En comunidades minoritarias, los médicos están cambiando la percepción sobre las vacunas

Gina Kolata
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Denese Rankin, a la izquierda, y su hija, Tyra Lindsey, en Castleberry, Alabama, el 17 de diciembre de 2020. (Lynsey Weatherspoon/The New York Times)
Denese Rankin, a la izquierda, y su hija, Tyra Lindsey, en Castleberry, Alabama, el 17 de diciembre de 2020. (Lynsey Weatherspoon/The New York Times)
Zanthia Wiley en Atlanta, el 18 de diciembre de 2020. (Lynsey Weatherspoon/The New York Times)
Zanthia Wiley en Atlanta, el 18 de diciembre de 2020. (Lynsey Weatherspoon/The New York Times)

Como muchos estadounidenses negros y que habitan en áreas rurales, Denese Rankin, una contadora y recepcionista retirada de 55 años que vive en Castleberry, Alabama, no quería la vacuna contra la COVID-19.

A Rankin le preocupaban los efectos secundarios (ha visto historias en redes sociales sobre personas que, por ejemplo, desarrollan parálisis de Bell después de ser vacunadas). Pensaba que las vacunas habían sido creadas con demasiada rapidez para ser seguras. Además, le preocupaba que la vacunación pudiera ser otro ejemplo en el largo historial del gobierno estadounidense de experimentación médica en las personas negras.

Entonces, un fin de semana reciente, su sobrina, una médica especialista en enfermedades infecciosas en la Universidad Emory en Atlanta, llegó a la ciudad. Zanthia Wiley dijo que una de sus metas al hacer el viaje era hablar con amigos y familiares en Alabama, para que escucharan la verdad sobre las vacunas a través de alguien que conocieran, alguien de raza negra.

En todo Estados Unidos, médicos negros y latinos como Wiley buscan acercarse a las personas de comunidades minoritarias que sospechan de las vacunas contra la COVID-19 y a menudo desconfían de los funcionarios a los que ven en televisión decirles que se vacunen. Muchos acostumbran ignorar los anuncios de servicio público y del gobierno federal, afirman los médicos.

Aunque la aceptación de la vacuna está en incremento, los estadounidenses negros y latinos (que están entre los grupos más afectados por la pandemia de coronavirus) siguen estando entre los más reacios a arremangarse. Incluso los trabajadores de salud en algunos hospitales se han rehusado a recibir la vacuna.

No obstante, las garantías de médicos negros y latinos pueden hacer una diferencia enorme, aseguran los expertos. “No quiero que seamos los que menos se beneficien”, dijo Wiley. “Deberíamos ser los primeros en la fila para recibirla”.

Muchos médicos como ella no solo exhortan a amigos y parientes a que se pongan la vacuna, sino que también publican mensajes en las redes sociales y realizan videollamadas grupales, en las que piden a las personas que compartan sus preocupaciones y les ofrecen información confiable.

“Pienso que hace una gran diferencia”, dijo Valeria Daniela Cantos Lucio, una médica especialista en enfermedades infecciosas en Emory. Ella ha realizado debates abiertos en línea y webinarios sobre el tema de la vacunación, incluyendo uno con empleados negros y latinos del personal de limpieza en la universidad.

Ella cree que la escuchan, no solo porque es latina y habla español, dijo, pero también porque es una inmigrante (su familia todavía está en Ecuador). “Culturalmente, tienen a alguien con quien pueden establecer una conexión”, dijo Cantos.

Muchas de las personas que dudan sobre aplicarse la vacuna son el punto de referencia en el tema de salud para sus familias. Por ejemplo, Rankin ayuda a cuidar a la abuela de Wiley, quien es invidente, y a su abuelo, quien no puede caminar. Además, cuida de la madre de Wiley, cuya salud es delicada. Y es madre soltera de tres niñas, incluyendo a una de 14 años que todavía vive en casa.

“Si mi tía se infectara, mi familia enfrentaría grandes problemas”, dijo Wiley.

Wiley se reunió con Rankin, su hija y su madre en la sala de su casa de ladrillo de un rancho en una calle tranquila (con distanciamiento social y cubrebocas). Wiley respondió preguntas y explicó la ciencia de la vacuna.

No, dijo ella, la vacuna no está elaborada con coronavirus vivos que podrían infectar a las personas. No, solo porque alguien se vacunó y enfermó, eso no significa que la vacuna lo enfermó.

Y sí, la vacuna fue probada en decenas de miles de personas y los datos que arrojaron fueron cuidadosamente analizados por científicos que no ganarían nada haciéndola llegar al mercado de manera prematura.

Wiley les comentó que ella misma esperaba con anticipación poderse vacunar.

Virginia Banks, una médica especialista en enfermedades infecciosas en Youngstown, Ohio, quien es una persona negra, entiende por qué la comunidad desde hace tiempo ha sentido desconfianza del grupo de poder médico.

No obstante, ha visto a demasiadas personas (y no todas ellas de edad avanzada) sufrir y fallecer en la pandemia, dijo. Y Banks se preocupa del riesgo que ella también corre al atender a los pacientes. “Siento como que estoy jugando a la ruleta rusa”, expresó.

Así que narra historias a aquellos que están indecisos sobre inocularse, como una sobre un paciente que atendió recientemente, que tenía dificultad para respirar. Él le preguntó: “¿Voy a salir vivo de esto?”. Ella le dijo que no sabía.

“Tenemos que contar estas historias” a los estadounidenses negros, dijo. “Y tiene que provenir de alguien que luzca como ellos”.

“Mis amigos y familiares dicen: ‘Incluso si el riesgo es uno en un millón, no me la pondré’”, agregó ella. «Yo les respondo: “Entiendo tu desconfianza, pero esto va más allá de Tuskegee. Esto va más allá de ‘The Immortal Life of Henrietta Lacks’. Estamos ahora en una pandemia. Tenemos que poner nuestra fe en la ciencia”».

Banks pone énfasis en el efecto dominó de las decisiones individuales: “Si no te pones esa vacuna y es segura, usaremos cubrebocas durante algún tiempo en el futuro. Si quieres que tu vida regrese, si quieres que la normalidad retorne, tienes que confiar en mensajeros fiables como yo”.

No obstante, pocos piensan que todo lo que se necesitará es una conversación o dos con un médico de confianza para convertir a los escépticos de las vacunas en creyentes.

“Cuando comenzaron a hablar sobre la posibilidad de una vacuna en abril, dije: ‘De ninguna manera’”, mencionó Phelemon Reins, de 56 años, un empleado del gobierno federal. Dudaba debido a la velocidad del desarrollo de la vacuna y sabía muy bien la historia de maltratos de las personas negras por parte del sistema médico.

“El gobierno de Trump no ha hecho nada para inspirar a la gente a que tenga confianza en cualquier cosa que salga”, agregó. “Rechazo todo lo que digan”.

No obstante, Banks, una amiga, lo ha hecho repensar su renuencia. “Al final, serán personas como ella de las que yo dependa”, dijo Reins. “Confío en ella”.

“¿Cómo convencer a la comunidad afroestadounidense?”, cuestionó. “Tal vez tendrán que tener personas que luzcan como ella”.

This article originally appeared in The New York Times.

© 2021 The New York Times Company