¿Cómo ayudaría un “impuesto al azúcar” a luchar contra la obesidad? Dos estudios se contradicen por completo

¿Cómo ayudaría un “impuesto al azúcar” a luchar contra la obesidad? Dos estudios se contradicen por completo

Que la obesidad es un problema grave a nivel mundial no deja lugar a duda. Según las estimaciones más recientes de la OMS, 650 millones de personas en el planeta se encuentran en rangos de obesidad. A la vista de los datos, parece claro que algo hay que hacer, y parece que una solución viable pasa por aumentar los impuestos a los productos azucarados. Pero ¿cómo podemos hacer esto?

Dos estudios recientes proponen alternativas diferentes, y ambos creen haber dado con el secreto para solucionar el problema. El primero del que vamos a hablar propone que los impuestos a las bebidas azucaradas aumente en función de su cantidad de azúcar, mientras que el segundo plantea que este tipo de políticas no sirve de nada – o de muy poco – y que lo que hay que hacer es aumentar los impuestos de los snacks – tipo chocolatinas, patatas fritas y similares – y no de las bebidas.

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Antes de entrar en los detalles, recordar algunas cuestiones básicas. La primera es que la obesidad se relaciona con problemas de salud graves, desde cardiovasculares a una mayor incidencia de cáncer. No es “gordofobia” – o fat shaming que dicen en inglés – es una cuestión de salud pública. Y lo segundo, que la obesidad se da – en la gran mayoría de casos, salvo patologías muy graves – cuando la ingesta de calorías es mayor que el consumo diario.

En este último punto es en el que se basan los estudios. Si se quiere luchar contra la obesidad, hay que limitar en consumo calórico, y desde un punto de vista de gestión de salud pública lo más sencillo es encarecer los productos que más calorías aportan. Y de entre todos ellos, las bebidas azucaradas y los snacks son los que más calorías vacías aportan, y resultan más fáciles de limitar.

En el caso de las bebidas azucaradas, ya existen en muchos lugares del mundo impuestos especiales a estas bebidas. El problema, tal y como lo plantean los investigadores en su artículo, es que este impuesto que encarece el precio se basa en el volumen de las bebidas – más grande la botella, más impuesto – y no en función de su contenido en azúcar.

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Lo que no tiene sentido, porque lo único que logra es aumentar el precio de todos los productos, y no de fomentar el consumo de los “menos malos”. Que puede parecer mala solución – mejor fomentar lo bueno que lo menos malo – pero es realista. Al final, lo que se busca es que la gente huya de las sustancias más dañinas… y una solución pasa por hacerlas más caras que las similares.

En su estudio, destaca un dato importante: hacer más caras las bebidas más azucaradas haría disminuir la obesidad en mayor medida que ponerle el mismo impuesto a todos los volúmenes. Y el ahorro en gasto sanitario también es mucho mayor.

Pero tal vez no sea la solución ideal, según plantea el segundo artículo. Aquí lo que se propone es atajar el problema desde otro ámbito: las comidas y no las bebidas. Porque es cierto que las bebidas azucaradas provocan graves problemas, pero más aún los snacks.

Incluso ponen una cifra: si se aumenta el precio en un 20%, la reducción en el consumo de este tipo de productos será muy significativa, especialmente en los casos de hogares con bajos recursos, que son los que más proclives son al consumo de este tipo de productos.

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¿Y por qué no poner en marcha ambas estrategias? Si por separado funcionan, qué no harán en conjunto. Y no sería mala idea, salvo por el hecho de que encarecería en gran medida los productos y se corre el riesgo de que las empresas de alimentación busquen alternativas que tal vez sean incluso más insalubres. Si se controla un único factor de los dos, o bien las bebidas o bien las comidas, esto se dificulta – existen menos incentivos para ello.

Lo que sí sería una solución mucho más viable, especialmente a largo plazo, sería promover el consumo de productos de alta calidad alimenticia y fomentar el ejercicio físico – aumentar el gasto calórico. Pero esto supondría una inversión por parte de las administraciones y gobiernos muy fuerte.