Siete conclusiones del libro de Mary Trump sobre su tío Donald

Elisabeth Egan
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Donald Trump con su madre, Mary, en la fiesta de celebración de sus 50 años en Manhattan, el 13 de junio de 1996. (Edward Keating / The New York Times)
Donald Trump con su madre, Mary, en la fiesta de celebración de sus 50 años en Manhattan, el 13 de junio de 1996. (Edward Keating / The New York Times)

En el prólogo de “Too Much and Never Enough: How My Family Created the World’s Most Dangerous Man” (demasiado y nunca suficiente: cómo mi familia creó al hombre más peligroso del mundo), Mary Trump escribe: “Los medios no se dieron cuenta de que ningún miembro de la familia de Donald, aparte de sus hijos, su yerno y su esposa actual, dijo una sola palabra para apoyarlo durante toda la campaña”. Eso no significa que no tenían opiniones al respecto.

La hija del hermano mayor del presidente, Freddy, quien murió en 1981, ahora comparte algunas de sus propias opiniones, y no solo habla sobre los trapos sucios de la familia, sino que también los lava y los dobla. (Mary Trump es una psicóloga clínica cuyos diagnósticos sobre su tío son tan variados y extensos como el bufé de comida rápida que le ofrecieron a los Tigres de Clemson cuando visitaron la Casa Blanca en 2019).

A continuación, presentamos siete conclusiones de la lectura del libro de la primera sobrina.

Nada de lo que Donald Trump dijo durante su campaña sorprendió a Mary Trump.

“Me acordé de cada comida familiar a la que había asistido donde Donald solía hablar de todas las mujeres que consideraba unas haraganas gordas y feas o los hombres, generalmente más hábiles o poderosos que él, a los que llamaba perdedores”, escribe. “Ese tipo de deshumanización casual de las personas era común en la mesa de los Trump”.

La autora rechazó una invitación a la fiesta de la noche electoral en la ciudad de Nueva York.

“No podría contener mi euforia cuando se anunciara la victoria de Clinton, y no quería ser grosera”, afirma Mary Trump en referencia a la razón por la que no fue a la fiesta de celebración de la elección de su tío. En los meses posteriores a la toma de posesión de Trump, “las cosas más simples —como ver la cara de Donald o escuchar mi propio apellido, algo que sucedía decenas de veces al día— me regresaban a la época en que mi padre se había debilitado hasta fallecer por la crueldad y el desprecio de mi abuelo. Lo perdí cuando él tenía 42 años y yo solo 16. El horror de la crueldad de Donald se magnificó por el hecho de que sus actos ahora son políticas oficiales de Estados Unidos que afectan a millones de personas”.

Pero, en abril de 2017, sí aceptó una invitación a la celebración en la Casa Blanca del cumpleaños de sus tías.

En el Trump International Hotel, la familia extendida “se amontonó en las dos camionetas de la Casa Blanca como un equipo juvenil de lacrosse”. Al llegar a su destino, el vicepresidente Michael Pence los acechaba “con una sonrisa medio muerta en el rostro, como un chaperón al que todos querían evitar” y a los invitados los llevaron a hacer un recorrido, durante el cual Mary Trump se sorprendió “al ver una manzana mordida en la mesita de noche” del dormitorio Lincoln. La comida fue breve, como suelen ser en la familia Trump. El menú incluyó puré de papas, lo que hizo que Maryanne, la hermana del presidente, contara una de sus historias familiares favoritas sobre “esa noche cuando Freddy tiró un tazón de puré de papas en la cabeza de Donald porque estaba siendo un insolente”. Cuando fue el turno de la autora de tomarse una fotografía con su tío dice que podía “ver el agotamiento detrás de la sonrisa. Parecía que mantener ese semblante alegre lo desgastaba”.

‘Para Donald, mentir era principalmente una manera de engrandecer su personalidad con el fin de convencer a otras personas de que era mejor de lo que realmente es’.

Según Mary Trump, los hermanos de su padre fueron criados con algunas creencias fundamentales: mentir estaba bien, de hecho, era “una forma de vida”; las disculpas y las muestras de emoción o vulnerabilidad estaban prohibidas, y la intimidación era perfectamente aceptada, si no es que fomentada. Ella cuenta una historia sobre un joven Donald Trump que amenazaba con desmantelar los camiones de juguete favoritos de su hermano menor: “Desesperado por salvarlos, Robert corrió con su madre. La solución de Mary fue esconder los camiones en el ático, castigando en la práctica a Robert, que no había hecho nada malo, y dejando que Donald se sintiera invencible. Aunque todavía no estaba siendo recompensado por sus actos egoístas, su obstinación ni su crueldad, tampoco lo castigaban por esos defectos”.

No te conviene perder las simpatías de la familia Trump.

El padre de Donald Trump, Fred, nunca se preocupó por la madre de Mary Trump, Linda, una exsobrecargo de Florida a quien consideraba una arribista. Se hizo de la vista gorda cuando su hijo mayor estaba enfermo y vivía con su joven familia en un frío apartamento propiedad de los Trump con láminas de plástico sobre sus paredes podridas. Años después, luego de la muerte de su hijo, Fred desheredaría a Mary y a su hermano; su tío, Robert (el de los camiones de juguete), le explicó: “Tu abuelo no quería que tú ni Fritz ni especialmente tu madre se quedaran con algo del dinero”. Cuando los hermanos amenazaron con demandar por el 20 por ciento de los bienes de su abuelo, la familia les quitó el seguro médico proporcionado por Trump Management desde que nacieron. “Mi hermano dependía de ese seguro para pagar los abrumadores gastos médicos de mi sobrino”, escribe Mary Trump. “Para ese entonces, William ya había salido del hospital, pero aún podía sufrir convulsiones que, más de una vez, lo habían llevado a un estado de paro cardiaco tan grave que no habría sobrevivido sin reanimación cardiopulmonar (RCP). Todavía necesitaba atención de enfermería las 24 horas”. La respuesta del abogado que representaba el patrimonio de Fred Trump fue que los padres de William deberían aprender RCP.

Los Trump tienen un problema con las palabras.

En una ocasión, Donald Trump, al ver a su sobrina en traje de baño, le dijo: “Estás buena”. Fred Trump le recomendó a su hijo Freddy, que sufría de alcoholismo: “Solo dale un cuarto de vuelta al carburador mental”. El consejo de Fred Trump para su esposa, que con frecuencia estaba enferma, era: “Todo está bien. ¿Verdad, Toots? Solo tienes que pensar en positivo”.

Mary Trump tiene una razón simple para escribir este libro.

“Donald, siguiendo el ejemplo de mi abuelo y con la complicidad, el silencio y la inacción de sus hermanos, destruyó a mi padre. No puedo dejar que destruya a mi país”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2020 The New York Times Company