Cómo diferenciar una naranja dulce de una ácida y seca cuando vas a hacer la compra

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En el año 1998, Fede Aparici, agricultor de toda la vida, decidió crear Naranjas Lola para hacer frente a una situación en la que los precios que percibía por su trabajo no eran los mejores. Con ese movimiento, se convertía en un pionero a la hora de vender las mejores naranjas valencianas por Internet. Hoy en día, sirve a "amas de casa, hoteles, restaurantes estrella Michelin" y, en resumen, a todo aquel que busque la versión de calidad de este cítrico. Aparici es una referencia y un ejemplo y uno de los que más saben de naranjas en España así que era natural acudir a él para pedir ejemplo sobre cómo elegir las mejores.

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El color de la naranja puede dar muchas pistas sobre su calidad. Foto: Getty Creative

Si usted quiere tomarlas dulces... espere hasta finales de noviembre. Aunque parezca que tira piedras contra su propio tejado, hay veces en las que Aparici no recomienda comer sus naranjas... porque aún no están en su plenitud. "Si me preguntas a principios de noviembre qué naranjas están buenas, te diré que es época de mandarinas y que comas mandarinas. Normalmente, las dulces no empiezan a aparecer hasta finales de noviembre".

El color debe ser anaranjado, casi rojizo. Aparici anima a dejar de lado las que tienen un tono verdoso o un naranja demasiado pálido. "El color anaranjado, casi rojizo, es sinónimo de calidad. De todos modos, ese tono es más indicativo en el árbol que en la frutería. Hay artimañas para darle ese color en 48 horas cuando se ha recogido verde del árbol", indica Aparici. Eso sí, trampas aparte, ese tono es una señal clara de que la naranja está en su punto.

Si son españolas, mejor que mejor. No es lo mismo tomar las naranjas de Naranjas Lola, que en unas pocas horas llegan del árbol a su destinatario, que tomar "una naranja que se pasa entre 25 y 30 días en un barco o un contenedor. Estas necesitan productos químicos para aguantar ese trasiego y lo que acaba sucediendo es que eso modifica el sabor natural de la fruta", explica Aparici.

La piel de las naranjas ha de ser fina y suave. Foto: Naranjas Lola
La piel de las naranjas ha de ser fina y suave. Foto: Naranjas Lola

La piel debe ser fina... y suave. Según explica Aparici el hecho de que la naranja tenga la piel fina es un indicador de que va a tener mucho jugo. "Si tiene una corteza demasiado gruesa, nos encontraremos con que va a tener mucha estopa, la parte blanca que recubre los gajos que, aunque tiene fibra y otras propiedades interesantes, no suele ser muy agradable de comer".

El tamaño, ni muy grande ni muy pequeño. Para este experto en naranjas, la proporción perfecta son "unos 200-250 gramos. A mayor tamaño, nos encontraremos conque tendrá más corteza que cualquier otra cosa".

Si no es redonda, ojo, también tendrá exceso de corteza. Otro rasgo distintivo de las naranjas con demasiada corteza es que estén deformadas o achatadas: "La naranja tiene que ser redonda. Si se parece a una pelota de rugby y vemos que le salen 'labios' por los extremos, mal asunto: nos encontraremos con que todo esa parte será corteza dura que no nos aportará nada".

Si la naranja está blanda, no la compre. La piel de este cítrico debe mostrar firmeza. "Si al tocarla vemos que las yemas de los dedos se hunden, eso quiere decir que esa naranja ya está pasada, vieja... Es seguro que no se va a encontrar en su mejor momento...".

Las naranjas de Naranjas Lola, directas del árbol a la mesa. Foto: Naranjas Lola
Las naranjas de Naranjas Lola, directas del árbol a la mesa. Foto: Naranjas Lola

Recordemos: ¡la naranja huele! Aunque parezca de perogrullo, muchas veces se nos olvida que las naranjas tiene mucho aroma. "O al menos lo tienen las que yo comercializo. Las que no huelen es porque tienen una cera recubriendo la cáscara para tapar todos los defectos y aumentar la vida útil. Lo que consiguen de esa forma es hacer que no huela a nada", sentencia Aparici.

Mejor no comprarlas en bolsa. Las famosas mallas son, en opinión de Aparici, el perfecto escondite para una mala naranja. "Si un árbol me da 100 naranjas, yo aprovecho en torno a unas 25-30. Sin embargo, los que comercializan naranja en malla las aprovechan todas, independientemente de que estén en su punto o no".

La división entre naranja de mesa y de zumo no tiene sentido. Aparici defiende que hay naranjas buenas y naranjas malas. La distinción entre mesa y zumo "es una tontería", en su opinión. "Lo que ocurre es que, tradicionalmente, ha sido una forma de dar salida a las naranjas de tamaño más pequeño que pueden estar buenas, pero suelen ser más incómodas de comer. Se las llama "de zumo" y así ya tienen una función", comenta Aparici. Consejo de sabio.

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