¿Cómo es que a nadie se le ha ocurrido montar este tenderete en el Congreso?

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Es extraño que a estas alturas nadie haya montado aún un tenderete de pinzas a las puertas del Congreso. Facilitaría mucho la labor de nuestras señoras y señores diputados. Al menos, les ahorraría las bolsas para vómito, que a estas alturas deben estar agotadas en los comercios de los alrededores. 

Lo digo por las nauseas que les provoca a sus señorías votar determinadas cosas. Una pinza de madera en la nariz les haría el trago menos amargo. 

A los ciudadanos no; los ciudadanos ya llevamos la pinza puesta de serie. Admito que es cómoda para sostener las gafas, al menos a los de nariz chata como yo, pero cabrea bastante, la verdad. Cabrea tener que seguir aguantando que la política haya conseguido ser más pornográfica que determinadas páginas web especializadas, a base de ir exhibiendo de manera desacomplejada que hacen lo que les da la gana con la largura de lo que tienen ahí colgado. 

 (Photo By Eduardo Parra/Europa Press via Getty Images)
(Photo By Eduardo Parra/Europa Press via Getty Images)

106.623 euros anuales durante los próximos nueve años se va a embolsar el jurista al que han votado muchos en el PSOE y en el Unidas Podemos con una pinza en la nariz. Me cuesta creer que nadie del PP le haya chirriado tener que votar al amigo de su líder -ese que le acompañó de la mano en los despachos para sacarse la carrera de Derecho en tiempo récord-. La lista de agravios de Arnaldo a la neutralidad, la ética e incluso el borde de la ley es tan extensa que casi da grima democrática escribirla. Y, a partir de ahora, ese señor va a interpretar el marco democrático sagrado de nuestro país: la Constitución. Es decir, todo lo que podemos o no podemos hacer en España, incluidas las leyes que se pueden promulgar. 

Este jueves, tras la votación, los diputados de Unidas Podemos agachaban la cabeza avergonzados, mientras desde las bancadas de PP y Vox les gritaban burlonamente "sí se puede". Los partidos gritaron "prietas las filas" y casi nadie se atrevió a romper la disciplina de voto. Hacerlo puede salirles caro a los rebeldes: no sólo una multa, sino el castigo de no volver a ir en las listas al Congreso. 

Hoy salgo a la calle no con una pinza, sino con dos. Por si acaso. 

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