Cómo uno de los mejores sistemas educativos del mundo logró reducir el acoso escolar

Redacción Noticias

YULEINA BARREDO/ESPECIAL-. Los videojuegos en línea se han convertido en una de las herramientas más exitosas del programa KiVa implementado en Finlandia para frenar el acoso escolar.

El sistema educativo de Finlandia es considerado uno de los mejores del mundo. Kevin Oliver/Flickr

En ellos, los niños asumen la personalidad de avatares de dibujos animados para enfrentarse a situaciones intimidantes que son frecuentes en el día a día de las escuelas.

Los jugadores virtuales deciden qué hacer: defender al abusado o permanecer impasibles. De acuerdo a la elección así serán las consecuencias. La idea principal es que los estudiantes apoyen a las víctimas, en vez de aceptar el maltrato en silencio o alentar a los abusadores.

Los creadores de KiVa, abreviatura de “kiusaamista vastaan”, que significa “contra el acoso”, identificaron que la influencia de los espectadores es una de las claves para prevenir el ‘bullying’. Se trata de un concepto simple pero eficaz: intentar que los observadores no les rían las gracias a los agresores durante el asedio.

Cuando el abuso ocurre en el recreo o a la salida de la escuela, por lo general, los adultos no están presentes. Por eso se hace tanto hincapié en enseñar a los niños cómo reaccionar de manera edificante cuando son los únicos intermediarios en el lamentable suceso.

Pero tomar partido por los más débiles y crear lazos de empatía con las víctimas, en ocasiones, no es suficiente para frenar las acciones abusivas. A partir de esta clara comprensión del problema, el programa KiVa incorpora otras directrices no menos importantes.

A lo largo del curso, a los alumnos de 7, 10 y 13 años se les enseña de forma explícita a identificar el acoso escolar. Una vez detectado, los maestros se entrevistan con todos los involucrados: víctimas, acosadores, instigadores y observadores pasivos. Acto seguido se selecciona el momento oportuno para conversar con los padres de los acosados y los agresores.

Tras la entrevista, lo más lógico sería que el malhechor dejará a un lado sus fechorías. Pero hay lances complicados que sólo se resuelven cambiando de colegio a los implicados. Por ello, el seguimiento de cada caso es el paso final en la búsqueda de su solución definitiva.

El programa KiVa incluye también la creación de un “buzón virtual” donde tanto víctimas como espectadores pueden denunciar anónimamente los incidentes de acoso.

En los recreos escolares se designan vigilantes perfectamente visibles por sus chalecos reflectantes que advierten a todos que deben convivir en armonía durante el tiempo libre.

En la práctica se ha comprobado la eficacia de este programa nacional anti-intimidación, creado en la Universidad de Turku, Finlandia, en el 2007. Sin embargo, el Ministerio de Educación finlandés dejó de financiarlo tres años después.

Sin ningún tipo de subvención, sus creadores han comenzado a cobrar entre 50 y 400 euros anuales a los centros educacionales en función de la cantidad de alumnos. Esta es una de las razones por la que más de la mitad de las escuelas del país nórdico han rechazado su renovación.

En otras instituciones académicas ya se han implementado las herramientas contra el ‘bullying’ y por ello sus directores no consideran necesario renovarlas.

No obstante, países como España, Francia, Bélgica, Italia, Suecia y el Reino Unido están introduciendo el KiVa dentro de su rutina escolar. En Estados Unidos se encuentra en fase de evaluación.

El ‘bullying’ se ha convertido en una pandemia de este siglo: 1 de cada 10 alumnos de todo el mundo sufre de intimidación ya sea física, verbal o psicológica. Y no ocurre una sola vez, para muchos niños se convierte en una historia sin fin de hostigamientos que desemboca en depresión y ansiedad.

Ya son comunes las noticias en la prensa de adolescentes que comenten suicidio ante los pasivos espectadores de Facebook u otras redes sociales porque son incapaces de soportar la presión de los acosadores.

La trascendencia del programa KiVa puede ir mucho más allá de la lucha contra el ‘bullying’. Puede convertirse en el referente universal de una sociedad más equitativa y solidaria.