaban
Patrick T. Fallon

WASHINGTON (The Washington Post).— Andrew Kinsey sabía que incluso después de vacunarse contra el coronavirus existía la posibilidad de enfermarse de Covid-19. Pero nunca pensó que un caso que los médicos consideraron “leve” implicara pasarla tan mal.

Durante casi una semana, Kinsey sintió que le había pasado “un camión por encima”. Apenas lograba tenerse en pie o no quedarse dormido frente a la tele. Recién el lunes pasado logró reincorporarse a su trabajo de abogado corporativo, pero al mediodía necesita tomarse una siesta.

“La vacuna parece haber funcionado para proteger mis pulmones, pero aunque haya sido eso que llaman ‘un cuadro leve’, nunca me sentí más enfermo en toda mi vida”, dice Kinsey, de 38 años, que vive con su esposa e hijos en Pensilvania. “Es importante que la gente sepa que eso que imaginan como cuadro leve no es necesariamente un mal resfrío y nada más”.

Kinsey y otros vacunados que desarrollaron casos posvacunación de Covid-19 se están enterando de que un caso leve tal vez no sea tan leve para la persona que sufre la infección. Esos casos pueden limitarse a un par de días de estornudos, pero en otras circunstancias pueden extenderse y causar migrañas y fatiga. Además, los síntomas pueden durar mucho más que los de un resfrío común.

Pero las autoridades de salud pública y los científicos recalcan que las investigaciones demuestran de manera abrumadora que las vacunas reducen al mínimo las hospitalizaciones y que la mayoría de los contagios posvacuna son leves o moderados.

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Varias personas que tuvieron Covid-19 después de vacunarse y que se enfermaron más de lo que esperaban compartieron sus historias y aseguraron que su intención no es poner en duda la efectividad de las vacunas, porque están convencidos de que el desenlace habría sido mucho peor de no haber estado vacunados. Pero quieren ayudar a las personas vacunadas a sopesar el riesgo a la hora de descartar el barbijo, asistir a una boda o irse de viaje. Y por sobre todo, no quieren que la gente de por sentado que un “caso leve” es algo así nomás.

De hecho, después de la batalla de su familia con el virus, Kinsey está revaluando los riesgos del nuevo año escolar de sus hijos. Kinsey no sabe cómo se contagiaron él y su esposa, Lisa, que también está vacunada. Por lo general, son cuidadosos y usan barbijo para proteger a su hija Sarah, que tiene problemas médicos importantes y que con apenas 8 años todavía no puede ser vacunada.

Sarah también contrajo el virus, estuvo internada durante casi dos semanas, y después se recuperó, mientras que sus hermanos vacunados no se enfermaron. La familia espera estar inmunizada durante varios meses, gracias a los anticuerpos naturales y a los inducidos por la vacuna. Pero Kinsey dice que su fea experiencia posvacuna lo hizo darse cuenta de que la dinámica del virus es cambiante y no hay que bajar la guardia.

Matt Longman tiene 41 años, vive en Tucson, Arizona, y dice que llegó a tener 39,5° de fiebre, dolores en las articulaciones de codos y dedos de los pies como nunca había tenido, y que los escalofríos eran tan fuertes que no paraba de temblar aunque se tapara con tres frazadas. Longman cree que de no haber estado vacunado habría terminado en el hospital, sobre todo porque tiene el sistema inmunológico debilitado por los tratamientos para la migraña.

“Fue aterrador sentirme tan enfermo, pero sigo pensando que si no estaba vacunado me habría ido mucho peor, y no puedo ni imaginar lo que tienen que pasar las personas que se enferman sin tener algún grado de protección”, dice Longman, que trabaja en el área de comunicaciones de una empresa farmacéutica.

Longman lamenta no haber usado barbijo para concurrir al comercio donde sospecha que se contagió.

Como la gripe

Los expertos en salud pública advierten que el coronavirus de esta pandemia probablemente nunca será erradicado, y que está destinado a convertirse en otro virus respiratorio endémico controlable con vacunas, como la gripe. Y como en el caso de la gripe, hasta las personas vacunadas a veces quedan postradas un par de días en cama si se exponen a la enfermedad.

Los estudios confirman que las vacunas contra el coronavirus son altamente efectivas para evitar las internaciones, incluso ante el avance de la variante delta. Y las personas vacunadas siguen siendo mucho menos proclives a desarrollar la enfermedad: los datos publicados recientemente muestran que las personas no vacunadas en el condado de Los Ángeles tienen cinco veces más probabilidades de contagiarse el coronavirus y 29 veces más probabilidades de ser hospitalizadas que las personas inmunizadas con ambas dosis.

Pero hay tan pocas investigaciones y datos sobre los contagios posvacuna que es difícil determinar qué porción de ellos tiene síntomas importantes, aunque no requieran internación.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) informaron que alrededor del 27% de los casos posvacuna monitoreados entre enero y abril fueron asintomáticos. En mayo, los CDC decidieron dejar de recopilar datos generales de casos leves y moderados entre las personas completamente vacunadas, desatando críticas de algunos expertos que dicen que esos casos deben ser monitoreados aunque no sean graves.

Un estudio publicado en el New England Journal of Medicine reveló que alrededor de un 35% de los 39 trabajadores de la salud israelíes que desarrollaron infecciones posvacunación no tuvo síntomas, mientras que un 20% informó síntomas de “Covid largo” seis semanas después de su diagnóstico. Ninguno tuvo que ser hospitalizado.

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Los expertos prevén que durante el actual aumento de casos en Estados Unidos también aumenten los contagios posvacuna. Esto se debe a que vacunarse es como ponerse un impermeable: nos mantiene secos bajo la llovizna, pero en medio de una tormenta fuerte igual nos mojamos. En este momento, en Estados Unidos hay una tormenta fuerte por la variante Delta, que hizo crecer los contagios a los niveles de principios de año.

Ilan Shapiro, director médico de una red de centros de salud comunitarios de Los Ángeles, aconseja que los vacunados sigan atentos al uso de barbijo, no tanto por ellos mismos sino para proteger a los niños y a las personas mayores e inmunodeprimidas, que tiene mayor riesgo de contraer una infección posvacuna. El estudio de un brote de casos en Provincetown, Massachusetts, reveló que la abrumadora mayoría de los contagiados estaban vacunados, lo que llevó a los expertos a concluir que en determinadas circunstancias los inmunizados siguen propagando el virus.

“Es mejor actuar como si no estuviéramos vacunados, porque el virus igual puede atacarte”, dijo Shapiro.

En todo Estados Unidos, los vacunados están volviendo a sopesar el margen de riesgo que pueden tolerar, mientras las autoridades sanitarias siguen recomendando el uso de barbijo en lugares públicos cerrados. Algunos prefieren correr el riesgo relativamente bajo de un contagio posvacuna y confían en esa inmunización para evitar un mal desenlace en caso de contagiarse igual.

Tyler Black, de 26 años, sospecha que su contagio posvacunación se produjo en el gimnasio. Dice que nunca es su vida estuvo enfermo durante tantos días y que tuvo dolores de cabeza indescriptibles. Pero aclara que nunca corrió peligro de ser hospitalizado y agradece que la vacuna aparentemente protegió a su esposa del contagio.

“No recuerdo haber dejado de cumplir con ninguno de los cuidados”, dice Black, estudiante de odontología del área de Boston. “Por el contrario, seguir con los cuidados, como usar barbijo y lavarme las manos, me deja tranquilo y me permite hacer un montón de otras cosas.”

Parte de la revaluación del riesgo que hacen los vacunados responde a las posibles consecuencias del virus a largo plazo para su salud.

Steven Deeks, un especialista en enfermedades infectocontagiosas de la Universidad de California en San Francisco que estudia el “Covid largo”, señala que con tan pocos datos es difícil decirle a la gente hasta qué punto debe estar preocupada, pero dice que no hay que dar por sentado que no nos va a pasar nada.

“Yo no le voy a decir a la gente que se encierre por ese riesgo teórico y potencial”, dice Deeks, y aclara que él deja que su hijo se reúna con sus amigos, aunque todavía sean chicos y no estén vacunados. “Pero al mismo tiempo le digo a la gente que hay que esperar, que hay que darle tiempo a la ciencia para que descubra las verdaderas secuelas a largo plazo de estas infecciones posvacunación.”

(Traducción de Jaime Arrambide)

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